La nueva casa de la cerveza de los excombatientes de Farc en Bogotá

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En la Casa por la Paz, ubicada en Chapinero, esperan vender su producto e impulsar emprendimientos de las víctimas del conflicto armado y los campesinos. Iniciaron una campaña de recolección, cuya meta es conseguir fondos para comprar la vivienda.

Cuando Doris Suárez y Alexander Monroy, junto con otros ocho exguerrilleros, iniciaron con su proyecto de cerveza artesanal La Trocha en febrero de este año, no tenían en mente crear un espacio propio donde pudieran comercializar su producto. Pero tras ocho meses de arduo trabajo, y con una pandemia de por medio, hoy cuentan con alegría que están inaugurando su espacio propio: La Casa por la Paz, donde no sólo venderán su producto, sino que también impulsarán los emprendimientos de otros excombatientes, de víctimas del conflicto armado y campesinos. También realizarán encuentros comunitarios y culturales.

A comienzos de 2020, los diez excombatientes, provenientes de distintos lugares del país y en su mayoría exprisioneros políticos, unieron los ocho millones que les entregó a cada uno el Gobierno Nacional, a través del Consejo Nacional de Reincorporación (CNR) y la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), producto de lo pactado en el Acuerdo de Paz, firmado en 2016 y con el que se comprometían a dejar las armas.

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Con ochenta millones en el bolsillo, se lanzaron al mercado cervecero con su propio producto: La Trocha, una bebida artesanal estilo Ale Porter, es decir, una cerveza negra de alta fermentación, que gracias a su propia fórmula ofrecía un sabor intenso. El producto gustó y fue repartido, en un principio, en algunos establecimientos de Bogotá. Todo marchaba bien hasta que...

“¡Juácatela! Llegó la pandemia y quedamos maniatados, porque como nosotros apenas estábamos empezando, lo veíamos difícil. Eso nos obligó a lo que la gente llama ‘reinventarse’, pero que yo le digo ‘rebuscársela’”, cuenta entre risas Doris Suárez, representante de la Corporación Trabajo, Dignidad y Solidaridad (Tradso), que crearon los reincorporados para ejecutar su proyecto.

Las ventas se redujeron drásticamente y encontraron en las entregas a domicilio la única manera para mantenerse a flote. Con esta medida lograron llegar a más ciudades como Pasto, Valledupar, Bucaramanga, Manizales, Tunja, Soacha, entre otras. Pero seguía siendo insuficiente.

Los domicilios les abrieron los ojos y pusieron sobre su mesa una nueva necesidad: poder tener una sede para comercializar su producto. Por eso, desde el pasado 1º de junio, cuando el Gobierno Nacional flexibilizó las medidas de movilidad para acostumbrarnos a la nueva normalidad, buscaron en distintos sitios hasta llegar a Chapinero, una localidad de Bogotá donde encontraron una casa grande que no sólo posibilitaba la venta de sus productos, sino también incluir nuevas iniciativas.

Para Alexander Monroy, integrante del equipo la Trocha, “la intensión es poder hacer un micro punto de producción con el que podamos hacer ensayos para nuevas propuestas y catas. Además, buscamos generar espacios alternativos, comunitarios, porque queremos que acá se vendan otros productos de excombatientes, también de campesinos, de mujeres, de víctimas del conflicto. El objetivo es que se reúnan jóvenes, comunidades, que se haga una huerta y que se realicen expresiones artísticas”.

Frente a los ensayos y catas, Doris Suárez agrega que para ellos es importante la casa porque será el espacio para trabajar en nuevos sabores que integren el proyecto cervecero: “Queremos hacer nuevas cosas, intentar hacer cerveza rubia y roja, además, vamos a experimentar con productos nuestros, con el fin de darle un toque muy colombiano a nuestra trochita”.

La casa, ubicada en la calle 65 #5-67, se encuentra arrendada, pero esperan comprarla para el próximo año. Para eso diseñaron dos estrategias. La primera es Trocha Fest, un evento para abrir las puertas del lugar “con todas las de la ley”, que se lleva a cabo desde el 29 al 30 de octubre. Los excombatientes invitaron a funcionarios del Estado y organismos internacionales, además de artistas e influenciadores que apoyan sus proyectos productivos y pueden atraer a más público.

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Por otro lado, La Trocha inició una campaña de recolección de fondos a través de la plataforma Vaki con el propósito de reunir el dinero necesario para comprar la casa. “Ahora la casa está en arriendo y la idea es poder comprarla. Le estamos apostando a una meta alta (250 mil euros que equivalen a aproximadamente 1.000 millones de pesos), pero la idea es poder acercarnos lo más que podamos a ese recurso”, dice Monroy.

La recolecta estará habilitada hasta febrero de 2021, tiempo en el que esperan conseguir algún monto para separar o comprar el predio que, desde que lo conocieron, sabían que querían tenerlo: “Nosotros nos sentamos, desde el primer día del trasteo, y dijimos que íbamos a hacer todo lo posible para conseguir esta casa y comenzamos a buscar redes de apoyo".

Este año ha sido vertiginoso para todo el equipo de La Trocha. En tan solo ocho meses, salieron al mercado, se enfrentaron a una pandemia, expandieron su cerveza y, ahora, le apuestan a un proyecto que no sólo integra su iniciativa, sino que busca ser mucho más grande de lo que en un principio imaginaron. Y tienen con qué. Tanto Doris Suárez como Alexander Monroy concuerdan en que cada vez que toman una “trochita” les sabe a “solidaridad, a sueño colectivo, a los campesinos, a un compromiso con el Acuerdo de Paz que es a lo que le hemos venido apostando a pesar de todo (…) a una Colombia distinta, una donde se pueda compartir desde la diferencia, donde se pueda pensar distinto, donde no nos matemos… me sabe de lo que está hecha Colombia, de trochas".

Si usted está interesado en apoyar esta iniciativa, puede acceder a la cuenta de Vaki aquí o puede conocer la iniciativa a través de Facebook e Instagram.

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