Por: Fabiola Calvo

No transmita óxido

Un refrán, dicho, adagio es una expresión de la cultura popular, pero no siempre de la sabiduría. Aunque sí dejan una moraleja que tiene que ver con el entorno en el cual se vive, cómo se piensa y se siente, que se han transmitido de padres a hijos e hijas y que bien vale la pena reflexionar sobre algunos.

“India patirrajada o “negro que no la hace a la entrada la hace a la salida” son racistas y excluyentes, que evidencian la no aceptación de etnias o culturas diferentes, de nuestras culturas ancestrales. “Sangre de tu sangre”.

“El mico aprende a bailar dándole palo”, “la letra con sangre entra”, afirman los conceptos de la vieja escuela para la enseñanza-aprendizaje, lejos de la paciencia, la ternura y el amor para con niños y niñas. En muchos lugares que escapan a nuestros ojos se sigue aplicando. ¿Por qué nuestra infancia es víctima de tanta violencia?

“Loro viejo no aprende hablar”. Y la gente lo repite con el convencimiento que en la vejez no es posible obtener nuevos conocimientos y en consecuencia poco o ninguno puede ser su porte, por lo tanto, ¿para que invertir en ellos, en su bienestar? ¿cuál es el cuidado del Estado y los gobiernos para nuestros mayores? ¿estarán cayendo las familias en esa práctica europea de abandonarles?

Qué decir de nuestras vivencias como país con un largo conflicto armado que arrastra sus orígenes muy adentro de la historia plasmadas en “matemos dos pájaros de un solo tiro”, “los pájaros tirándole a las escopetas”, “Le salió el tiro por la culata”, “este, donde pone el ojo, pone la bala” o “el que a hierro mata a hierro muere”.

Incluimos en el hablar, en nuestro día a día las armas, la violencia y la manera de construirnos, de resolver nuestra cotidianidad. Muy importante los Acuerdos de Paz, pero sin voluntad ni inversión en procesos para cambios culturales serán letra muerta. “El papel puede con todo”. Claro que también hay intereses guerreristas. ¿A quién se lo pregunto?

La cotidianidad no se aleja de la forma de hacer política, la alta política que define nuestras vidas y que con la práctica de quienes la ejercen, reproducen y refuerzan lo que a muchos ojos deben cambiar. “Quien parte y reparte, siempre se queda con la mejor parte” o “hecha la ley, hecha la trampa”.

Y, por supuesto, las mujeres no escapamos a esta recopilación de tanto amor. “Porque te quiero te aporrio”, dulzura que no puede publicarse a los cuatro vientos, así que “los trapos sucios se lavan en casa”. Menos mal que ya una tercera persona puede denunciar, existe en Colombia la Ley 1257 de 2008.

Y si estamos en el espacio público nos convertimos en “peligro, mujer al volante”, “mujeres juntas ni difuntas”. Si debo aclarar que cuando nos hemos juntado hemos conquistado los derechos (así falten muchos) que hoy disfrutamos, hasta las de la derecha que despotrican del feminismo.

Las palabras se construyen y se cargan de sentido, se convierten en acción y por ello vale la pena revisar nuestro refranero, la construcción del discurso porque “no hay peor ciego que el que no quiere ver” , “ni peor sordo que el que no quiere oír”.

Diferentes organizaciones de mujeres en el mundo trabajan (y trabajamos) para revolucionar la palabra, para llenar de contenido algunas y darle el sentido que le corresponde a otras, incluir, nombrar desde el respeto y la dignidad. “Cuando uno no sabe para dónde va cualquier bus le sirve”.

Seguirá siendo un trabajo largo y difícil que contribuye con cambios de estructuras mentales y sentimientos hostiles. No digo más sobre refranes porque “uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice”, pero si les recomiendo las cartillas publicadas por http://www.redperiodistasgenero.org/cartillas-online/

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