Cultura organizacional: algunos casos exitosos de proyectos de reincorporación de excombatientes

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Confecciones la Montaña, uno de los proyectos surgidos tras el Acuerdo de Paz, es tan solo un ejemplo que muestra que se pueden armonizar las lógicas de mercado actuales con su identidad social. Esto lo muestra el informe “Aprendizajes de paz y sector productivo”, de las fundaciones Ideas para la Paz y Compaz. Documento que también estudia otras empresas para describir sus dinámicas organizacionales, sean o no dirigidas para construir paz.

Confecciones La Montaña, proyecto productivo de excombatientes localizados en el Antiguo Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (AETCR) Jhon Bautista, en Anorí (Antioquia), se ha dedicado desde 2017 a emprender con mochilas, tulas y demás elementos de ’camping’. Ese, sin duda, es un referente a nivel nacional de los éxitos en materia de reincorporación que han tenido cientos de excombatientes que le han apostado al emprendimiento para reincorporarse a la vida civil.

Tanto es así que la marca ha logrado, con el apoyo de Inexmoda, participar en la edición 2020 de Colombiamoda, una bandera del mundo de la moda en el territorio nacional.

Si bien en materia de ventas, difusión y con un trasfondo que muestra que la paz se construye también a partir de la innovación, existen aún muchos vacíos en otras empresas con fines similares, que no logran alcances como los de Confecciones La Montaña, ya sea por estrategias no tan eficientes de mercadeo o por situaciones externas dentro del mercado que tiene a la paz como su centro.

Esto, sin embargo, no significa que deban acabarse. Al contrario, cabe la pregunta ¿por qué el país debe prestarle mayor atención a aquellas iniciativas comunitarias con lógica de construcción de paz y acciones empresariales que saquen adelante comunidades que antes lo perdieron casi todo en la guerra?

A partir de esa pregunta, entre otros interrogantes, fue que la Fundación Ideas para la Paz y la Fundación Compaz hicieron el informe “Aprendizajes de paz y sector productivo”, un documento que aporta lecciones o aprendizajes de cómo las empresas pueden aportar a la construcción de paz.

El objetivo de ambos centros de estudio, apoyados en la Embajada de Suecia y la Oficina de las Naciones Unidas en Colombia, es analizar al detalle cómo los casos de la ya mencionada Confecciones la Montaña, en conjunto con otras ideas surgidas en la reincorporación de firmantes de paz, como la Mesa Nacional de Café, son muestra suficiente de que tras la firma del Acuerdo de Paz es posible la consolidación de ideas territoriales sean benéficas, en algunos casos, para el desarrollo de personas en municipios altamente afectados por el conflicto (PDET) y tengan la potencialidad de robustecer sus capacidades productivas y así generar alianzas que los lleven a ser proyectos de largo aliento. el informe también recoge el caso de Selva Nevada, una empresa que con sus estándares de sostenibilidad da un ejemplo de cultura empresarial, con miras a estar en la vanguardia de la venta de helados en el país.

Por supuesto, no todo se trata de puntos altos. Tanto la FIP como Compaz sugieren, tras lo recolectado en campo, que hay retos por superar en estas y otras empresas de personas en proceso de reincorporación; así como en iniciativas privadas que no sean de personas en transición hacia la paz (como la Mesa Nacional de Café, por ejemplo). Algunos de estos tienen que ver con la masividad de la producción, una apertura mayor a los estándares de enfoque de género propuestos en el Acuerdo, un mejor engranaje con los sistemas de transporte que lleven sus productos por el país y abrirse a nuestros clientes potenciales, entre otros.

Por el lado de La Montaña, en el documento los investigadores establecen que a partir de un Modelo de Gestión Empresarial para la Paz elaborado por la FIP, esta iniciativa “realiza aportes a la paz desde distintos ámbitos. Primero, presenta acciones en la dimensión de Gestión Estratégica para la Paz, ya que desde su origen cuenta con un compromiso explícito con la construcción de paz en todos los niveles y en todas las prácticas que desempeña a empresa”.

Los aportes que deja La Montaña a otros proyectos, según el informe y algunos de sus cofundadores como Martín Batalla, es que bajo un modelo de negocio en el que se produzca en masa, siempre debe prevalecer la idea de estar abierto a ajustes dependiendo de la necesidad del entorno y con iniciativas de cooperación entre sectores.

