Fuerzas Pública II: “Acaben con los militares”

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Por Juan Sebastián Pacheco*

Esta lapidaria frase la escuché recientemente en un espacio privado de discusión, donde un importante grupo de personas manifestaron con vehemencia y tenacidad su indignación sobre los recientes escándalos que han protagonizado algunos policías y militares en Colombia. Su consigna fue clara y fría, los militares son criminales y deben desaparecer. Aquí algunos puntos para alimentar la discusión:

° Es de la mayor importancia el poder despolitizar este asunto, el aumento de la polarización en el país no puede, o por lo menos no debe, trasladarse al ámbito de la seguridad y la defensa, ya que es un asunto tan importante que su tratamiento debe darse desde una perspectiva técnica. Al final, como se ha evidenciado en varias ocasiones, la Fuerza Pública actúa en defensa de los intereses de la Nación subordinada al poder ejecutivo, sin distingo de su origen o tendencia partidista.

° Es necesario salir del eufemismo con el cual han querido señalar que los militares y policías son de derecha. Además de reduccionista, es un camino que conduce a insanas argumentaciones ya que, Mcartizar en una u otra dirección a un conjunto de instituciones que pueden reunir a más de quinientos mil uniformados en servicio activo y que desde una perspectiva amplia (al considerar a la reserva y el ámbito familiar) pueden sumar millones de personas, es tratar de simplificar a un extenso grupo en una unidad ideológica como un hecho consumado e indivisible. Este tipo de reducciones solo conducen a promover odios y disputas innecesarias.

° La seguridad y la defensa en Colombia no son asuntos de poca monta. Los retos estratégicos que se plantean en el orden interno y externo son inmensos y van desde la confrontación de los tradicionales grupos armados ilegales hasta la contención de nuevas estructuras armadas, pasando por la atención de posibles problemas geopolíticos que encuentran en la frontera colombo-venezolana un punto de tensión y latente disputa.

° Pese a los titulares y los enardecidos comentarios de los mesías políticos, hablar de la paz en Colombia en muchos sentidos y regiones puede ser tan solo un titular de prensa, ya que la violencia en lugares como el Cauca, Catatumbo, Chocó, La Guajira, Nariño o la mayor parte de nuestras zonas fronterizas, la acción armada ilegal no se ha ido ni un solo día. Pese a que en Bogotá se hable de forma rimbombante sobre un contexto de paz, en los territorios se presenta como una forma elegante de diluir una realidad que se oculta tras la coerción armada de los fusiles.

° El gran número de nuevos “ejércitos”, disidencias y narcotraficantes que se han configurado recientemente ha conducido a que la cantidad de combatientes operando en clandestinidad se asemeje al número de hombres en armas previa al acuerdo con las FARC, lo cual aleja todo argumento que estamos en un país en paz y que el Ejército es inoperante. Por desgracia la necesidad de la acción operacional está más vigente que nunca.

° Si bien los indicadores generales de seguridad han venido mejorando desde hace varios meses atrás, la realidad señala que están lejos de ser tranquilizadores, por el contrario, la degradación en la seguridad ciudadana, tanto urbana como rural, indican la necesaria presencia de la seguridad policial.

° En la actualidad hay varias estructuras que están dedicadas al evitar problemas del narcotráfico, la minería ilegal, el secuestro extorsivo, el control territorial, el boleteo, control de redes de comercio urbano, combos, vacunas a sectores productivos y demás actividades criminales que dejan como secuela a cientos de nuevas víctimas, personas asesinadas, nuevos frentes de reclutamiento y en general un panorama de reciclaje de las violencias.

° El orden natural de las democracias occidentales contemporáneas está en que las naciones organizan Estados y estos necesitan de instituciones para su natural desarrollo, entre ellas, las que refieren al uso legal de las armas como medios necesarios para su funcionamiento, esto es una realidad que se manifiesta como un axioma, la Fuerza Pública es un componente ineludible en la acción y la configuración del Estado llegando incluso a ser la cara mas visible de su accionar.

° El alarmante incremento en los cultivos de uso ilícito que viene experimentando el país desde el gobierno anterior, y que ha registrado cifras históricas, está siendo una vez más argumento y combustible para avivar las violencias ya que: más narcotráfico es igual a más hombres en armas y por consiguiente más personas en riesgo de caer en la trampa de la guerra.

° Por obvio que parezca es claro que las instituciones no son perfectas por cuanto están conducidas y compuestas por seres humanos. Desde esa perspectiva, las Fuerzas Armadas requieren de mejoras continuas de sus medios y canales de acción y procedimiento. Los más recientes incidentes por parte de algunos de sus miembros, deben ser argumento cierto para continuar promoviendo cambios en los manuales, con el fin de llevar el impacto de sus acciones a su menor expresión. En últimas, lo que no cambia está condenado a fracasar y estas instituciones siempre han dado gestos de tener capacidad de adaptación y mejora continua.

° Es necesario de que las Fuerzas Armadas sepan interpretar los tiempos en los cuales se desenvuelven. Por ello, los esfuerzos en continuar modernizando sus protocolos para tener una acción totalmente acorde a los Derechos Humanos y al Derecho Internacional Humanitario se vuelve un imperativo. Hoy en día la eficacia no solo se mide en asertividad operacional sino en asertividad más un manejo impecable de las normas que describen y regulan los conflictos.

° En la misma dirección, es necesario dar un viraje en las formas convencionales en la que se enfrentan algunos fenómenos criminales. Hoy estas instituciones deben modernizar sus protocolos y capacidad instalada, acompañado del uso de tecnologías acordes a su tiempo y que se correspondan con su contexto.

Poseo plena certeza sobre la necesidad de unas Fuerzas Militares que operen con asertividad, ya que, de no ser así, solo nos quedaría ver el asomo del caos y eso el país ya lo vivió en las décadas de los ochentas y noventas. Por supuesto, el cambio siempre debe ser una variable a considerar y esto no excluye al sector defensa, sin embargo, las aristas del debate no deben girar en torno a sí acabamos o no con los militares, por el contrario, debe gravitar en torno a ¿cómo hacemos que las Fuerzas Milintares colombianas sean mejores para enfrentar la grave situación de seguridad que se avizora?

*jspachecoj@hotmail.com

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