Paro nacional: así avanzan las marchas en Bogotá

hace 12 horas
Por: Leyner Palacios

No permitan que nos maten

Nosotros también conocimos la angustia y el terror, también vimos los cuerpos calcinados, también sentimos la zozobra de los disparos y el miedo horroroso después del silencio cuando caen las bombas. Nosotros supimos lo que están viviendo nuestros hermanos indígenas del Cauca en estos momentos de dolor, ahora que grupos vinculados al narcotráfico acaban de cometer dos masacres en menos de 48 horas. Lo que está sucediendo en Tacueyó y Corinto me ha revivido imágenes que creía superadas. Este mes precisamente la comunidad de Bojayá está ad-portas de recibir los restos de las víctimas de la masacre del 2 de mayo para darles una sepultura digna después de 17 años y así poder iniciar nuestro duelo, con todo lo que implica recibir estos cuerpos, y luego enterrarlos, y luego llorarlos pensando, sufriendo, recordando lo que nos pasó. Lo que nos pasó es lo que sigue pasando en el Cauca esta semana y en Jamundí hace un mes y en el Bajo Cauca antioqueño hace un año, y en el río San Juan y en Tumaco y en el Catatumbo.

Hoy el Cauca es el epicentro de la guerra, aunque esta misma semana han asesinado a dos indígenas en Sibundoy, Putumayo, uno de ellos era médico tradicional, y a un líder de la comunidad embera eyavida de Chigorodó, Antioquia. Es un exterminio contra los pueblos originarios. El proceso de paz, que nos había dado una ilusión para esquivar a la muerte, resultó ser nada más que eso: una ilusión. A las víctimas del conflicto armado nos duele que otros colombianos tengan que pasar por esta situación que hoy más que nunca tiene un responsable principal: el Estado que no es capaz de brindar y cumplir con su deber de protección a las comunidades.

Esto es el último reflejo de los intereses que se juegan sobre nuestros territorios. El Estado hace la vista gorda, mientras los grupos armados atropellan a la población civil como quieren y cuando quieren, poniendo en evidencia que hay un exterminio a los pueblos étnicos, afros e indígenas, y un desinterés total por darle cumplimiento a los acuerdos de La Habana, concretamente al capítulo étnico que compromete a la institucionalidad a fortalecer la guardia indígena y la guardia cimarrona, los instrumentos que podrían proteger a nuestras comunidades.

Además, el Estado se comprometió a desmantelar las bandas sucesoras del paramilitarismo, algo que tampoco se ha cumplido. Se mandan más militares que sólo agravan la situación y en algunos casos son las propias fuerzas militares quienes están aliadas con los grupos ilegales. Hay una falta de voluntad política que nos llena de rabia, de impotencia e indignación, pero también de valor como sociedad civil para seguirle apostando a la paz.

Por eso ante tanta inoperancia, ante tanta inmovilidad oficial, ante tanta incapacidad de actuar, hacemos un llamado a las víctimas y a la sociedad colombiana: no dejen ustedes que nos sigan masacrando, debe ser la sociedad en su conjunto la que se movilice y grite un no contundente a la violencia. Es Colombia la que tiene que detener este genocidio. Este gobierno nos dice con sus actitudes y su desprecio que los indios, los negros, los campesinos somos desechables, no importamos, nuestros derechos no valen, no somos ciudadanos iguales.

Desde la Comisión Interétnica de la Verdad, como iniciativa de construcción de paz desde los territorios del Pacífico, llamamos a toda la sociedad colombiana a movilizarse en contra de la reactivación del conflicto armado: la guerra le sirve a los que hacen negocios sin poner los muertos. Hoy le pedimos a la sociedad colombiana que no permitan que nos maten. Tenemos que parar esta barbarie.

*Secretario general de la Comisión Interétnica de la Verdad del Pacífico

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