Por: Fabiola Calvo

Que retumben las voces del silencio

Nuevo hito en la historia de Colombia: un paro masivo que supera la semana, un cacerolazo que desde la intimidad del hogar apoyó el grito de la calle, la cultura volcada en las calles y, sin presencia real y discursiva de la lucha armada, hechos que sobrepasaron la respuesta del gobierno, a los partidos y dirigentes políticos de este país llamado Colombia.

Tantos años de silencio por el bipartidismo, por la guerra, la represión, narcotráfico, corrupción, impunidad, Estatuto de Seguridad, Seguridad Democrática, desapariciones, torturas, asesinatos, violaciones, falta de libertad de expresión, impuestos, robo de la tierra…ha sido un cúmulo de carencias y dolores que tanto ruedas el cántaro hasta que por fin se rompe.

Se rompió el miedo, el silencio con una expresión de madurez del movimiento social, el que también ha pasado por muchas experiencias algunas contadas y otras no, pero la memoria no sólo está en los libros y en la transmisión de padres a hijos o de una generación a otra, está en ese sentir de lo que ha pasado y que posiblemente no nos han contado.

Quizá a muchos jóvenes no les han contado la historia de Colombia (porque quitaron la asignatura y hoy quieren desaparecer la memoria) pero ese silencio también cuenta y las experiencias quedan y de una u otra manera se transmiten. Ya no es la juventud de los años 60 y 70 apostando a un cambio desde la violencia frente a una brutal violencia estatal, no es el miedo de los 90 con los paramilitares en todos los campos de la vida nacional, no son grupos aislados buscando respuestas.

Es la suma de organizaciones, estudiantes, profesores, pueblos indígenas, afro, hombres y mujeres de aquí y allá que dijeron basta pero que no cuentan con una cohesión y una articulación. El paro fue convocado para el 21 de noviembre y fue el detonante. Es sabido que el Comité de Paro no representa a esos miles de marchantes en las calles, con quienes el Estado y el gobierno están obligados a dialogar o conversar, pero sí representan a varios sectores representativos.

Sin embargo no se trata solo de conversar (¿acaso la palabra diálogo nacional sonó a acuerdos de 1984?) con los múltiples y variados sectores que hoy gritaron unidos y más alto para ser escuchados, es necesario, es urgente que hayan respuestas desde la concertación porque de diálogo de sordos ya tenemos conocimiento, al igual que de acuerdos incumplidos y si no pregunten al actual gobierno por los Acuerdos de La Habana, Pacto de Estado ante los ojos del mundo.

El pueblo colombiano no tiene la palabra en esta democracia representativa que no representa el clamor de esa inmensa protesta, ni da la posibilidad de decir chao presidente. La Asamblea Nacional Constituyente no lo consideró pero no quiere decir que hagamos otra sin ni siquiera cumplir la Constitución liberal que hoy tenemos, gracias a la incapacidad de los gobernantes y de la otrora izquierda que poco a poco se sumerge en los vicios de los partidos tradicionales.

El pueblo abandonó la disciplina del terror de la violencia y hoy no ruega, no pide, exige negociar, está cansado de una oligarquía que no alcanzó a ser burguesía, y que gobierna para sí y desde luego para sus propios intereses.

Decía el sociólogo español Jesús Ibáñez que durante la transición a la democracia en España se dio “el desencanto programado”, de Colombia podríamos decir que durante años y años hemos tenido el miedo programado, y me temo que durante estos días se está desinstalando.

Hubo mucha gente que no marchó el 21 de noviembre porque no pudo o le dio miedo pero en la noche desde sus hogares, abrieron la ventana de la indignación y la esperanza y durante dos horas hicieron sonar sus trastos de cocina en todo el país. Fue un grito para romper el silencio que estremeció y que no sé si desde la casa de gobierno, el Palacio de Nariño se escuchó pero seguro que la televisión les informó.

Estamos entonces frente a dos escenarios: el poder económico y político con un partido de gobierno dividido y una élite política que no ha respondido a las necesidades del país y otro, un pueblo diverso que exige ser escuchado y que necesita negociar pero que necesita dar el voto y la confianza a quienes vayan a hacerlo.

Y justo porque somos un país diverso es que es preciso negociar con sectores y por territorios pero que estos no pierdan la oportunidad de articularse porque ya es mucho lo prometido y firmado y de lo cumplido ya sabemos.

¡Que retumben/que retumben/ que retumben las voces del silencio! Porque de verde sembraron la esperanza.

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