Las víctimas y la verdad de esta guerra

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Parece ser que la verdad sobre esta guerra, que empieza según mi hipótesis en 1942, se acomoda acorde a quien gobierne, parece ser que la verdad es oficial y las diferentes verdades quedan ocultas en medio de tanta maraña y tanta información descontextualizada en la que los grandes medios de comunicación han contado su versión, casi siempre al lado del poder.

¿Qué pasó en La Violencia? En la década de los cincuenta, dos partidos, Liberal y Conservador, que siguen en pie, desatan un conflicto armado interno. ¿Ya contaron su versión y han asumido su responsabilidad? Recordarán quienes pueden contarlo, aquellas barbaridades como el corte de franela, miles de asesinatos, las mujeres que salieron con sus familias a trabajar como empleadas domésticas (sirvientas) en la ciudad.

En uno de mis vínculos con la academia, los y las estudiantes entrevistaron a sus abuelas, a sus abuelos, fueron a la hemeroteca, consultaron fuentes y presentaron su trabajo periodístico. Recuerdo dos crónicas bellísimas: una de ellas relataba como a la abuela con ocho años, ante el consejo de sus vecinos (conservadores) en la vereda, y ellos tildados de liberales, amenazados por los chulavitas, la dejaron para regresar una vez se acomodaran en Bogotá, ciudad donde no tenían a nadie.

Regresaron por ella pero ya no había rastro. Nunca volvieron a verla. La niña fue la “sirvienta” de esa familia hasta que “pudo volarse”. La estudiante lloraba mientras leía, vivía con su abuela y nunca había escuchado su historia tampoco conocía de aquella violencia. Mucho celular, mucha academia, poca memoria, poca o ninguna historia. ¿De cuántas víctimas hemos hablado en este sencillo relato?

La otra estudiante dijo no tener a nadie para entrevistar. Le pedí buscara una abuela, un abuelo prestado de tal manera que, como trabajaba en semana, el domingo se fue al centro de Bogotá, se bajó en la estación de Las Aguas, bajó por la Avenida Jiménez y llegó a la carrera séptima, vio en esa esquina flores y un señor mayor sentado muy cerca. Se fijó en la plaza y recordó la clase que recién habíamos visto. Allí fue asesinado Jorge Eliécer Gaitán, el caudillo liberal de quien se supone el autor intelectual que lo mandó a matar pero nada más. Sucedió el 9 de abril de 1948. Ayyy nuestra historia, ay de nuestra memoria.

La estudiante se acercó al señor, un abuelo con quien entabló conversación y le pidió autorización para grabarle. Ese hombre contó cómo vivió el 9 de abril a los ocho años. La estudiante escribió en primera persona con tanto colorido que cuando leyó en clase, parecía que estábamos en el lugar de los hechos, en los diferentes sitios por donde pasó el niño de la mano de su padre. Vio muertos y más muertos, muertas por aquí y muertas por allá. ¿De cuántas víctimas hablamos?¿Dónde están los responsables?

Y pasó esa década que cerró con un gran pacto entre la élite que desató la violencia pero no puso los muertos, un pacto de exclusión llamado Frente Nacional y que el único espacio que dejó fue la protesta de la juventud, del campesinado, movimiento sindical, estudiantil…por la vía armada. No había espacio para la democracia. Estábamos en plena Guerra Fría y el triunfo de dos revoluciones: la china en 1949 y la cubana en 1959 y desde entonces serían los diablos que echaban fuego y así tuvieron a unos malvados que “mataban niños” como lo dijo mi profesora de quinto de primaria.

Los dos gloriosos partidos se repartirían el poder político y el Estado decidió seguir los lineamientos de Estados Unidos que en el campo internacional luchaba contra la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, el otro diablo, a quien debemos los aportes de nuestro Estado social. ¿No lo sabía? Ah, ¿pensaba que el capitalismo por si solito nos ha regalado nuestros derechos? La ignorancia es atrevida.

Estábamos frente a dos campos y el movimiento social de ese entonces y las nacientes organizaciones guerrilleras asumieron su lucha por los intereses de los pobres, los inconformes, la clase media… ¿Y saben? En el campo, en la década de los sesenta seguían asesinando y continuaban apareciendo muertos en los pueblos que llevaba o traía el río. ¿Cuántas víctimas de las que no conoceremos y nunca estarán siquiera en las estadísticas?

En la década de los setenta empieza, que se conozca, el fenómeno de las desapariciones (Omaira Montoya) hoy más de 100 mil ¿Dónde están sus manos? / ¿Por qué no tienen rostro? /Deambulan sus almas / y la oscuridad / se instaló en la niebla. Consejos de guerra (militares juzgando a civiles), torturas. Son víctimas del Estado. ¿Tendrá conocimiento de esto el actual director del Centro Nacional de Memoria Histórica, el señor Rubén Darío Acevedo Carmona? ¿Respondió el Estado por los derechos humanos de la población en Colombia? El Estado, sí, El Estado, el Estado.

Y sin llegar al momento actual en el que siguen las decenas de asesinatos de líderes sociales, recordemos: hoy 9 de abril Día de las Víctimas, el asesinato de los líderes que firmaron acuerdos con el Gobierno en 1984 y en 1990 siguen en total impunidad, pero investigaciones de organizaciones defensoras de los derechos humanos presentadas a la Jurisdicción Especial para la Paz apuntan al Ejército y la Policía. ¿Víctimas o no víctimas señor Darío Acevedo?

Ladrido del dolor/ ramas del silencio / Cuándo / verán la luz / las hojas verdes?

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