Por: Columnista invitado

¿Todos somos humanos?

Por: Juan David Cabrera*

"En las colonias, la infraestructura es igualmente una superestructura. La causa es consecuencia: se es rico porque se es blanco, se es blanco porque se es rico”. Frantz Fanon

El pensador puertorriqueño Ramón Grosfoguel explica el racismo como una división en la línea de lo humano, en la que, por una parte, están los humanos, quienes disfrutan de los productos y recursos que ofrece el sistema y, por la otra, están los no humanos o sub-humanos, los “condenados de la tierra”, quienes son excluidos de tales productos y recursos. Este racismo, según el boricua, margina de manera estructural a una porción de la población, la cual es excluida por marcadores raciales como el color, la religión, la nacionalidad, e incluso algunos incluyen el clasismo como una forma de racismo. En el caso menos grave, los sujetos racializados son excluidos de ciertos beneficios que ofrece el sistema, pero en el peor de los casos, son asesinados. Alrededor de diez mil víctimas de falsos positivos, que se dieron durante el gobierno de Álvaro Uribe entre 2002 y 2010, eran en su mayoría pobres. Tal vez no eran considerados humanos por el sistema.

Retomar este tema en este momento no es una casualidad, pues un reciente artículo publicado en The New York Times, indicaría que posiblemente la nefasta política que dio origen a los falsos positivos podría estar de regreso. En palabras de Nicholas Casey, autor de la columna: “a los soldados que aumentan sus muertes en combate se les ofrecen incentivos como vacaciones extra, un patrón que —temen— es notablemente similar al de los asesinatos ilegales ocurridos a mediados de la década de los 2000”. Esto podría desembocar en la lamentable situación, en la que civiles inocentes, pobres en su mayoría (pues difícilmente se me ocurre que esto le sucediese a familias pudientes), serían asesinados para ser pasados por criminales de algún tipo.

Sabido es en las ciencias sociales que las políticas que dan premios por bajas incentivan los asesinatos de civiles. Este tipo de políticas se conocen como “body count” y son precisamente las que generaron el impresionante número de víctimas que se dio en la década del 2000.

Tal vez el mismo fenómeno de racismo/clasismo es el que se vive con el asesinato de líderes sociales, cuyo número asciende a la suma de cincuenta y un líderes asesinados, solo en el 2019. Dichos líderes no solo provienen, en general, de lugares tradicionalmente excluidos y pobres, sino que también procuran cambiar su situación mediante la lucha por la protección de sus derechos económicos, sociales o culturales. Tal vez por eso resultan amenazantes para una estructura que los excluye.

Quizás la sociedad debe reconocer el valor inviolable de toda vida humana, para que nunca ninguno sea asesinado por ser considerado ciudadano de segunda categoría, pero para ello, debemos primero reconocer el racismo y clasismo que permean profundamente nuestra sociedad.

Los falsos positivos no pueden volver a pasar.

*Investigador de Dejusticia

 

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