Por: Columnista invitada

Una paz con altibajos en el posacuerdo, pero sin reversa

Por Esperanza Hernandez Delgado*

El rearme de Iván Márquez y de quienes lo acompañan, generó en muchos colombianos nostalgia, preocupación y zozobra. Resulta paradójico e inimaginable que quien lideró la comisión negociadora de las antiguas Farc – Ep y suscribió el acuerdo final de paz en el proceso de paz entre el gobierno Santos y esta insurgencia, estuviera en ese video que dio la vuelta al mundo, anunciando su decisión de volver a la lucha armada. Lamentable esta decisión de dar marcha atrás, de quien comprometió esfuerzos en un proceso de paz, que ha recibido la mejor calificación de expertos nacionales e internacionales, y de quien conoció de primera mano, las dificultades que entrañan los procesos de paz, y más aún, alcanzar la orilla deseada de un acuerdo final de paz.

Construir la paz en la fase de transición, que comienza a partir de la firma de los acuerdos de paz y va hasta su implementación, y que conocemos como posacuerdo, no es nada fácil. Como lo enseñan procesos de paz en otros países, implica una labor de mediano y largo plazo, muy exigente, de gran calado, y sujeta a altibajos. Compromete a plurales actores, diversos escenarios y se abre paso en contextos polarizados, entre sectores afectos y desafectos a estos procesos de paz y a los acuerdos producto de los mismos.

En Colombia han transcurrido casi tres años desde que se firmó el acuerdo de paz, un lapso muy corto para evaluar sus alcances y los del proceso de paz. Sin embargo, se han registrado acontecimientos que han mostrado aciertos, avances y cambios incipientes pero significativos. Quienes integran el partido FARC han evidenciado un compromiso sostenido con el cumplimiento del acuerdo de paz, ganando así la confianza de sectores escépticos. A su vez, en medio de enormes dificultades y limitaciones, en los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR), los excombatientes han mostrado su inteligencia y su disciplina y han creado interesantes proyectos de desarrollo comunitario, han construido diálogos y relaciones constructivas con las comunidades vecinas, y han cultivado la esperanza en el nuevo proyecto de vida, social y político, producto de su transición de actores políticos armados a actores políticos en la democracia.  Han resistido pacíficamente y con dignidad a los ataques de quienes los han descalificado y estigmatizado, al asesinato de 150 de ellos, a las limitaciones extremas y a la incertidumbre generada por los sectores políticos que han intentado modificar y desconocer el acuerdo final de paz.

Cada ETCR ha desarrollado una personalidad propia y con las uñas ha sacado adelante significativos proyectos. En el ETCR de Caldono en el Cauca, han cultivado 40 hectáreas con aguacate Has, otras tantas con tomate de árbol y las mujeres desarrollan su proyecto “hilando la paz”; y en el ETCR de Agua Bonita en Caquetá, con su alta producción de piña, han probado que este departamento también tiene una vocación agrícola, han apropiado formas ancestrales de cultivar la tierra y cuentan con un proyecto de cultivo de peces y con una despulpadora. Se agrega a los anteriores, el Café gourmet de la Esperanza del ETCR de la Elvira en el Cauca; la cerveza “la roja” del ETCR de Icononzo en el Tolima; el proyecto ecoturístico del ETCR de Tierra Grata en el Cesar; y los frutales que sacan adelante en el ETCR de Llano Grande en Dabeiba.  Además, en todos ellos se han abierto guarderías para niños concebidos en los tiempos de paz y para los que se han reencontrado con sus madres luego de estar separados durante los tiempos de la lucha armada.  

En algunos de estos espacios han destinado una parte de su renta básica para la compra colectiva del territorio, siendo el caso de Agua Bonita en Caquetá y Tierra Grata en el Cesar. En estos ETCR los excombatientes quieren estudiar, celebran cuando obtienen su grado de bachilleres, gestionan recursos y apoyos,  dinamizan su trabajo político y sacan adelante sus proyectos productivos.

Tal vez, por estas realidades esperanzadoras, la paz inacabada y perfectible alcanzada con el acuerdo de paz, aunque enfrenta altibajos no da marcha atrás. Ella se ha empoderado en los 10.000 excombatientes comprometidos con el cumplimiento de dicho acuerdo, y en sectores sociales y políticos que se empeñan en defender la paz.

El rearme de Iván Márquez, las disidencias de las FARC y su posible alianza con el ELN, generan preocupación y zozobra; y fortalecen la postura de los opositores al proceso de paz. No obstante, también puede convertirse en una oportunidad para que los sectores sociales y políticos afectos a la paz trabajen con más ahínco en su defensa; y para que sectores indiferente valoren el proceso de paz y decidan prevenir el retorno  a la confrontación armada. También, y seria deseable, para que el gobierno asuma un rol protagónico en la implementación del acuerdo de paz, facilitando la transición del país y los excombatientes a la paz.

* PhD en Paz, Conflictos y Democracia de la Universidad de Granada, España; y Magistra en Estudios Políticos de la Pontificia Universidad Javeriana. Vinculada actualmente a la Universidad de la Salle.

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