Por: Kenneth Burbano Villamarín

Queremos la defensa de la vida humana y la paz

En el pensamiento del caudillo Jorge Eliecer Gaitán había una verdadera concepción liberal entendida como la defensa de los derechos y libertades cuya salvaguarda reclamaba en forma vehemente para los sectores populares. Quedó aprendido que tener un derecho conlleva titularidad, es una exigencia sin discriminación alguna, por tanto, no es el otorgamiento de beneficios por parte de los gobernantes de turno para sus copartidarios y correligionarios. Cada 9 de abril se evoca la vida y el legado de Gaitán, su lúcido pensamiento transformó la nación y su muerte vitalizó la representación del pueblo. Lamentablemente, en nuestro suelo patrio lo que se mantiene indeclinable en el diario acontecer es la muerte, la persecución, la exclusión, la época de la violencia partidista no ha pasado, se ha transformado.  

“Impedid, Señor, la violencia. Queremos la defensa de la vida humana, que es lo que puede pedir un pueblo” esta y otras celebres exclamación del caudillo se silenciaron con balas y mediante idénticos procedimientos se han acallado las voces y segado la vida de otros dirigentes liberales, conservadores y de izquierda. Hoy, cientos los lideres sociales, campesinos e indígenas, reclamantes de tierras, excombatientes de las FARC, han sido asesinados, paradójicamente con mayor intensidad luego del Acuerdo Final de Paz.

Las investigaciones no avanzan ni arrojan resultados satisfactorios, aunque presentan algunas constantes; respecto a los dirigentes políticos, se reabren las indagaciones, se acude a la declaratoria de delitos de lesa humanidad, al parecer más por el apremio del vencimiento de términos que por otras consideraciones. Para los lideres sociales y comunitarios se trata de encontrar “justificaciones” mediante su vinculación con actividades ilícitas o problemas personales, además, se niega que esos homicidios sean selectivos y sistemáticos.

El gaitanismo fue uno de los mejores referentes de movilización social y política, de la protesta y la expresión ciudadana en cabeza de sectores excluidos en la toma de decisiones. Bajo el actual contexto histórico, los problemas y la manera de abordarlos se mantienen; la redistribución de la tierra y su titularidad, el abandono y la pobreza de las comunidades rurales, los cinturones de miseria en las ciudades, el conflicto armado generalizado, el desplazamiento forzado, la delincuencia y las promesas incumplidas de los gobiernos son una constante.

Ahí está La Minga de los indígenas, campesinos y afros en el Cauca, donde ha primado la terquedad y la demostración de la coactividad del poder político, queriendo acallar las voces de los reclamantes mediante el empleo de la fuerza como se pide con ahínco por algunos sectores políticos. Para qué deslegitimar los movimientos sociales con las acusaciones de siempre, si la protesta es un derecho fundamental y la única salida ajustada al Estado social de derecho es la negociación y no el empleo de las armas.

Demorarse en llegar a la mesa para dialogar o intentar acercamientos con inamovibles no es razonable. Desde luego bienvenidos los acuerdos para despejar las vías, sin embargo, lo real son los graves perjuicios económicos, la pérdida de vidas y el escalamiento del conflicto social; a propósito, decía Gaitán encabezando una marcha silenciosa el 7 de febrero de 1948 “Señor Presidente: En esta ocasión no os reclamamos tesis económicas o políticas. Apenas os pedimos que nuestra patria no transite por caminos que nos avergüencen ante propios y extraños. Os pedimos hechos de paz y de civilización”.  

Volver a las tesis de Gaitán conduce a distinguir entre el país nacional, al que le interesa resolver los problemas de vivienda, salud, empleo, educación; y, el país político, al que le obsesiona la mecánica electoral, el reparto de la burocracia, las altas posiciones y gobernar para su beneficio. Para el exrector de la Universidad Libre, el paludismo no es liberal ni conservador, el pan y el techo son necesidades comunes y la pobreza afecta a todos. El “Negro Gaitán” le dio importancia a los mulatos, indios, zambos y mestizos; se ocupó del campo y la mujer campesina, dignificó a las masas y se preocupó por darles un mejor nivel cultural, considerando que el pueblo era superior a sus gobernantes.

Actualmente, predomina ese país político, parece que estuviésemos en permanente campaña, con acusaciones y atribuyendo responsabilidades al gobierno anterior, lo que además sirve como instrumento electoral para las justas regionales que se avecinan. Si se quiere gobernar con seriedad hay que avanzar sobre lo construido y hacer propuestas incluyentes, realizables, sobre las necesidades insatisfechas.

Dentro de los intentos de los diferentes gobiernos para superar el conflicto armado el Acuerdo Final de Paz con las FARC-EP tiene una gran significación histórica, se logró la desmovilización y el desarme de una de las guerrillas más antiguas del continente y la comunidad internacional considera que está bien concebido y lo respalda. El cumplimiento de lo pactado depende en buena medida del proceso de implementación, de honrar la palabra y actuar de buena fe. El presente Gobierno hace manifestaciones verbales de respaldo al proceso de paz, pero, al mismo tiempo formula objeciones improcedentes a la ley estatutaria de la Jurisdicción Especial de Paz, que es ni más ni menos el componente de justicia transicional, y también propone proyectos de reforma constitucional para incumplir lo acordado; con acierto decía Gaitán “bienaventurados los que entienden que las palabras de concordia y de paz no deben servir para ocultar sentimientos de rencor y exterminio”.

No obstante, en una democracia deben coexistir pacíficamente diferentes ideologías y pensamientos para conducir los destinos de la sociedad, por el procedimiento del voto mayoritario se escoge el tipo de gobierno y representación  deseado,  pero en medio de las divergencias políticas, ayer y hoy, se impone la lucha contra la corrupción, un imperativo expuesto por Gaitán que une y es necesario para fortalecer la política, recobrar la esperanza y la credibilidad en los dirigentes  “pueblo por la restauración moral, a la carga”.

 

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