Por: Camilo Álvarez

Movilizarse es poner un líder en tu lugar

Sin duda la imagen más potente del pasado 20 de julio, de los 209 años del grito de Independencia, fue cuando la bancada de la oposición al Gobierno levantó en las manos las fotografías de los líderes asesinados. Hombres y Mujeres sacrificados ante los ojos atónitos de un país que no termina de digerir un escándalo político para engullir otro. Mientras el sentido de la vida se debate entre la indiferencia y la resignación. 

La campaña #UnLíderEnMiLugar y la convocatoria #ElGritoPorLosLíderesSociales del 26 de julio es una manifestación ciudadana pero también es darle nombre y apellido a lo que está sucediendo. El importante seguimiento y denuncia de las cifras en aumento y la aproximación a las dimensiones humanas de cada ausente o amenazado, nos da una idea del problema por extensión y por intención que tenemos.

Estos 38 congresistas de la República de la bancada de oposición que se manifestaron con fotos de las y los líderes sacrificados son la representación en el legislativo de millones de personas. Pero queda una sensación de impotencia, si ellas y ellos que nos representan a millones siendo senadores y representante tienen que apelar a una protesta simbólica ¿Qué será de los demás simples mortales?

 ¿Han debilitado tanto el Estado colombiano para que ese sea el alcance de ese poder legítimo? ¿Es tan limitado el ejercicio de la oposición para exigir justicia con camisetas y fotografías? ¿El alcance de ese poder de la oposición es tan limitado para ser vapuleado por la “jugadita” de Ernesto Macías de intentar no darles la palabra y luego sabotear la réplica? Parece que los acorralados fuéramos los ciudadanos y no los corruptos y victimarios. El acto es una denuncia, pero también un llamado de emergencia.

El segundo año del desgobierno Duque nos reta a avanzar un poco más allá de la reacción indignada y solidaria. Si no hacemos algo vendrán más balbuceos y las cifras que no cree ni el DANE. Un gobierno que se ufana de ser elegido para hacer trizas la paz, para la contrarreforma, para devolvernos a la guerra, vive del retorno de la muerte a las primeras planas. Hay que asumirlo así para no ser ilusos y no añorar soluciones de quien vive de problemas.

Los victimarios de ayer y de hoy se sienten envalentonados con el regreso en cuerpo ajeno de Uribe a Palacio. Se siente desatada parte de la fuerza pública influenciada y en nómina de la corrupción y la mafia; se siente desatada parte de la Fiscalía en borrar toda posibilidad de investigación seria, se sienten desatadas las mafias y poderes locales en las disputas territoriales en las regiones, se sienten desatadas las mafias en las ciudades, desmembrando personas, desapareciendo gente, se sienten envalentonados los corruptos pagándose lo que se robaron antes. Para el uribismo la guerra es su estado natural, porque es de donde más roba y acumula.

En el tercer país más impune, nunca se debatió tanto sobre la justicia en tan poco tiempo, no hay referencia de un intento tan feroz de debilitar las instituciones y llevarnos a una restauración conservadora, fanática de oscuridad.

Y tal vez el llamado es porque se nos olvida nuestra propia fuerza. Tal vez la bancada de oposición le estaba hablando más al país, a la ciudadanía movilizada, que a un gobierno sordo que usurpa las instituciones democráticas y que nos aleja de la política y del estado para mantenerse en el poder.

El uribismo hace anti-política, crea inestabilidad para cautivar votos de miedo y neutraliza la acción ciudadana recortando roles y funciones públicas. Nos venden impunidad para crearnos resignación, nos venden negligencia para crearnos impotencia, destruyen avances y resultados para generarnos indiferencia y desesperanza. 

El poder es una sombra, mientras más lejos y abajo, más grande se ve. La dignidad que está despertando le habló directamente a la sombra, se expresó con sus votos, opinión y movilización, eso nos hizo recortar distancia y verlos en su dimensión real: usurpadores, despojadores, mentirosos, ladrones y violentos.

Al sentirse desnudos se juntaron en sus culpas, se aliaron vendiendo su historia, sus partidos. Reunieron su dinero, sus maquinarias, sus mafias para regresar al poder. Dijeron en campaña que iban a hacer eco de la voz popular anticorrupción y al llegar empezaron a cobrar sus favores y atacar el estado social de derecho. Han intentado tergiversar la opinión, dormir la movilización, neutralizar la oposición y eliminar a quien se oponga.

El llamado de #DefendamosLaPaz por los líderes sociales al que acudiremos no es solo solidaridad y denuncia, es ante todo reactivar la dignidad colectiva de ese despertar y asumir que el Estado está en disputa.

Una dignidad movilizada que acompañe la bancada en el legislativo, que presione el sentido ético del poder judicial, que exija la verdad e investigación a la Fiscalía, que defienda los territorios y la paz, que asuma la defensa de la Constitución del 91 y los acuerdos de las movilizaciones y de fin del conflicto.

Esa sombra no resiste la fuerza de la luz ciudadana movilizada, movilizarnos es el mejor homenaje que se puede hacer a los hombres y mujeres, líderes de causas y derechos en los que todas y todos estamos reflejados. El 26 en las calles habrá un líder en mi lugar.

 

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Movilizarse es poner un líder en tu lugar

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