Ariel Ávila: ¿qué hay detrás de la guerra en Colombia?

El Espectador habló con Ariel Ávila, politólogo colombiano, quien escribió “Detrás de la guerra en Colombia”, un libro que derrumbó los mitos populares de la guerra mediante un análisis de los bandos que participaron.

Ariel Ávila también escribió el libro “Seguridad y justicia en tiempos de paz: los retos del posconflicto”.Gustavo Torrijos

Hay muchos libros sobre el conflicto armado en nuestro país y hay cierto cansancio con el tema, ¿por qué escribir uno nuevo?

Por tres razones. La primera es que logré un cúmulo de datos que creo que ningún texto tiene. Aquí encuentran datos de prensa, guerrillas, Policía, Estado, de todos los actores que hicieron parte del conflicto. Son 14 millones de datos cruzados. La mayoría de los libros hablan de la visión política o sobre partes en general, siempre trabajan sobre uno de los actores en específico. Tenía que hacer algo diferente: dar una visión de todos los actores públicos en la guerra.

En el libro usted habla de varios mitos populares sobre el conflicto armado que derrumbó, ¿cuál fue el principal?

Derrumbamos los mitos que se generaron a raíz de todos estos años de conflicto. Uno fue el de que (Andrés) Pastrana les entregó el país a las Farc y por eso se fortalecieron. Entonces, cojo datos de la Policía y me doy cuenta de que las Farc, antes de los diálogos del Caguán, operaban en 384 municipios y después de eso operaban en 456 municipios, según datos de la Justicia y Paz de la Fiscalía. En cambio, los paramilitares pasaron de 443 a 671 municipios, en eso Colombia tenía 1.100 municipios. Los paramilitares pasaron de hacer presencia en un 25 % al 66 % del país. Dejando casi mil masacres a su paso. Fue una farsa. Todos se fortalecieron en el Caguán. Los grupos paramilitares se incrementaron.

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Después de toda esta investigación, ¿qué conclusión sacó usted sobre las distintas versiones del conflicto?

Yo siempre lo he dicho. Aquí el que esté libre de culpa que tire la primera piedra. Fue un conflicto de una guerra degradada, no hay nadie bueno o malo; todo el mundo tuvo que ver. Todos colaboraron. Este conflicto armado transformó el país, pero creo que fue una multiplicidad, tuvo múltiples realidades. No fue un único conflicto y cada región tenía una dinámica propia y fueron cambiando hasta lo que tenemos hoy.

Usted habló sobre varias generaciones, ¿en cuál estamos ahora?

Estamos en una tercera generación: la de organizaciones criminales y grupos armados. En la primera generación fue la piramidal, había bandos completos. Luego vino la segunda, la parte militar sobre la parte política. Hoy estamos en la tercera organización, donde todo funciona partir de redes pequeñas. Y una cosa que se llama subcontratación criminal: contratan pequeños grupos juveniles, grupos urbanos pequeños y los ponen a trabajar para ellos. Funcionan en forma de red.

Pastrana, Uribe y Santos son los expresidentes que aparecen en su historia, ¿cómo los definiría en todo este proceso?

A Andrés Pastrana básicamente lo definiría como un tipo que no pudo gobernar la seguridad, no controlaba a los paramilitares, a los militares, a nadie, ni el Caguán; fue un inepto.

Álvaro Uribe tuvo un gran logro y su final tragedia es que fue el primer presidente que no solo puso a pelear a las Fuerzas Armadas sino a todo el aparato estatal, y el gran problema es que se violaron muchos derechos. Su gran victoria, más que la muerte de varios jefes, fue la operación Libertad I con la que se casó con las Farc y las sacó del centro del país.

Juan Manuel Santos es el hombre de la paz, que decidió dialogar en vez de tener una agonía larga y dolorosa.

Iván Duque en el tema de la seguridad hasta hoy ha demostrado ser un Pastrana dos. Pero sobre todo es un hombre que repite las mismas estrategias del pasado y hay un regla de oro en el tema de tácticas y dice que la mejor forma de perder una guerra es utilizar la estrategia de victoria de la anterior.

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¿Cuáles son las principales conclusiones del libro?

La primera es la visión de cuando un ser se mira al espejo y se da cuenta de lo que le pasa, nada ocurrió por la suerte o por consecuencias no deseadas. La principal conclusión es que todo fue planeado, ahí no hubo nada porque sí. Cuando Colombia lea esto se va a ver al espejo. La segunda es que se entiende la dimensión de cómo el conflicto transformó el mapa político, la propiedad rural y la productividad del país. Todo cambió a raíz de esto. Y por último, es que en este proceso de conflicto armado hay un recorrido geográfico de la muerte en el país. Empezamos por el Magdalena Medio, Urabá, costa Atlántico, Llanos Orientales y luego el Pacífico colombiano, donde está actualmente.

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