Una presidencia decorosa

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Terminó su periodo con la satisfacción del deber cumplido, esta es una forma de significar el destacado trabajo realizado por la magistrada Patricia Linares luego de tres años en la presidencia de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). La elección de la doctora Linares como magistrada fue un acierto, dada su formación como abogada y magister en administración pública y filosofía, saberes que ha puesto al servicio de la rama judicial, el Ministerio Público, la investigación y la academia. Reconocida en el campo del derecho constitucional y los derechos humanos, comprometida con la memoria histórica y la paz, lo que corresponde sin duda a un perfil idóneo para ser miembro de este tribunal. Por ello, su designación como la primera presidenta de la JEP no sorprendió, se trataba de un merecido reconocimiento a sus calidades profesionales y personales, sin duda una exaltación a la mujer, que en la señora Linares tiene a una digna representante.

Estar a la cabeza de una institución nueva es difícil, significa un gran reto, hay mucho por hacer, mejorar e innovar, pero con mayor complejidad cuando se trata del componente de justicia del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, un mecanismo de justicia transicional, que tiene la tarea de investigar, esclarecer, juzgar y sancionar los más graves crímenes ocurridos en Colombia durante más de cincuenta años de conflicto armado y hasta el 1 de diciembre de 2016; siendo esta tarea titánica en nuestra sociedad, dado que su existencia deriva del Acuerdo Final de Paz.

La JEP va muy bien, está organizada y funcionando, le está cumpliendo al país, basta mirar las cifras sobre personas que suscribieron actas de compromiso y sometimiento, el número de audiencias, versiones, informes, las decisiones judiciales adoptadas, los macrocasos, entre otras actuaciones. Hay un trabajo en equipo, con gente responsable y comprometida. En todo emprendimiento, en la generación institucional, el liderazgo es determinante, la doctora Linares siempre ha tenido muy clara la trascendental y delicada misión de este componente de justicia y su norte.

La JEP recibe permanentemente críticas, ataques y la descalificación del presidente de la República, de su partido de gobierno y de aquellos que, por sectarismo político o desconocimiento de la justicia transicional, se niegan a aceptar que es un logro social y político en la búsqueda de la paz y la reconciliación. Este tribunal se ha convertido en blanco fácil de los populistas, de los autoritarios, quienes denuncian impunidad o sesgo ideológico al interior de la institución, sin argumentos o razones de peso. Tal vez, encontraron un medio para llamar la atención de la opinión pública y ensombrecer los llamados de la justicia para que respondan por sus conductas o mantener oculta la verdad; desde luego que los ciudadanos así como lo dirigentes políticos pueden hacer críticas constructivas, disentir de las decisiones de la JEP e incluso proponer reformas, pero esto es distinto a violar la independencia de los jueces, a obstaculizar su función, a poner en duda su imparcialidad o hacer requerimientos públicos contrarios al ordenamiento jurídico, creando en los ciudadanos desconfianza y animadversión.

Pues bien, todo esto ha tenido que sortearlo la presidenta saliente Patricia Linares; con prudencia, mesura, serenidad y sobre todo con carácter e independencia ha defendido la JEP, sus explicaciones y valerosas reacciones siempre estuvieron ajustadas a la Constitución, a la ley, dando una gran lección sobre el actuar decoroso de un servidor público y en lo personal de la decencia.

Ahora ocupará la presidencia de la JEP el magistrado Eduardo Cifuentes, un jurista respetable y con prestigio. Dado que en la magistratura hay un trabajo articulado, solvencia intelectual y ética e identidad institucional, el tiempo venidero traerá buenos resultados, comparto plenamente lo dicho por el presidente entrante “La JEP es inderogable en el derecho interno e internacional y el Estado colombiano y sus gobernantes tienen que cumplir con los deberes que emanan del proceso de paz”. Está claro, el Acuerdo de Paz es sólido, la JEP goza de reconocimiento y su labor se exalta por millones de colombianos, por organizaciones y organismos internacionales, su trabajo debe continuar por el bien de las víctimas y la búsqueda de la convivencia pacífica.

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