Por: Fabiola Calvo

Las migrantes tenemos derechos

Que importan las fronteras, de dónde vengo y para dónde voy ¿acaso olvidaste cuántos siglos me encerraron en la casa o el convento? ¿Cuántas veces recibí órdenes, o escuche decir qué tenía que hacer por considerarme un sexo inferior?

Tuve padre autoritario, hermanos controladores, marido de quien yo era su propiedad, fui y soy botín de guerra, me dijeron u ordenaron cuantos hijos tener y cuándo tener sexo, es decir, esto que hoy llaman violencia sexual, antes no lo era, estaba naturalizado, normalizado, era lo propio, lo correcto, lo moral.

Estoy aprendiendo a ser yo, a ser libre pero las costumbres, la manera de relacionarnos, con el machismo al centro, no lo permite. Hemos conquistado leyes que buscan la igualdad en derechos. Las normas avanzan pero no el pensamiento, las acciones, el sentir, no hay pedagogía, no hay presupuesto y poca voluntad institucional y social.

Sin embargo yo sigo en esta búsqueda, en este aprender de mi  autonomía (aunque un señor de derecha dijo que esto no estaba en la normativa internacional. Ignorancia en el conocimiento y desierto en el corazón) así históricamente lleve muy poco y, en el hacer voy abriendo puertas, encuentro pares y la sororidad, sí, la hermandad entre mujeres.

Años y años escuchando qué hacer, no es posible que hoy me digan que deje de parir, me den una orden sin considerar que yo decido ser madre o no, que a eso lo nombraron como los derechos reproductivos y derechos sexuales. ¿Saben cuánto nos ha costado lograrlos? Y ¿Cuánto tiempo?

En este país o del que procedo deben respetar mi decisión aunque no han preguntado de manera específica por mi situación. ¿Salí embarazada? ¿No encontré anticonceptivos? ¿No tuve con qué comprarlos? ¿No pude interrumpir mi embarazo? ¿Me violaron en la frontera o en el camino? O ¿quiero tener a mi hijo o hija? Y … “no me llames extranjero” interpretaba desde lo más profundo de su condición de extranjero en España,  Rafael Amor.

“…Ni pienses de dónde vengo/ mejor saber a dónde vamos/ a dónde nos lleva el tiempo…Y me llamas extranjero porque me trajo un camino/ porque nací en otro pueblo…/que traemos el mismo grito / el mismo cansancio viejo que viene arrastrando el hombre cuando no existían fronteras…

De acuerdo a la Cancillería “Colombia, históricamente, se ha caracterizado por una gran movilidad de población, que se registra en tres olas comprendidas en los periodos de la década de los años sesenta (mayoritariamente hacia Estados Unidos, primera ola), la década de los años ochenta (dirigido a Venezuela, segunda ola) y la década de los años noventa (en rutas hacia España, tercera ola)”.

De la migración a España se dice que mayoritariamente fueron mujeres. Sabrán quienes se quedaron en el país ¿cuáles fueron nuestras condiciones como mujeres migrantes? Alguna vez conté a una periodista que varios policías me violaron en un pueblo de Castilla de la Mancha, no tenía papeles, pero fue tanto el miedo metido en los huesos que jamás denuncié, ese miedo que ya traía porque como raspachina que fui, salí del Cauca chantajeada y amenazada por un soldado.

En otro cuerpo de mujer fui víctima de trata y con el apoyo de uno de los clientes me pude volar sin documentos, el dueño del negocio de prostitución me quitó todas las pertenencias una vez entré al sitio en Galicia.

Y siendo otra mujer, trabajé varios años sin que me pagasen mis derechos laborales; y siendo María terminé en una cárcel por llevar coca o siendo Marcela fui insultada e increpada a regresar a mi país por ser extranjera porque decían les estaba quitando un puesto de trabajo. Pero sepan que estar embarazada era una bendición, dimos alegría a una población envejecida y porque no decirlo, estábamos renovando la fuerza de trabajo. Parimos, también estudiamos y aportamos al país que nos recibió.

En la década de los setenta llegó a Colombia la preocupación desde los Estados Unidos de América por el crecimiento de la población. Control, planificación familiar, píldoras anticonceptivas y por supuesto en nuestro cuerpo, el de las mujeres. No contó nuestra decisión, ni nuestras condiciones individuales. Un avance para nuestros derechos sexuales y derechos reproductivos se convirtió en una ofensa en nuestra condición de mujeres.

Deciden por nosotras, entonces tú, mujer como yo, no me digas que deje de parir. El concepto antinatalista de Thomas Robert Malthus, otra vez no.

Y aunque hable en pasado todo sigue sucediendo en un país llamado Colombia, sí, el tuyo y el mío. Yo mujer y tú mujer. No me llames extranjera.

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