Héctor López Agudelo, de la pedagogía al exilio

Debido al trabajo de incidencia que desempeñaba con jóvenes en Ciudad Bolívar, fue secuestrado y torturado. Catorce años después, desde España nos cuenta su historia.

Héctor López, activista, pedagogo y líder social colombiano. / Fotos: Fragmentados.

Circularon los rumores, luego vinieron las noticias. El escándalo, que en 2008 ocupó las páginas de la prensa, tuvo el nombre de falsos positivos. Se habló de ocho jóvenes del municipio de Soacha que miembros de la Fuerzas Militares se llevaron para luego hacerlos pasar como guerrilleros caídos en combate. Combates que nunca existieron. Combatientes que nunca lo fueron.

Las víctimas, en su mayoría atraídas con promesas de empleo, fueron llevadas a zonas de conflicto armado donde fueron asesinadas y reportadas como guerrilleros muertos en enfrentamientos. Entre 1988 y 2014, la cifra llegó a 2.248 víctimas de esta práctica sistemática en todo el país y al menos 1.750 miembros de las Fuerza Pública se encuentran involucrados, según datos de la Fiscalía General de la Nación.

Desde 1992, Héctor López Agudelo había denunciado la muerte y desaparición de los jóvenes de su corporación Buscando Espacios . Durante más de una década, este activista, pedagogo y líder social, se había dedicado a los proyectos educativos y comunitarios en Ciudad Bolívar, una localidad ubicada al sur de Bogotá.

Los jóvenes con los que trabajaba provenían en su mayoría, de familias desplazadas de zonas rurales del país. “Para nosotros era importante que el joven entendiera qué pasaba en el país, por qué había llegado a Ciudad Bolívar en una situación de marginalidad y exclusión social y que empezara un trabajo de incidencia”, explica Héctor.

“En Altos de Cazucá empezamos a hacer un trabajo porque mataron muchos jóvenes”. Recuerda López

A partir de los noventa e inicios de los 2000, en Ciudad Bolívar, se incrementaron los asesinatos y persecuciones a jóvenes, defensores de derechos humanos y líderes comunitarios. Esto coincidió con la llegada de grupos armados ilegales, y posteriormente con la presencia de la Fuerza Pública en la zona. “En Altos de Cazucá, zona colindante con Ciudad Bolívar, empezamos a hacer un trabajo porque mataron amuchos jóvenes”, recuerda.

Las ejecuciones extrajudiciales fueron perpetradas, en su mayoría, por agentes de la Fuerza Pública. Contaron con la participación de paramilitares, desmovilizados e integrantes de la redes de informantes del Ejército Nacional. Éstos reclutaban a los jóvenes, según afirman Omar Rojas Bolaños y Fabián Benavides Silva, en su libro Ejecuciones extrajudiciales en Colombia.

En 2004, Héctor se convertiría en uno de los más de 9.000 colombianos que salieron del país en búsqueda de refugio. El 25 de octubre de ese año, fue secuestrado y torturado a manos de miembros del Bloque Capital, grupo paramilitar que operó en Bogotá. Este episodio dejó graves daños en su cuerpo, pues aunque desde niño padecía una displasia de cadera, su condición empeoró tras las torturas.

“El problema no es que me mataran o me desaparecieran. El objetivo era destruir el proyecto de bachillerato de la corporación donde estudiaban 300 personas. 300 jóvenes que votan a conciencia, que exigían sus derechos”, sostiene.

El secuestro y las constantes amenazas lo obligaron a salir del país; dejar a sus hijos, a su familia, a sus compañeros y amigos. “Me decían en un año vuelve, yo sabía que no volvía, yo sabía que no iba a volver nunca más a Colombia”, asegura.

Héctor sostiene un libro de dibujos que su hija Alejandra le regaló en el aeropuerto de Bogotá antes de irse en 2004. “Es lo único que me queda de mi pasado y de mis dos hijos que por fortuna están vivos”

El inicio de su nueva vida en España no fue fácil, llegó al exilio con la cadera, la pierna derecha y la dentadura en mal estado, motivo que le supuso una gran limitación para trabajar. “Salir adelante con la discapacidad con
la que llegué fue muy difícil. Que reconozcan tu diversidad funcional es complicado y entrar al mercado laboral fue dificilísimo”, cuenta López.

Entre 1988 y 2014, la cifra llegó a 2.248 personas asesinadas bajo esta práctica sistemática en todo el país. En la que están involucrados al menos 1.750 miembros de las Fuerza Pública.

En 2008, después de cuatro años de su exilio, consiguió el estatus de refugiado. Ese mismo año, salieron a la luz las ejecuciones extrajudiciales, creando un escándalo mediático. Buscando Espacios, la corporación de Héctor, desapareció tras las amenazas recibidas por parte de los mismos grupos que lo habían secuestrado.

El dolor que esto significó para él, fue acompañado por el de dejar a su familia. “Esa separación fue enterrarnos en vida, a mi hijos y a mis amigos. El imaginario es que estar en Europa es la panacea pero la verdad es que es tremendamente doloroso”.

Hoy, 11 años después, Héctor camina a ritmo pausado y con ayuda de sus muletas por Elche, ciudad de la provincia de Valencia en la que vive. Sigue siendo un apasionado de la pedagogía y la psicología. Su carácter amable, sociable y bromista no lo abandona. Su vocación de líder y defensor tampoco: colabora con el Foro Internacional de Víctimas colombianas en exterior y lidera la organización Carrers del Món en Elche, en la que trabaja por los derechos humanos de personas refugiadas.

“Mientras el Estado no diga ‘tuvimos una política de terror, una política estructurada, una política sistemática de perseguir y asesinar a líderes sociales, defensores de derechos humanos y a la comunidad en general’, no tiene sentido hablar de reparación” sostiene Héctor.

Desde España, continúa denunciando y visibilizando la persecución y asesinato de jóvenes, líderes y defensores de DDHH en Colombia “Unos pagan con su vida y otros pagamos con el exilio”, sostiene.

Al día de hoy, la mayoría de estos casos no han sido esclarecidos. Se espera que la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y la Fiscalía puedan llevar adelante las investigaciones de los mismos.

* Fragmentados es un proyecto periodístico multimedia centrado en contar los relatos de líderes defensores de los Derechos Humanos que han sido escudos directos de conflictos que no terminan. 

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