Fátima Muriel, una barrera de fortaleza en el Putumayo

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Ella lidera la Alianza de Mujeres Tejedoras de Vida en el sur del país, cuya red tiene 1.500 integrantes. Desde la década del 2000 nacieron para protegerse de los armados que estaban dejando a sus hijos huérfanos. Hoy, trece de ellas están amenazadas y una desaparecida: Deyanira Guerrero Tovar. Esta es otro de los rostros de la campaña por los líderes sociales "Defendamos la vida".

En medio de los hijos huérfanos que iba dejando la guerra, a inicios de la década del 2000, Fátima Muriel y un grupo de mujeres de varios municipios del Putumayo se juntaron en la Alianza de Mujeres Tejedoras de Vida. Esa era una época en la que asesinaban a muchas mujeres y los huérfanos iban a parar a la guerrilla o a los paramilitares a empuñar las armas de una guerra que los autoflageló durante décadas. Desde entonces, esta organización se fue expandiendo por diferentes municipios del departamento hasta consolidarse en defensoras de la vida a pesar de las balas.

No obstante, las desgracias que trajo la guerra también las tocó. Fátima cuenta que aún persiste la desconfianza de las mujeres hacia los soldados del Ejército, pues, en algunos casos, dicen, fueron estos los que asesinaron a sus esposos. En el corregimiento de La Hormiga (Putumayo), por ejemplo, los paramilitares se tomaron el puerto, desplazaron a los pobladores y solo años después doce familias se instalaron para darle vida nuevamente a esa región. “Como éste, cuatro pueblos más fueron arrasados por los paras y curiosamente hoy, en esos sitios, están asentadas las petroleras”, dice Fátima.   

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De acuerdo con el Registro Único de Victimas (RUV), 239.430 personas aparecen registradas como víctimas del conflicto armado, de las cuales, el 49% son mujeres. Las mismas que sufrieron desplazamientos, desapariciones y homicidios, cuya intensidad, relata Fátima, disminuyó durante dos años después de la firma del acuerdo de paz cuando algo de tranquilidad llegó a ese territorio. Ya no vieron más retenes de la guerrilla, los paras o el Ejército, pudieron regresar a los ríos y bañarse en ellos, y dejaron de recoger a las mujeres y hombres asesinados que quedaban flotando en las aguas de los riachuelos.

Sin embargo, la tormenta menguó poco tiempo. A partir de 2018, según datos de la Policía Nacional, 19 mujeres fueron asesinadas y solo en los primeros tres meses de 2019 se registraron 13 homicidios contra mujeres. Uno de esos casos, pero dentro de las desapariciones forzadas, es el de Deyanira Guerrero Tovar, líder de la Red de Mujeres y quien desapareció de la región del Valle de Guamuez el 2 de mayo de 2018 dejando dos hijos menores y una madre que aún la buscan. “Ese caso sucedió después de que formamos la mesa de seguridad en donde convocamos a todo el Gobierno Nacional para que escucharan a las mujeres lo que estaba ocurriendo en el territorio”, comenta Fátima.

Trece de ellas están amenazadas. Su labor de registrar e informar sobre los hechos violentos contra las mujeres, también les ha generado un riesgo latente. A principios de este, por ejemplo, siete mujeres fueron atacadas con armas blancas y de fuego, pero sobrevivieron a las agresiones. Eso también lo denunció Fátima y muchas de sus colegas, quienes a principios de este año volvieron a alzar la voz: “estos hechos resaltan la persecución por razón de género que se lleva a cabo contra mujeres líderes en la región, y que busca amedrentar y silenciar a quien busca el avance de nuestros derechos”.

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En cada pueblo del Putumayo se puede encontrar a una mujer de red y sentarse a conversar, cuenta Fátima. En este momento la red de mujeres está exigiendo que el gobierno cumpla con el Plan Nacional de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (Pnis), porque los campesinos tienen muchas expectativas de acabar con los cultivos de coca que les ha generado tanta violencia. La gente firmó los acuerdos para arrancar la coca, pero el Gobierno se demoró mucho en atender a estas comunidades, se generaron muchas expectativas, pero no ha pasado nada.

“Por eso, nosotras las mujeres tejedoras de vida queremos ser un puente con el Gobierno, no somos sus enemigos, pues tenemos una base de 137 organizaciones en el territorio para afianzar la paz”, finaliza su la líder social Fátima Muriel, quien conversó con varios delegados de los Estados miembros de la Unión Europea, que lideran la campaña “Defendamos la vida”, con el fin de visibilizar sus rostros y llamar la atención sobre la crisis que viven estos defensores de los derechos humanos en varias regiones del país.  

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