Los paraquitos de barrio

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Me sobrecogió, desde el momento mismo en que di click, el dolor y el terror de un habitante de calle cuando varios sujetos encapuchados, armados y uniformados entre sí, lo atacan con sevicia, con armas que bien podrían ser bastones, tonfas y hasta machetes.

La descripción del vídeo, que se hizo viral por redes sociales, le da al receptor mucha información engañosa, particularmente la siguiente: a) describen a los sujetos como un “grupo de encapuchados” y b) limitan el accionar a una “paliza”, que aunque bien lo es y además brutal, es solo la punta del iceberg en esta delicadísima situación.

Pero primero lo primero: en Colombia, aunque desde siempre el paramilitarismo estuvo prohibido, igual pasó. Aunque desde la Constitución del 91 se dejaba claro que el monopolio de las armas era del Estado y que solo en determinadas circunstancias se podían otorgar permisos de porte y uso a particulares, igual se formaron grupos paramilitares que desangraron a Colombia, escondidos bajo un discursito antisubversivo, y que tenía como único fin el de refundar la patria.

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Así que, 30 años después de que el fenómeno paramilitar se nos saliera de las manos, el Congreso expidió una reforma constitucional que prohibía, de manera rotunda, la conformación y apoyo de paracos y paraquitos, porque todo monstruo al nacer es un bebé y muchas veces, por eso mismo, le restamos la importancia que merece.

Volvamos al vídeo. En tan solo 19 segundos evidencié lo siguiente que: se trata de un grupo de personas, es decir, hablamos necesariamente de una organización.

También que esto va mucho más allá de reunirse y salir a ver qué encuentran por la calle: el blanco de su ataque ha sido descrito como ciudadano habitante de calle, que son sujetos que siempre han sido relacionados con características contrarias a las buenas costumbres y, por supuesto, a la gente de bien, así que no es un asunto esporádico sino premeditado.

Y finalmente, que se han preparado de manera concienzuda: uniformados con ropa negra, capuchas o cascos para evitar ser identificados, chalecos antibalas –o eso parecen-, arneses para guardar y llevar su equipo, porte de radios de comunicación y, cómo no, de insignias que exudan patriotismo barato, como los broches de la bandera de Colombia, en las mangas de las camisetas de estas personas.

No me cabe duda de que en la ciudad de Floridablanca, donde al parecer fue grabado este vídeo, se ha conformado un grupo paramilitar, o más bien, un grupo paraquito, porque todavía tenemos la capacidad de frenar a este cachorro monstruoso antes de que se transforme en el azote que fueron las Auc.

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Lo anterior sería mucho menos grave si no estuviera cierto sector político pullando constantemente para que se apruebe una norma que permita que la gente –o mejor, los ciudadanos de bien- se arme en pro de la autodefensa. El debate es constante en redes sociales, donde cada vez que un caso de hurto u homicidio se hace viral, de una vez se ponen sobre la mesa las supuestas bondades del porte de armas. Crean las condiciones y nos venden la supuesta solución.

Así que, mientras escribo todo esto, me invade un terror que veo materializar muy pronto: tampoco sirvió demasiado que el Acto Legislativo 05 de 2017 prohibiera de manera tajante y expresa el paramilitarismo, porque ya están buscando algunos la forma de promoverlo ¿Qué mejor manera de apoyar a este cáncer social, que otorgando la posibilidad de adquirir armas de fuego a estos del vídeo que, hasta el momento, están usando solamente palos y machetes? ¿Qué puede salir mal?

Mientras el habitante de calle huye despavorido, el que graba ríe socarronamente, como solo lo haría alguien que sabe que no habrá castigo alguno, por lo que solo nos queda presionar a las autoridades administrativas y judiciales para que actúen con contundencia y eviten que estos grupos paraquitos bebés se nos crezcan. Después de un proceso de paz y de someter a la guerrilla más vieja del continente mediante el diálogo, ceder este poder del Estado a cualquier persona con su propia idea de justicia es destruir la esperanza para muchos de que alguna vez viviremos sin miedo a que el conflicto nos alcance o nos vuelva a alcanzar.

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