Mandar a lavarse las manos no es suficiente, cuando ni siquiera hay agua potable

Noticias destacadas de Opinión

Por Laura Asprilla* y Lina Lucumi**

Nos estamos enfrentando a una pandemia que ha causado más de 170.000 muertes en el mundo. No hay medidas exageradas ni recomendaciones trilladas. Frente al virus SARS Cov-2 que causa la enfermedad COVID-19, parece ser que las tías se equivocaron cuando decían que soldado avisado no muere en guerra. Con tres meses de ventaja respecto a China, la pandemia cogió a Latinoamérica sin un plan de contingencia. Incluso, había gobernantes que insistían en comunicar que se trataba de una simple gripe.

La pandemia y las medidas para su contención han tenido un impacto más severo en las poblaciones con condiciones precarias en términos de infraestructura en salud, vinculación laboral y seguridad alimentaria; variables que se asemejan a las de las comunidades afrodescendientes e indígenas del pacífico colombiano. Según el Censo del DANE del 2018, “en Colombia los mayores niveles de pobreza multidimensional municipal se encuentran predominantemente en las regiones de la Orinoquía-Amazonía y Pacífica”. #SOSCovidPacifiCaribe en Twitter comienza a advertir sobre los potenciales estragos del virus en estas regiones.

Abordar la crisis del COVID-19 teniendo en cuenta el abandono histórico del pacífico colombiano no es un asunto minúsculo. El país sistemáticamente ha ignorado brotes epidémicos en el Chocó biográfico. A pesar de las alertas no hay coordinación efectiva para mitigar los efectos de la llegada del virus a la región, más allá de iniciativas civiles. Casos como el de China demostraron que la batuta la debe llevar las autoridades territoriales, gobierno nacional y especialmente local. Evitar al máximo la aparición de los primeros casos de coronavirus era sólo una de las medidas. Las vidas negras e indígenas también merecen estar preparadas para cualquier escenario. Así, considerando la débil infraestructura en salud y que aún no hay vacuna, las intervenciones que requerirán mayores esfuerzos en este momento son las no farmacológicas.

  • Es imposible que el sistema de salud se ponga al día en materia de infraestructura médica, sin embargo, urge la construcción de centros de atención que podrían realizarse en convenio con hoteles, como se ha realizado en otras ciudades, para atender pacientes con sintomatología moderada o leve. Es importante reiterar que, contrario a lo que ocurre habitualmente, será aún más difícil trasladar pacientes a ciudades principales ya que estas tendrán también una sobre demanda de servicios médicos.
  • Es necesario que se refuerce entrenamiento del personal médico general y de enfermería en el manejo de la vía aérea del paciente crítico. Igualmente, se debe asegurar que sabedores y parteras tengan toda la información disponible sobre el comportamiento, afectaciones y formas de transmisión del virus para evitar propagación y demoras en atención de pacientes en centros de salud.
  • Se debe garantizar la seguridad del personal de salud con trajes de protección adecuados, como se plantea en el Decreto 538. Previa evaluación y verificación, conviene aprovechar las iniciativas de la sociedad civil, tales como la impresión 3D de máscaras desde Escuela Robótica del Chocó. Igualmente, se sugiere  algunos acercamientos con el gobierno nacional para consultar eventuales apoyos de misiones internacionales médicas que podrían mitigar el déficit de personal en salud. Ejemplos exitosos de estas ayudas humanitarias son los doctores somalíes y cubanos en Italia, Haití y Santa Lucía.
  • Se requiere una estrategia que permita diseminar información utilizando palabras, formas e infraestructuras comunitarias de comunicación. Esto requerirá explorar desde radios locales y perifoneo, hasta convenio con influenciadores de la región para continuar con campañas de concientización y transmisión de los planes de acción. Igualmente, se deberá sensibilizar a la población sobre la importancia de mantener especial control de enfermedades crónicas tipo diabetes e hipertensión que son altamente prevalentes y en caso de descompensación, representan bajas en la disponibilidad de camas. Así mismo, informar sobre síntomas no relacionado al COVID-19 que ameritan atención médica urgente. 
  • Aumentar capacidad de atención telefónica y opciones regionales gratuitas en línea para garantizar asesoría y seguimiento 24 horas, especialmente de casos con síntomas leves. Trasladar consultas presenciales a llamadas telefónicas será tan efectivo en tanto se logre distribuir kits con termómetros y pruebas rápidas en lugares recónditos de difícil acceso, en donde los resultados de una prueba estándar podría llegar cuando la comunidad se encuentre rezando los ritos fúnebres de la última noche. Es importante aclarar que las pruebas rápidas tienen menor sensibilidad (es decir, hay un mayor porcentaje de falsos negativos), sin embargo, esta medida acompañada de adecuada información y seguimiento de síntomas puede evitar la saturación del sistema de salud. Para la población que tenga acceso a internet, fomentar el uso de CoronApp - Colombia es una estrategia de seguimiento. 
  • Contrario a la comunicación expedida por el MinSalud y MinInterior, es necesario implementar restricciones severas y drásticas para la movilidad en los territorios étnicos. Las personas oriundas de los territorios ancestrales que residen en las ciudades principales deberán abstenerse de retornar a sus lugares de origen.
  • La inseguridad alimentaria parece ser la principal razón por la cual no se atacan las medidas de distanciamiento. Es mandatorio controlar, y si es posible subsidiar, productos de la canasta familiar. Asegurar alimentación a la población requerirá convenios con cadenas de supermercados y productores locales, quienes deberán acatar las normas de sanidad en el almacenamiento y distribución.
Como lo urgente no siempre resuelve lo importante, será esta una oportunidad para reiterar que urge una intervención social, económica y de seguridad para las comunidades étnicas del país. Particularmente, enfrentar el COVID-19 requiere de voluntad, confluencia de fuerzas y recursos de líderes sociales, consejos comunitarios, secretarías de salud, alcaldías, gobernaciones y universidades regionales. Entonces, que se vuelva agenda de discusión nacional que el pacífico colombiano exige atención interdisciplinaria, no basta con mandar a la población a lavarse las manos cuando ni siquiera hay agua potable.

*Médico general, Universidad del Rosario. Estudiante de Maestría en Análisis de Datos en Salud, Universidad de Leeds, UK. lauraisa0501@gmail.com

**Contadora Pública, Universidad del Valle. Estudiante de Maestría en Desarrollo, Universidad de Sheffield, UK. linaf.lucumi@gmail.com

Comparte en redes: