Por: José Antequera

No más rumores sobre el Centro Nacional de Memoria Histórica

A propósito de la circulación de rumores sobre los posibles nombramientos de personas como Mario Pacheco o Fernando Vargas Quemba en la dirección del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), resulta fundamental retomar la exigencia que hemos venido haciendo por varios años sobre la necesidad de que Colombia cuente con una política pública de memoria de Estado, que no trate esta cuestión como si se tratara de un botín que se disputa en las elecciones.

Emulando lecciones de muchos países, hemos avanzado en Colombia con instituciones como el CNMH, pero también con el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de Bogotá, la Casa Museo de Memoria de Medellín, con iniciativas autónomas e independientes que se agrupan en la gran Red de Lugares de Memoria, con presupuestos en algunos municipios y departamentos para estos temas, y con lineamientos incluso desde el Ministerio de Cultura. No obstante, la no consolidación de una política pública para que este esfuerzo no tambalee según los cambios de gobierno ha producido escollos en muchos de estos proyectos y en su relación aún no clarificada con las iniciativas independientes. Ahora, además, esa falta de claridad da lugar a increíbles amenazas de que el CNMH se convertirá en un burdo aparato de propaganda a favor de las versiones que defienden los partidos de gobierno con recursos públicos que pueden ascender a 40 mil millones de pesos anuales.

Las políticas de la memoria no implican manipular la comprensión que hoy tenemos acerca de que la memoria histórica es un campo en disputa. Por el contrario, parten precisamente del reconocimiento del carácter político de los relatos que aprendimos nosotros y que terminarán aprendiendo nuestros hijos sobre lo que hemos vivido, y de la decisión de que éstos, en vez de construirse al antojo de “vencedores”, se construyan con el mayor apego a las evidencias pero con el respeto absoluto por la pluralidad, manteniéndolos cerrados a las mentiras pero abiertos a la discusión y a su interpretación. Ello con el objetivo de que, más allá de recordar o conmovernos, seamos capaces de movilizar siempre nuestro pensamiento y nuestra acción en función de una verdadera no repetición cimentada en el respeto y garantía efectiva de los derechos humanos.

En vez de estar enredados en rumores sobre postulaciones que no cumplen con los requisitos de idoneidad para el cargo del director del Centro Nacional de Memoria Histórica, necesitamos avanzar hacia la superación de las limitaciones con que ha venido avanzado en la dirección correcta. Necesitamos hablar de mayor participación en las decisiones de ésta institución. Hablar del futuro de la misma considerando la existencia de la Comisión de la Verdad; del avance del Museo Nacional de la Memoria al que todavía no le vemos construcción y que se dijo que empezaría en octubre de 2018; de la recuperación de lugares que están regados en todo el país donde se han cometido torturas y asesinatos y que pueden ser dispuestos ahora a la educación y la cultura.

No queremos ver al partido de gobierno frotándose las manos para reescribir trabajos rigurosos que se han realizado. Necesitamos ver un mayor respaldo a la Comisión de la Verdad, y una mayor proyección del CNMH en labores que se reconfiguran a partir del Acuerdo de Paz, vinculadas con la divulgación, la pedagogía y la animación del pensamiento crítico con base en la reflexión sobre la violencia y el conflicto.

 

 

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