“En San Isidro, unas mujeres campesinas tenían un proyecto de confecciones y realizamos un trabajo conjunto donde nosotros les enseñamos la técnica y les transferimos las telas para terminar haciendo un trabajo conjunto”, explica Martín Batalla.

Al hacer referencia al estudio de campo con Selva Nevada, comercializadora de helados, batidos y pulpas de frutas amazónicas y tropicales, la FIP y Compaz aseguraron que su visión a largo plazo los puede poner a la vanguardia empresarial en temas de sostenibilidad ambiental.

“Selva Nevada descuenta de los pagos un porcentaje para compensar la dotación de nuevas máquinas o cuartos fríos, pues entiende a las comunidades no como beneficiarias sino como socias de la empresa. Así, busca establecer una relación de aliados en igualdad de condiciones con las asociaciones, en la que todos los involucrados en la cadena de valor arriesguen y ganen por igual”, recoge el informe.

La Mesa Nacional de Café también ocupa un importante rol en esta investigación. Este emprendimiento, que ha logrado calidad de exportación, tiene unos términos organizacionales en materia de cooperativismo, desde la estructura de su junta directiva, hasta el resto de su organigrama, que han permitido formar alianzas estratégicas que los han hecho crecer. Además, esto ha posibilitado que exista un sentido de arraigo por parte de los campesinos que trabajan la tierra para que las semillas sean impulsoras de las regiones en las que hacen presencia.

Antonio Pardo, miembro de la junta de la Mesa Nacional de Café, expone que, a pesar de los obstáculos, “este proceso ha sido muy bonito y lleno de aprendizajes que han contribuido a generar relaciones muy estrechas en el posconflicto con las comunidades” que los acompañaron antes del conflicto. “En las zonas del Cauca han existido relaciones estables que han facilitado los procesos colaborativos, la construcción de confianza en el territorio y los desincentivos a los cultivos de uso ilícito”, dice el documento.

Por el lado de Impulse Travel, en las hojas de “Aprendizajes de paz y sector productivo” queda manifestado que si bien hay altos niveles de sostenibilidad, factor que ha permitido ser una alternativa comunitaria con impacto nacional para un turismo alternativo y eco responsable, toca seguir puliendo las asociatividades que ha venido forjando desde la pandemia.

Otras lecciones aprendidas

María Lucía Méndez, directora de Empresas y Construcción de Paz de la FIP, le dijo a Colombia2020 que estas empresas tienen mayores aspectos por resaltar que cuestiones por mejorar. Sin embargo, dice que el panorama de todas ellas apunta a que se deben afianzar en un nicho más amplio y que bajo su ejemplo le abran las puertas a otros emprendimientos de paz que surjan en un corto y mediano plazo.

Sobre una mayor apertura en temas de enfoque de género, Méndez indicó que este es uno de los mayores desafíos de los emprendimientos, debido a que por su contexto rural bajo el que surgieron, “se necesitan más y mejores escenarios en la toma de decisiones por parte de las mujeres. Los indicadores de participación femenina siguen siendo bajos y deben haber mayores intereses en la participación femenina”, sostiene.

Méndez asegura que la cultura organizacional seguirá impulsando las iniciativas de paz, en tanto que propone que los hallazgos de la FIP y Compaz dan cuenta que esta cultura no es excluyente a la identidad social que proponen estos proyectos, puesto que todos ellos se han afianzado en ser “más que una empresa, para ser forjadores de comunidades que dejaron atrás la violencia”, propone.

Para proyectos futuros que tengan que ver con paz, Méndez invita a los empresarios a ser coherentes con lo que quieren lograr y a estar dispuestos a analizar cuándo es pertinente poner una idea de negocio en un lugar determinado y, a su vez, estar dispuestos a seguir intentando alternativas en caso de que sus ideas no sean recibidas entre las comunidades.

“En este panorama de construcción de paz, las empresas que impulsen estos proyectos deben sentirse como parte de los territorios donde tienen su operación y deben mostrar interés hacia las comunidades que visitan. Si no tienen una conducta empresarial responsable, ni les interesa compartir sobre las tomas de decisiones, deben saber que no pueden hacer proyectos productivos. Deben ser sensatos”, concluye la investigadora.

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