Por: Dejusticia

Sobre la exposición Herencia Futura → El Nuevo Normal, en Artbo

Por Sebastián Rojas Cabal*

Desde antes del fin del conflicto armado con las FARC el arte ha sido fundamental, entre otras cosas, para acercar a las audiencias urbanas a los horrores de la guerra. Obras como Sumando Ausencias de Doris Salcedo y las fotografías de Jesús Abad Colorado reunidas en la exposición El Testigo han funcionado como un llamado a sacudirnos nuestra indolencia frente a la tragedia que ha marcado la vida en muchas regiones de Colombia. Recientemente, se ha consolidado otra forma de confrontar a estas audiencias con la herencia de un país en guerra desde el arte y que se ancla, paradójicamente, en el futuro.

Las obras que se presentan en la exposición Herencia Futura → El Nuevo Normal, en Artbo, representan esta propuesta prospectiva. La curaduría de la muestra estuvo a cargo del Instituto Habanero para el Post Conflicto, un proyecto que busca la “anticipación a temas de post conflicto y futuros en Colombia” a partir de objetos, imágenes y en general experiencias que hagan más cercanos futuros posibles. En otras palabras, estas obras presentan al público posibles respuestas a preguntas formuladas en clave de “¿qué pasaría si…?”, para activar conversaciones acerca de qué tan deseables o aceptables son esas alternativas de futuro.

Esta propuesta se basa en los postulados del diseño especulativo, una disciplina que según dos de sus más grandes exponentes, Anthony Dunne y Fionna Raby, parte de la convicción de que el presente “toma forma a partir del futuro, de nuestras aspiraciones y sueños para el mañana”. En este sentido, confrontar al espectador con opciones (viables y no tan viables) de cómo podrían ser las cosas lo pone en una posición para pensar de manera más audaz y ambiciosa sobre cómo quiere vivir. En un contexto como el colombiano, donde la polarización política limita cada vez más nuestra percepción de las alternativas que tenemos, es crucial ampliar el horizonte de lo posible.

Dos de las obras más intrigantes de la muestra Herencia Futura son El Picoso Sabroso de Juan Pablo García Sossa, William Gutiérrez y Laura Malagón; y Pura y Dura de Ana María Moreno, Silvana Araoz y Juliana Toro. El Picoso Sabroso es un picó, un sistema de sonido característico del caribe colombiano, en el que retumba una selección de música popular colombiana intercalada con música fariana, como se le conoce al vasto repertorio que consolidaron las FARC-EP durante sus años de lucha armada y que abarca desde el vallenato hasta el rap, la salsa y la música llanera. Pura y Dura, por su parte, es un mural promocional para la hoja de coca que se basa en la tipografía y los diseños que se observan en lugares como parqueaderos o piqueteaderos de todo el país.

El Picoso propone un escenario en el que la música de los guerrilleros ha sido asimilada a la cultura popular, poniéndola a sonar abiertamente en un sistema de sonido de uso masivo, como lo es el picó en el caribe. Ante un dispositivo donde suenan diferentes canciones farianas junto con éxitos que hacen parte del repertorio nacional, el público puede tener múltiples reacciones que van desde la indignación hasta la indiferencia. Aunque El Picoso, un escenario traído de un futuro imaginario, no lleva implícito un juicio sobre si su propuesta de futuro es deseable o no, sí sirve para activar varias conversaciones: ¿que tendría que pasar en el país para que la música fariana fuera abrazada por muchos? ¿cómo nos sentimos escuchándola? 

Escuchando las canciones farianas que suenan desde El Picoso, cuyas melodías no son muy distintas a la de cualquier canción de El Binomio de Oro o de Fruko y Sus Tesos, es difícil no reflexionar sobre lo mucho que podemos llegar a compartir con excombatientes que se criaron en los mismos pueblos y ciudades que nosotros. ¿Verdaderamente existe un “ellos” y un “nosotros”?

El mural de Pura y Dura, por otro lado, le plantea al espectador un mundo donde la hoja de coca se comercializa libre y abiertamente, divorciada de los canales de distribución y los estigmas asociados al narcotráfico. La familiaridad la tipografía del anuncio, así como el mensaje (“VARIEDADES LA PURA Y LA DURA, CURA CONTRA EL MAL DEL ALTURA”) hacen explícito que la hoja de coca es la base de muchos productos, no sólo de la cocaína, y que por ende podría no estar condenada a la marginalidad. El mural de Pura y Dura es una invitación a revaluar muchos prejuicios en contra la hoja de coca, así como las valoraciones y juicios que hacemos sobre quienes la cultivan. En un contexto donde de el discurso de la guerra contra las drogas opaca cualquier otro marco interpretativo para pensar en la política de drogas de un país como Colombia, Pura y Dura presenta una alternativa para anunciar, comercializar y distribuir la hoja de coca.

El arte cumple un rol fundamental en el postconflicto y obras como El Picoso Sabroso y Pura y Dura, incluídas en la muestra Herencia Futura → El Nuevo Normal, son un complemento necesario para otras iniciativas. Desde otras orillas, y en especial desde la Comisión de la Verdad, se han adelantado esfuerzos importantes para reconocer y promover los procesos de resiliencia y reconstrucción de víctimas a través del arte.

La atrevida propuesta de los artistas que hacen parte de Herencia Futura → El Nuevo Normal es una manera de ampliar estos esfuerzos y dinamizar, a partir de experiencias y escenarios inesperados, los procesos que lleven a las audiencias urbanas a pensar en un futuro más incluyente para el país. Todo esto es crucial en un momento en el cual la polarización ha desgastado muchas de las ficciones políticas que nos han sostenido hasta hoy. Vivir juntos tiene que ser más que no matarnos.

*Investigador de Dejusticia / @srojascabal

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