Álvaro Restrepo: "Los colombianos nos hemos ensañado con el cuerpo"

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El bailarín, director y coreógrafo creó “SacrifiXio” con el fin de acompañar y homenajear el proceso de paz. Restrepo explica el origen y la estructura de esta obra que se presentará hoy en Cartagena.

Habría que hablar más sobre el cuerpo. Habría que dejar de ignorar que necesitamos lentes para mirar al otro: lupas cargadas de consideración y asombro que nos permitan detallar el universo que representa. Habría que tocarnos más. Tendríamos que palparnos para conocernos, para cuidarnos. En Colombia, tierra en la que habitan tantas pieles, el cuerpo se convirtió en otro campo de batalla. Se convirtió en otro lote en disputa. Aquí “que somos tan corporales”, como lo dijo Álvaro Restrepo, director del Colegio del Cuerpo, nos hemos destrozado para después tener que recoger los pedacitos que aún intentamos juntar.

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“SacrifiXio” es un homenaje al proceso de paz y al Premio Nobel que ganó el expresidente Juan Manuel Santos. ¿Cuál fue el motivo para inspirar una obra de danza contemporánea sobre este asunto?

La reflexión sobre la búsqueda de la paz es algo que no es nuevo en el trabajo del Colegio del Cuerpo. Desde que se inició el proceso de paz, desde que se anunció que el expresidente Santos iba a buscar la negociación, decidimos con El Colegio del Cuerpo que íbamos a comprometernos a acompañar este esfuerzo. Creí y sigo creyendo que es un hecho que no tenía precedentes y que era tan valioso que iba a ser necesario que todos los sectores rodeáramos la iniciativa. Teníamos claro que era posible que no se repitiera.

¿Cuáles son los otros trabajos en los que El Colegio del Cuerpo ha reflexionado sobre la paz y los esfuerzos que se están haciendo para concretarla?

Desde el 2010 comenzamos con una obra que se llamó Inxilio, como el exilio interior. Fue un homenaje a las víctimas del conflicto en el que ellas (150) participaron. Lo presentamos en la capital y también participaron cincuenta bailarines y cien músicos de la Filarmónica de Bogotá. Después, en 2013, lo repetimos en el Día de la Memoria y la Solidaridad. En esa ocasión todo fue más especial, porque participó el expresidente Santos: se quitó los zapatos, como las víctimas y demás oficiantes. Luego, en ese mismo 2013, lo repetimos en el Día Internacional de los Derechos Humanos. Todo se inició con una procesión por las calles de Cartagena y luego terminó en el Centro de Convenciones. La mayoría de la obra fue interpretada por mujeres víctimas de los Montes de María y de diferentes organizaciones.

¿Y en qué momento decidió crear “SacrifiXio”? ¿En qué consistió la transición de “Inxilio” a “SacrifiXio?

Porque fueron avanzando los acuerdos, se llegó al plebiscito, se perdió el plebiscito, el expresidente ganó el Premio Nobel, y toda esa lucha, toda esta odisea para lograr firmar la paz, nos conmovió. Esta obra se llama SacrifiXio, con una equis en el medio, porque quería que la dificultad se viera desde el título. Como si esta equis (x) fuera un obstáculo hasta en la pronunciación. Mi lenguaje es el de la danza, el del cuerpo. El cuerpo es ese territorio donde se ha desatado toda esa violencia porque realmente los colombianos, que somos tan corporales para bien y para mal, nos hemos ensañado de manera terrible con el cuerpo en esta guerra fratricida. Hacer este manifiesto, este clamor por la cordura, por la serenidad, por la paz, tiene mucha pertinencia.

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A medida que se va desarrollando la obra, las fotografías de Jesús Abad Colorado van apareciendo, ¿por qué? ¿Qué papel cumplen las imágenes en la obra?

Chucho Abad Colorado, gran amigo y persona a quien admiro enormemente, me autorizó para utilizar algunas de sus imágenes como prólogo, como umbral de la obra. Es así como estas imágenes sirven de entrada para, de manera contundente y poética, presentar esta reflexión que le proponemos al público.

