Por: Sebastián Pacheco Jiménez

Narrativas, memorias y mentiras

Bienvenidas las memorias, pero tienen un límite. La memoria histórica ha adquirido un valor relevante en Colombia a partir del último quinquenio, por cuanto se ha planteado como una herramienta para la incorporación de improntas y relatos de las víctimas en el marco del conflicto armado interno.

La comparecencia ante la Justicia Especial de Paz de varias víctimas del conflicto, para entregar sus testimonios y relatos orales sobre los vejámenes que sufrieron a manos de sus victimarios; suscita la necesidad de hacer una aclaración sobre las bondades y limitaciones de este tipo de fuentes, sus usos e implicaciones en el marco del Sistema integral de Verdad, Justicia, Reparación y no Repetición.

La memoria, que ciertamente es ambigua, privilegia en su actuar las improntas, impresiones y relatos de quien la vive y la relata, por lo tanto, tiene como valor primordial la subjetividad y lo individual. No siempre sus cualidades están dadas en el marco de la verdad absoluta u oficial sino que se circunscribe a la configuración de múltiples realidades. Por ello, un hecho que se haya desarrollado en un mismo marco territorial y temporal puede tener diversas interpretaciones o implicaciones, según quien la viva u observe.

Este tipo de herramientas deben ser preferentes para la construcción de las memorias de las víctimas, quienes han sido constituidas como elemento central en todo este proceso, por lo cual es un imperativo que sean escuchados los relatos y vivencias de quienes soportaron, de forma directa o indirecta, las presiones de los grupos armados ilegales.

Sin embargo, tiene limitaciones ya que no se pueden tomar sus testimonios como fuente de una verdad irrefutable, en la medida que la oralidad y el carácter individual de quien la refiere hace que el relato no sea necesariamente cierto o preciso, sino que se rige en el plano de lo subjetivo.

Por ello, aunque se requieran las memorias de las víctimas del conflicto y estas merezcan ser leídas y escuchadas, no significa per se que sean una fuente para instancias judiciales o para organismos que busquen establecer un relato objetivo y reglado sobre lo que paso en el conflicto.

Adquiere importancia señalar esto, en la medida que en la última década se han desarrollados múltiples trabajos memoriales, no históricos y en algunos casos se han combinado métodos tradicionales de investigación, una especie de productos híbridos, que no distinguen con claridad las fuentes tradicionales o corroborables de las memoriales.

Por ello es que la JEP para la construcción de sus macrocontextos, debe tomar y analizar con certeza la diferencia entre estos relatos, los que se han construido y redactado con base en métodos y metodologías, regladas por las ciencias humanas,  que privilegian la evidencia fáctica, la corroboración y la crítica, como cualidades inexorables de investigación y que sirven en la construcción de marcos contextuales e historiográficos fiables que actúen como insumo para la toma de decisiones y la construcción de narrativas.

Por su parte, los trabajos memoriales deben ser abordados reconociendo sus limitaciones, sabiendo que su función primordial es la de conmemorar, reflexionar y reivindicar a las víctimas del conflicto, pero no pueden ser tomados como única fuente, totalmente fiable e irrefutable, entre otras, porque no permite la corroboración y la crítica.

Esto se complejiza más, al tener en cuenta que en la actualidad existen cientos de libros y publicaciones que señalan acusan y totalizan la verdad sin mediar evidencias, fuentes o pruebas pertinentes, por lo cual, el concepto publico depende en gran medida de narrativas impuestas por titulares de prensa que no logran ser lo suficientemente confiables por falta de evidencias o sustento fáctico. Todo se puede escribir, pero no todo conviene. 

Así entonces, no cualquier informe, ni cualquier publicación debe ser tenida en cuenta por la Justicia Especial, en este proceso de transición y de construcción de verdades, la formulación de la narrativa estará mediada por la selección de las fuentes y relatos. Por ello, los archivos, las bases de datos y la indexación bibliográfica terminaran condicionando el tipo de verdad o verdades de lo ocurrido.

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