Día de las Víctimas: una tensa conmemoración

Lo que debería ser un espacio para la reconciliación y la solidaridad con quienes han sufrido el conflicto se ha convertido en disputa entre partidos, que buscan posicionar un discurso de victimización que los favorezca.

Mujeres víctimas de crímenes de agentes del Estado se hicieron presentes ayer frente al Capitolio Nacional. / Gustavo Torrijos

Desde hace ocho años, todos los 9 de abril se conmemora el Día de la Solidaridad con las Víctimas del Conflicto Armado. La ley 1448 de 2011 (Ley de Víctimas y Restitución de Tierras) estableció que, como una medida simbólica, el Congreso en pleno, es decir, con todos sus senadores y representantes, debía rendir un homenaje y escuchar atentamente a los sobrevivientes de la absurda guerra. Desde entonces, las sesiones en el Capitolio han estado marcadas por tensas discusiones, ausentismo parlamentario o falta de disposición de los legisladores para escuchar a los voceros de las víctimas.

Y esta vez no fue la excepción. Desde tempranas horas de la mañana se advertía una discrepancia entre la Cámara de Representantes y el Senado. “Hace unos días, conjuntamente se definió el orden del día para rendir homenaje a las víctimas. Estaban definidos quiénes hablarían y los tiempos de intervención. Sin embargo, a última hora, el presidente del Senado, Ernesto Macías, decidió lanzar a la basura el trabajo realizado y cambiar totalmente ese orden del día. Estableció una inscripción a través de la página web y dejó por fuera a los voceros de las principales organizaciones de víctimas”, reveló una fuente en el Congreso.

El episodio quedó registrado en una carta que el presidente de la Cámara, Alejandro Carlos Chacón, le envió a Macías. En ella le solicitó que se incluya en el orden del día a un grupo de dirigentes sociales que luchan por los derechos de los sobrevivientes del conflicto armado, entre ellos, María del Pilar Navarrete, víctima del Palacio de Justicia; Ángela María Escobar, de la Red de Mujeres Víctimas y Profesionales, y James Barrero, en representación de la Unión Patriótica. Sin embargo, desde la oficina de la Presidencia del Senado contestaron con una agenda que excluía a funcionarios del Gobierno, pero tampoco se incluía a los más destacados voceros del movimiento de víctimas.

Esta diferencia entre la Cámara y el Senado motivó que decenas de representantes de las víctimas se aglomeraran en la entrada del Salón Elíptico y recibieran en su día un portazo inicial. “Este es nuestro día y no nos quieren ni siquiera dejar entrar a la sesión; mucho menos nos quieren oír. Seguro es que van a poner a las víctimas que hacen parte de los partidos políticos”, protestaba a la entrada del recinto un moreno con boina y miembro de la Mesa Nacional de Víctimas. Por momentos el escenario se tensionó y los sobrevivientes del conflicto gritaban al unísono: “O todos entramos o todos nos vamos”. En cuanto las cámaras enfocaron la situación, la Mesa Directiva se percató y autorizó el ingreso de los “molestos” visitantes.

La sesión inició, como siempre, con el Himno Nacional y un discurso del representante John Jairo Hoyos, presidente de la Comisión que le hace seguimiento a la Ley de Víctimas. Este recordó que en el período anterior, el Legislativo les negó el derecho a las 16 curules especiales y que varios congresistas, aún en el Capitolio, se comprometieron a garantizar el derecho que el Acuerdo de Paz les ofreció y que el sistema político les negó: tener una voz en el denominado recinto de la democracia.

Previo a la sesión, afuera, frente a la plazoleta del Colegio San Bartolomé, al suroriente de la Plaza de Bolívar, un grupo de víctimas de crímenes de Estado convocó lo que llamaron una “contraudiencia” a la que citaron a los parlamentarios de la “bancada por la paz”. Allí instalaron en el suelo la “galería de la memoria”, donde expusieron los retratos de sus seres queridos desaparecidos o asesinados en el marco del conflicto armado. Frente a los asistentes y a los congresistas Iván Cepeda, María José Pizarro y Gustavo Bolívar señalaron que un homenaje a las víctimas carece de sentido si la oleada violenta contra líderes sociales en el país no se detiene y si el Estado no reconoce su responsabilidad con las víctimas.

Luz Marina Hache, vocera nacional del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), explicó que la iniciativa surgió luego de que en años pasados su experiencia al acudir a la audiencia de víctimas citada en el Congreso fuera, según ella, desastrosa. “En ocasiones anteriores, cada vez que nos daban la palabra para que nos manifestáramos, la respuesta de los parlamentarios era salirse o empezar a hablar entre ellos. Hemos tenido malas experiencias con congresistas del Centro Democrático, que solo escuchan a las víctimas de las Farc”. Por eso, para este grupo, la audiencia que tiene lugar en el Congreso no es un verdadero espacio que sirva de homenaje a quienes han sufrido el conflicto armado, por lo cual este año decidieron “no seguirles el juego a los parlamentarios”.

Y aunque en el recinto comparten víctimas de la guerrilla, de los agentes del Estado y hasta victimarios, la conmemoración no ha servido para cerrar heridas y crear las condiciones para la reconciliación; por el contrario, cada año el Congreso se vuelve un escenario de disputa en la que los políticos intentan posicionar los discursos que más les convienen a sus intereses electorales. Esos discursos que ven las heridas en blanco y negro y que lloran solo por un ojo. Y así se le sigue debiendo al país una verdadera ceremonia de solidaridad con quienes han vivido en carne propia el dolor de la guerra.

 

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