Por: Fabiola Calvo

Sexualidad ¿feliz?

Los datos permiten muchas lecturas y unos cuantos interrogantes:   La sexualidad ¿Sigue siendo para la sociedad y el Estado, mito, pecado, moralina, conservadurismo, o la consideran innecesaria e inexistente para niños y niñas?

En páginas de papel o digitales aparecen los derechos sexuales y derechos reproductivos, muchos derechos, muchas leyes, muchos encuentros, foros, buenas intenciones personales que nada o poco tienen que ver con las prácticas institucionales. Todo esto es necesario pero “de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno”.

Los derechos para la infancia y la adolescencia precisan de un Estado laico de verdad verdad y que no sólo haga parte del articulado de la Constitución; de voluntad política, compromiso social y pre-su-pues-to. PRESUPUESTO CON MAYÚSCULA.

Un presupuesto que sería posible si la corrupción no tuviese los altos niveles a los que ha llegado.

En la política pública nacional de equidad de género para las mujeres se enfatiza en “la prevención del embarazo adolescente y la humanización y mejoramiento de la calidad en la prestación de los servicios de salud y salud sexual y reproductiva para las mujeres…” ¿Qué presupuesto tienen las instituciones para que esta política atraviese todo su qué hacer? ¿Cuál es el apoyo real para la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer para incidir en su cumplimiento?

Así mismo pregunto al señor Enrique Peñalosa ¿Cuál es el presupuesto que tiene la Secretaría Distrital de la Mujer en Bogotá?

En la capital  colombiana se aprobó el Plan de Igualdad de Oportunidades 2004-2106 que entre otros aparece: “Salud Sexual y Reproductiva Fecundidad y uso de métodos anticonceptivos … En cuanto al uso de métodos anticonceptivos las mujeres no tienen información necesaria sobre cómo usar un determinado método o escogen estrategias que no son adecuadas a sus características reproductivas”. ¿Ha cambiado?

Pasa el tiempo y cuando pasa…nos damos cuenta que parece que todo cambia pero nada cambia, o cambia a un ritmo muy lejos de las necesidades.

El embarazo adolescente se previene con formación, revolución cultural, inversión social, oferta de oportunidades, campañas masivas con continuidad y no con los “sabios consejos” sobre información para la víctima y el victimario que propone la Personería de Bogotá. Podríamos pensar en algo más novedoso. ¿Creen que una charla va a cambiar actitudes, acciones, pensamientos, sentimientos naturalizados y reforzados en la cotidianidad?  Es hora de hacer procesos para llegar a las oscuridades y promover salidas y no dos horas de sensibilización.

Un derecho está vinculado a los otros y, para ejercer los derechos sexuales y reproductivos, debemos encaminar esfuerzos para eliminar todo tipo de violencias contra las niñas, adolescentes y mujeres. Tenemos derecho a una sexualidad plena, a ser felices, y los varones también. Es una responsabilidad, un compromiso, una búsqueda conjunta.

Entonces podremos decir que construimos y sembramos paz desde que amanece hasta que llega la otra salida del sol, con responsabilidad ciudadana, sin olvidar  la rebeldía que contradice pero que hace, propone y cambia. Escuchemos la voz de jóvenes y  adolescentes. Mucho tienen que decir y piden que se les escuche.

 

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