Fernando Millán: “No estamos lavándole la imagen a las Farc”

“Con ojos de mujer” es el nuevo libro del periodista y politólogo, donde se narran las historias de nueve exguerrilleras que cuentan las razones, experiencias, dolores y victorias que vivieron en las extintas Farc. 

Fernando Millán asegura que el libro le sirve al país porque defiende la posibilidad de tener todas las versiones del país. / Cortesía

Nacer mujer en una familia campesina complicaba las cosas. En cuanto la niña cumplía los 12 años, sus cambios comenzaban a convertirse en problemas: todo le crecía, le dolía o le sangraba. Pedía toallas higiénicas, se antojaba de la ropa de sus vecinas y quería maquillarse. La adolescencia les salía muy cara a esos padres que apenas conseguían para el diario, así que la salida no era otra distinta a la de casarse o embarazarse. La solución era salir de la escasez de sus padres para comenzar a padecer la propia. Se veía más claro el panorama siendo madre de familia, así la falta de dinero fuese más dura que la de la casa de los papás, así el padre de su hijo próximo a nacer fuese un maltratador en ascenso y así el futuro se viera aún más oscuro que el de su madre, alguien que seguramente tampoco vio otra alternativa a la de obedecer, reproducirse y atender al proveedor del hogar.

Así lo cuenta Sandra Ramírez, actual senadora y la expareja del excomandante de la extinta guerrilla de las Farc, Iván Marulanda Vélez, Tirofijo. También contaba que existía otra posibilidad y era la de pararse en alguna esquina “a ver cuánto le ofrecían por una noche”. Por eso ella se fue para la guerrilla, porque en su casa no había dinero para sostenerla y nunca consideró vender su cuerpo.

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Con ojos de mujer es el nuevo libro del periodista y politólogo Fernando Millán, coautor de Estamos mamados de la guerra. Además de Ramírez, hay otras ocho mujeres que cuentan, en primera persona, sus historias como exguerrilleras, pero, más que eso, su versión sobre cómo fue ser una mujer combatiente, por qué se fueron y qué tuvieron que hacer. Este no es un libro sobre un conflicto ya conocido por todos (y que no debemos desatender), sino una inmersión en las verdades y mentiras de mujeres que han sido estigmatizadas por pertenecer a una organización que para ellas representaba una alternativa. Era la opción para salir de la pobreza, el maltrato, el destino impuesto de nacer solo para lavar o planchar. Para ellas las Farc eran la posibilidad de cambiar un futuro que se veía llano.

“El libro es una pieza de un rompecabezas de la historia que tenemos que reconocer, que tenemos que crear. La historia del país tiene mil versiones y este es un punto de vista. No estamos hablando de la verdad, ni es una forma de lavarle la imagen a las Farc. Los colombianos tenemos que entender que somos distintos y lo que cambia es el lugar en el que cada uno está parado para ver la realidad. ¿Que ya estamos cansados de hablar de guerra? Claro, pero si no hacemos el esfuerzo por darnos cuenta de que, por ejemplo, eso que vivió Bogotá el pasado 17 de enero con la Escuela de Cadetes General Santander es lo que vivieron y aún viven 180 municipios o pueblitos de Colombia desde hace muchos años, pues no vamos encaminados hacia la paz. Si no hablamos de lo que pasó, si no hacemos el esfuerzo, nada va a pasar”, dijo Millán, quien se cuestionó por la condición de la mujer en medio de la selva con un fusil al hombro.

“¿Usted cree que una mujer armada se va a dejar violar de un hombre?, claro que no”, le dijo una de las entrevistadas a Millán, cuando se le preguntó por las acusaciones que le hacen a la organización por violaciones y abortos inducidos. Este libro le sirve al país porque no defiende a las Farc, defiende la posibilidad a tener todas las versiones y comenzar a pensar con más elementos que los del odio o la venganza. Nadie conoce más su historia que ellas, nadie más vio lo que ellas vieron, nadie puede hablar por sus dolores, odios, tristezas o alegrías: solo ellas.

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¿Y entonces? ¿Las Farc son inocentes de lo que se les acusa?

“Las Farc son como cualquier otra organización en Colombia y responde a lo que somos. Es machista como nosotros, disparatada, abusiva y agresiva, en fin. Muchos de nosotros también hemos sido así, lo que no los justifica, pero, por ejemplo, a las mujeres se les preguntó por el tema de las violaciones y ninguna dijo que sí, que eso había pasado. Difícilmente uno creería que es una política de las Farc. También por los reclutamientos y claro, seguramente muchos fueron ciertos, pero hubo zonas en las que la guerrilla era la única autoridad que había. Los niños veían eso y querían ser como ellos. No había nada más que hacer”, agrega Millán, quien eligió a María José Pizarro para ser la primera en leer el libro y la encargada de escribir el prólogo. La hija de dos determinados seres humanos que decidieron formar parte activa de la historia del país y que tuvieron que sufrir las consecuencias de sus elecciones en medio de esta república, que a veces parece mantenerse estática en el tiempo: violenta, apática, resignada. El papá de María José Pizarro, Carlos Pizarro Leongómez, murió a causa de unas disputas que aún los colombianos no superan: las de la toma del poder a cualquier costo, las del revanchismo y los intereses por encima de la vida. La madre de María José también se fue a la guerra y sus razones tuvieron que ver con principios que no quiso ni pudo negociar. Ella lo entendió y ahora también invita a los demás ciudadanos a que “aprendan y aprehendan desde la mirada, los ojos, las sensibilidades y la voz digna, hereje y rebelde” de las mujeres que componen el libro.

Se dice mucho que Colombia solo ha escuchado un lado de la historia: el de los soldados y el Estado. El de los hombres, que son los que solo (supuestamente) van a la guerra. El lado que publican las fuentes oficiales. Esta es una oportunidad para que los colombianos nos entendamos, nos reflejemos y nos abramos a las historias reales de mujeres que decidieron convertirse en insurgentes, porque de otro modo no habrían podido salir del círculo al que estaban condenadas. La historia de ellas también es la nuestra; la de esta Colombia que ha sido construida desde las esquirlas, la intolerancia al disenso y una guerra inclemente por el poder, pero también desde la valentía, el riesgo, los ideales, la nobleza y el amor por la vida.

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Laura Camila Arévalo Domínguez

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