Por: Christian Rodríguez

Los perseguidos: masacre de El Tigre (parte 1)

Esta historia comienza con la vida de Jeferson, o con la de su madre y su hermana. Esta historia comienza con la masacre en el Tigre, en Putumayo. O con el asesinato de su padre o de su tío. Esta historia comienza con la desaparición de su hermana años después, o el exilio al Ecuador, o la huida por el continente hasta Argentina. Esta historia comienza con una familia perseguida y asesinada por el estado Colombiano.

El 9 de enero de 1999, un grupo con las siglas AUC, entró en el caserío de Tigre, departamento de Putumayo. Ese día, en el pequeño parque del corregimiento al tío le descargaron una ráfaga de fúsil en la cabeza. Quedó irreconocible pero tuvo suerte, a otros les abrieron el vientre y les pusieron los genitales en la boca. Ahí, puede decirse, comenzó esta historia.

Al padre de Jeferson lo asesinaron en 1993, algunos años antes de su nacimiento. La investigación nunca avanzó en la Fiscalía, solo cinco tiros, esto es, cinco tiros anónimos. Tal vez de la guerrilla o de los paramilitares o del ejército. Cinco Tiros como cinco maldiciones desterraron a su esposa, viuda con cuatro niños, huyendo de Caquetá al Tigre, donde sucedió la masacre seis años después. Entonces acá comienza esta historia.

Aquel día de 1999, la gente recibió al ejército nacional entre júbilo y alborozo, sin saber lo que vendría en la noche. Mientras pasaba el día, la vía principal fue cortada desde Villagarzón, Putumayo, y silenciosamente los héroes de la patria abandonaron el pueblo a su suerte. Esto es, los héroes abandonando al pueblo a su suerte. Así es el comienzo de todas las masacres, también de esta, que ya es nuestra.  

Sacaron personas inocentes de sus casas, acusadas de guerrilleros. Cortaron cuellos sin pudor y fue en esa noche donde calló el tío, y el amigo del tío, y los amigos de los amigos, y también familiares de Jeferson. Durante toda la noche como en una danza macabra transcurrieron las torturas en el pequeño parque. Con el sol de la madrugada los verdugos marcharon, y tras la amenaza de volver en 24 horas, la viuda con sus hijos al hombro decidió huir, y acá comienza realmente esta historia: Jeferson huyendo con su familia.

Probaron suerte en Villagarzón, pero las cosas no salieron bien. Regresaron a Caquetá, lugar donde comenzó esta historia, al pueblo de Curillo. Allí, la hermana de Jeferson, adolescente de 14 años es acosada por los héroes aquellos que abandonaran al pueblo a su suerte. Las amenazas del ejército nacional sobre la menor son permanentes, como los hostigamientos a su casa y las acusaciones de guerrillera.

Para evitar la misma suerte del tío, de sus amigos y del caserío donde un día fueron felices, la madre desafiando a los dioses envió a su hija a otro pueblo de la zona intentando evitar el destino al parecer escrito en sangre. Pero la maldición de Tigre hubo de perseguirla hasta Solita, Caquetá.

Con el pasar del tiempo y uniendo versiones, Jeferson logró reconstruir el destino de su hermana: el ejército la ubicó y la secuestró. Luego la llevó hasta el lugar de las torturas, una casa abandonada en Solita. Por más de 48 horas estuvo retenida pero escapó disfrazada, y con ayuda de lugareños pasó los retenes de las AUC y el ejército nacional. Así llegó a La Dorada en Caldas. Después todo es oscuro, difuso, como esta historia.  

Desde el año 2000, fecha de la tragedia, o de la otra tragedia, ni Jeferson ni su madre recibieron noticias de Juri Milena Prado Murcia, solo versiones de ser perseguida sin tregua y sin descanso por el ejército nacional. Cuando la madre corrió a la Fiscalía le dijeron que, “seguramente anda en cosas de jóvenes, mi señora, en unos meses vuelve, no hay por qué preocuparse”. Por su parte, el ejército de los héroes de la patria fue más honesto: “eso les pasa por pobres y putas, por guerrilleras”. Y con el eco de estas palabras, ahora si comienza esta historia u otra tragedia, hija de las anteriores.    

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