Para “SacrifiXio” tuvo en cuenta “La consagración de la primavera”, de Stravinski. pero ¿qué tanto influyó? ¿Es una nueva versión?

La consagración de la primavera es una pieza que siempre me ha fascinado, pero es un reto para todo coreógrafo. Es un riesgo porque se han hecho versiones icónicas extraordinarias y hacer cualquier cosa que las supere es un gran desafío. Para SacrifiXio quise trabajar con un compositor contemporáneo, así que contacté a Samuel Zyman para que preparara una música especial para la obra que partiera de La consagración de la primavera como referente, estructura, duración, como punto de partida, pero que no fuera una relectura ni una reinterpretación. La obra del Colegio del Cuerpo es una recreación, algo totalmente nuevo. Yo quería que fuera algo para coro, para voces y percusión. Zyman hizo un trabajo extraordinario. También le pedí que se mantuviera la estructura original de la obra de Stravinski. Es decir, los dos movimientos originales: el primero se llama “La adoración de la tierra”, y el segundo, el “El sacrificio”.

¿En qué se diferencian los dos actos de “SacrifiXio” a los de “La consagración de la primavera”?

Si bien la obra de Stravinski está basada en rituales paganos, rusos, campesinos y de fertilidad, yo quise que esta fuera una lectura en clave colombiana. “La adoración de la tierra”, el primer movimiento, lo proyecté masculino. Una parte que fuera completamente bélica, militarista, guerrera. Es un movimiento que refleja la obsesión por la tierra, la lucha por el territorio, que ha estado detrás de toda nuestra guerra y de muchas de las guerras del mundo. El segundo es una sección liderada por mujeres. Creo que son ellas las que más han sufrido en esta guerra terrible impulsada por los hombres. Las que han perdido a sus hijos, esposos y las que han sido violadas. Sigo creyendo que son ellas quienes pueden liderar un proceso de perdón y de reconciliación en este país. Por eso el segundo movimiento, que llamé “El sacrificio”, es el de las mujeres.

Los artistas siempre han estado muy presentes en los cambios sociales del país, sobre todo desde el Acuerdo de Paz.

Creo que se está entendiendo cada vez más el poder que tiene el arte para sensibilizar, abrir los ojos y romper con la indiferencia. Creo que todo esto que está pasando ahora con las marchas, los cacerolazos, los conciertos y los artistas manifestándose en las calles, solo quiere decir que la sociedad civil está renunciando a la indiferencia. Cuando pienso lo que fue el plebiscito por la paz, cuando pienso que se perdió por 50.000 votos, recuerdo que lo que más me dolió no fue que se hubiera perdido. Lo que más me hirió fue que el 65 % de la gente que pudo haber salido a votar no salió: “Me importa cinco la guerra, me importa cinco la paz”, fue el mensaje. Yo creo que el arte tiene ese poder de conmover, contagiar y convocar. Los artistas nos estamos manifestando para que la sociedad se pellizque y se dé cuenta de que no podemos ser indiferentes frente a lo que pasa en el país. De que tenemos que unirnos para, entre todos, lograr un proyecto colectivo de nación.

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¿Cómo se habla y se siente el arte, específicamente la danza, en El Colegio del Cuerpo? ¿Se parece a una trinchera? Cómo lo asume usted…

Para no ponerlo en términos de guerra y evitar la palabra “trinchera”, yo creo que lo que el arte, y, sobre todo, las artes del cuerpo hacen, es que nos blindan contra las amenazas que se ciernen sobre nosotros. A todos los humanos, pero, en especial a los jóvenes y a los niños, les regala sentido de autoconocimiento, de autocuidado, de búsqueda de la dignidad, de la sacralidad del cuerpo y de la vida. Lo que El Colegio del Cuerpo les propone a través de esta filosofía y esta metodología pedagógica es una nueva noción de riqueza. Una más basada en el ser que en el tener. Esto es lo que nos ofrece a cambio el habitar nuestro cuerpo con conciencia plena y con dignidad: aprender a expresar de manera pacífica nuestras preocupaciones y nuestras preguntas.

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