Por: Fabiola Calvo

Los acuerdos de paz de agosto de 1984

Fue en agosto, en aquel entonces el mes de los vientos, el mes de los sueños para muchos niños y pocas niñas que quisieran elevar cometas, el mes del optimismo, fue ese 23 de agosto de 1984 que el Gobierno reconoció a la guerrilla como fuerza beligerante y firmo acuerdos en Medellín, Corinto y el Hobo y, ¿seguimos firmando Acuerdos?

Somos un país que fácilmente puede caer en la amnesia, que mezcla las historias o las confunde y deja sin contexto los momentos, los hechos históricos, o quizá no sea nada de lo mencionado sino la extrema polarización que impide el reconocimiento de los que ha hecho el otro, lo que llaman otredad.

“Nosotros abogamos, luchamos, trabajamos por una apertura democrática en Colombia, y cuando decimos esto es porque en Colombia existe una deformada democracia en extinción, pisoteada, y que el pueblo colombiano quiere restituir porque ansía derechos políticos. Por esto nuestra propuesta radica en que se dé una reforma política, una reforma a la Constitución que se decida a través de la participación popular directa, es decir, a través de una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) que sea elegida por el pueblo con poder decisorio y que aborde la discusión y definición sobre los temas de reforma política, de reforma laborales, de reforma agraria, que aborde el estudio del problema fiscal y la deuda externa del país”.

“Que el derecho al sufragio universal le signifique al pueblo colombiano la posibilidad de participar en las decisiones políticas importantes, que el pueblo colombiano tenga derecho al referéndum, a presentar propuestas, a desarrollar su iniciativa porque hoy solo el gobierno y el parlamento lo pueden”.

Quizá solo algunos historiadores recuerden este discurso, esta propuesta que al país hizo Oscar William Calvo en el Museo Zea en Medellín (hoy Museo Antioquia) junto a su hermano Jairo Calvo durante la firma de los Acuerdos entre el Gobierno del Presidente Belisario Betancur, el Partido Comunista Marxista Leninista y el Ejército Popular de Liberación. Y no fue una propuesta ni comunista ni socialista, fue de corte liberal.

Hoy parece oír llover cuando se habla de apertura democrática o de referéndum, hablar de participación, de convocar y elegir una ANC. Es que aunque parezca difícil reconocerlo esta destartalada República ha tenido el aporte a costa de sus vidas (enviados a la hoguera) de muchas, de muchos colombianos.

Y mientras se firmaba en Medellín, también el Movimiento 19 de Abril firmaba en Corinto y el Hobo. De verdad que fue un generalizado entusiasmo, una infantil credulidad o posiblemente un necesario paso para lograr la dejación de armas a comienzo de los 90 y luego las múltiples y fallidas negociaciones hasta llegar a La Habana.

Siempre es bueno recordar aunque para algunas personas es mejor borrón y cuenta nueva pero siempre traigo a mi cabeza los aportes que hizo Segismund Freud y en cuyas afirmaciones estaba que no recordar es la antesala de la locura, con lo cual no es pues una simple fórmula, es que los hechos están en  nuestro inconsciente individual y colectivo y es mejor hacerlos conscientes para saber que podemos conservar y que podemos cambiar. No es tan sencillo ya lo sé, aunque sea para vivir.

Para muchos congresistas de aquel momento no cayó bien la propuesta de convocar una ANC puesto que perderían privilegios, luego se precipitaron los acontecimientos: Los líderes firmantes fueron asesinados pero Colombia logró en 1991 convocarla y acordar entre derecha, izquierda, socialdemocracia, nacionalistas…una nueva Constitución. Mucho no ha cambiado pero algo se mueve. No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. ¿Cuántos llevamos?

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