¿Cómo avanza la reincorporación de excombatientes en el Cauca?

hace 2 horas
Por: Fabiola Calvo

Una alianza posibilita la meta

Una de las alianzas más importantes en la historia fue la de Estados Unidos con la ya desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, nada más ni nada menos que el campo capitalista con el campo socialista, para derrotar el nazismo en la Segunda Guerra Mundial.

En las contiendas electorales generalmente la derecha tiene la capacidad de unirse frente a una eventual pérdida del poder o posibilidad de ganarlo, mientras que a los sectores progresistas (hoy no existe la izquierda) el árbol les impide ver el bosque y piensan en la inmediatez y no en los procesos a largo plazo, olvidan que la forma avanzada de hacer política tiende a la pluralidad salvo que insistan en mantener formas arcaicas.  

Las alianzas se hacen para unir esfuerzos y acercar distancias y en ellas se compromete una parte y no el todo y en este momento pienso en Madrid (España) donde no logran ponerse de acuerdo el socialdemócrata Partido Socialista Obrero Español con Podemos. Los egos y la mezquindad abren paso a otras fuerzas que incluyen una derecha cuasifascista. Pienso en Bogotá y la radical derecha peñalosista .

¿Dónde está la sacrosanta razón tan adorada por Occidente? En esta carrera por la alcaldía de la capital de nuestra destartalada República, se juegan muchos intereses, entre otros, la carrera para la próxima Presidencia, por lo cual las presencias de Gustavo Petro y Sergio Fajardo crean sombras, aunque debería estar claro que votar por Hollman Morris no es votar por Petro y votar por Claudia López no es hacerlo por Fajardo. Y si así fuera, cumplan primero esta meta crucial para más de siete millones de habitantes (que dancen las cifras) y luego hablan de la Casa de Nariño.

La Colombia Humana incluye muchos sectores que tuvieron la lucidez de unirse para promover a un candidato con el triunfo de sacar en las pasadas presidenciales más de ocho millones de votos no vistos antes en los resultados electorales ni de la izquierda ni del progresismo. No fue mérito de unas personas o de un partido, fue la esperanza de organizaciones, líderes, lideresas, personas de aquí y de allá que quieren un basta de violencia, de corrupción, de saqueo, de desempleo…

El metro es una apuesta de profundo calado a la que se le debe seguir la pista tras denuncias una vez fue adjudicado y que se tragó otras apuestas en esta campaña o que no han presentado con la suficiente fuerza.

Quedan pocos días y no es el momento de enrostrarse quien cometió más errores (porque si quieren empezamos), es el momento de encontrar la convergencia. Bogotá está al borde de quedar en manos del innombrable en cuerpo ajeno, además con acuerdos en la sombra que le darían el triunfo a Carlos Fernando Galán con los votos de Miguel Uribe.

Salgan del infantilismo de la política. “Los gloriosos” Partidos Liberal y Conservador, después de promover La Violencia (con mayúsculas) se pusieron de acuerdo para firmar el no menos “glorioso” pacto de la exclusión, el Frente Nacional. Y ustedes que están en la cancha del progresismo ¿pierden la mirada hacia el horizonte? Disculpen Doña Claudia López y Señor Hollman, no-van-a-ganar-por-separado. Una encuesta se los dirá.

Bogotá no merece más cemento con habitantes en extrema pobreza y pobreza oculta, no merece extender más la ciudad para acabar con el ecosistema, no merece el grado de inseguridad, no merece un miserable presupuesto para la Secretaría Distrital de la Mujer, no merece que la engañen con un gasto de publicidad para sostener desde la arrogancia que “Impopulares pero eficientes”.

Pero si además queremos un Concejo que controle, que proponga, no es menos importante para esta capital que nació, según cuentan, en el Chorro de Quevedo, la elección de concejales meditada desde la convicción. Hay quien está comprando votos –como siempre-. Desde su dignidad, no lo haga.

Y pasada la resaca electoral bien vale la pena que el progresismo, al margen de autodiagnosticarse, madure y deje de pensar solo en campañas. Recuerden que viejas formas de trabajar con la población, no por viejas dejan de servir. Tampoco sobra recordar que los derechos de las mujeres con enfoque de género no es solo programa es una apuesta de vida por el cambio y como ya lo he dicho en otros artículos, es parte de una revolución cultural que pasa por lo personal.

Me arrepentí, no votaré en blanco, voto con plena conciencia por alguien y por Bogotá. Creo en los milagros.

Pero progresistas recuerden a Gabriel García Márquez y anoten en sus agendas, en su corazón y en su razón: “…las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.”

887065

2019-10-21T12:49:55-05:00

column

2019-10-21T12:49:55-05:00

nherrera_250619

colombia2020

Una alianza posibilita la meta

30

4843

4873

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Fabiola Calvo

El terror como herramienta para controlar

Los acuerdos de paz de agosto de 1984

No transmita óxido

Las migrantes tenemos derechos