2.219 kilómetros unen a los dos países

La guerra en la frontera entre Colombia y Venezuela

Cerca de 10.000 personas han sido asesinadas desde 2012 en las zonas fronterizas. Norte de Santander es el departamento más afectado. Esta investigación de la Fundación Paz y Reconciliación esclarece las alianzas entre los grupos criminales que intentan apoderarse de la región.

Habitantes de la frontera cruzan por trochas ilegales. / EFE

El fin de semana pasado, en el municipio de Ureña, Venezuela, fue asesinado y desmembrado el cuerpo de un integrante del Ejército de Libración Nacional (Eln). Las partes del cuerpo fueron repartidas en diferentes sitios del municipio. La cabeza fue arrojada al Comando de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). Este homicidio confirma dos cosas: la expansión del Eln en toda la línea fronteriza, la cual se ha venido consolidando desde abril del año pasado, y el agrupamiento de una serie de organizaciones criminales pequeñas para resistir dicha expansión.

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Desde finales de abril, la zona urbana de la frontera, es decir, Cúcuta y los municipios aledaños, es epicentro de una nueva disputa violenta que se ha caracterizado por amenazas, asesinatos selectivos, hostigamientos y persecución contra sectores de la ciudadanía venezolana y colombiana señalada de pertenecer al Eln o a los grupos criminales involucrados en la disputa.

Desde 2012 hasta abril de 2019, en los municipios fronterizos de Colombia, han sido asesinados más de 4.000 personas. Del lado venezolano no se conocen cifras oficiales, pero podrían ser más de 5.000. Actualmente, lo duro de la violencia se vive en el departamento de Norte de Santander, del lado colombiano, y en el Táchira, del lado venezolano.

 
 

Organizaciones criminales que actúan en la región

Hasta 2017 se tenía la idea de que el Eln solo tenía control del paso fronterizo del Catatumbo, mientras que el Clan del Golfo, los Rastrojos y otras estructuras criminales heredaron la ruta y el control logrado por las Auc en Cúcuta y municipios aledaños como Villa del Rosario, Puerto Santander e incluso el casco urbano de Tibú.

Este mapa cambió tras la salida de las Farc y el fortalecimiento del Eln, que no solo copó las zonas que el antiguo frente 33 dejó, sino que buscó extenderse por toda la frontera.

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También se conoció de la llegada de milicia de la FANB, que conformaron grupos armados para profundizar el control territorial y social en los estados venezolanos que son de mayoría opositora. La idea del gobierno del país vecino es mejorar el control territorial.

Además, en esa zona fronteriza se encuentra el Clan del Golfo, que era el actor dominante hasta 2017. Esto lo lograron luego de una fuerte disputa con los Rastrojos, de quienes queda un pequeño reducto. El Clan del Golfo controlaba la zona a partir de alianzas o la subcontratación de otras estructuras criminales más locales. Entre estas bandas se puede destacar la Frontera, con la que el Eln disputó el control territorial durante 2018 y que a comienzos de este año fue golpeada con la captura de varios de sus integrantes.

Asimismo, la banda la Línea, que se ha encargado de controlar negocios de contrabando, paso de migrantes, narcotráfico, narcomenudeo, armas, víveres y presta servicios criminales como la extorsión y el sicariato en los municipios de Villa del Rosario, San Antonio y Ureña. Hasta el momento no se tiene claro si esta banda tenía una relación de subcontratación o subordinación al Clan del Golfo, lo cierto es que no tenían una relación de confrontación ni de competencia.

La guerra en 2019

Este coctel explosivo tuvo un punto de encuentro en 2019. Por un lado se produjo una nueva expansión del Eln. Hasta el año 2018, en la región del Catatumbo, el Frente de Guerra Nororiental de la guerrilla dedicó su táctica militar a ganar la disputa territorial que casó con el Epl. A finales de ese año, cuando salió victorioso y se posicionó como actor dominante en ese territorio, la capacidad bélica la canalizó hacia su consolidación y expansión por un corredor que va desde Arauca hasta Norte de Santander, incluyendo los estados venezolanos de Apure y Táchira.

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Por otro lado, con el fortalecimiento de la milicia y varios colectivos del país vecino, el Eln logró rápidamente establecer acuerdos. No es un secreto que entre la guerrilla y los colectivos y milicianos hay afinidades ideológicas. Además de eso, encontraron un objetivo común: arrinconar a las organizaciones criminales que hacían presencia y eran vistas como “bandas paramilitares”. De esa manera el Eln logró ganar terreno en esos municipios y el Clan del Golfo sintió que su control territorial se veía amenazado.

En tercer lugar, se ha producido un aumento de las rentas producto de economías ilegales e informales. Desde la ruptura de las relaciones bilaterales entre los gobiernos de Venezuela y Colombia, la ilegalidad aumentó. El hecho de que se haya cerrado el paso legal llevó a que la población venezolana comenzara a usar las trochas ilegales ya existentes y, por supuesto, a que se abrieran otras. El cobro extorsivo que se realiza en estos pasos ha sido disputado por el Eln, el Clan del Golfo y otras bandas criminales locales que buscan lucrarse por ese medio. Para la última semana de mayo, el costo del paso fronterizo se triplicó: quien quiera pasar debe pagar 15.000 pesos.

Por último, se produjo una reorganización criminal con el objetivo de combatir al Eln. En abril y mayo se presentaron una serie de acciones violentas en los cruces fronterizos. Alrededor de siete balaceras en los puentes y las zonas aledañas a estos y una serie de asesinatos selectivos en la zona fronteriza de Cúcuta. Solo a comienzos de mayo se conoció del autor de estos hechos: alias el Paisa, quien se identifica como integrante del Clan del Golfo. Este hombre difundió un audio en la región en el que anuncia que retomarían el territorio “a sangre y fuego”. En principio reconoció el asesinato de tres personas en la zona conocida como La Parada. Sin embargo, el número ascendió a siete en mayo y se desconoce si son autores de más homicidios.

“El Paisa” amenaza al Eln. Dice que en caso de no retirarse de la región los “descuartizarán y desaparecerán”, cosa que efectivamente sucedió con uno de ellos. Esa no fue la única amenaza, pues afirmaron que van a avanzar hacia sus zonas de control, es decir, el Catatumbo. Esta es una posibilidad que no se descarta, pues a finales de 2018 se conoció de una alianza entre el Epl y el Clan del Golfo para tomar el control de esa región.

El epicentro de la confrontación actualmente es Ureña. Para comienzo de mayo, las comunidades de los municipios afirmaron que, si bien conocían de la existencia de una disputa territorial, aún no se habían visto afectados directamente ni habían recibido amenazas. Sin embargo, a partir del audio difundido, se comenzaron a ordenar “toques de queda”, a prohibir algunas actividades durante el día y a amenazar a algunos grupos de personas, particularmente a los mototaxistas y comerciantes informales. Asimismo, aumentaron los asesinatos selectivos y el control en las trochas fronterizas y de los puentes que conectan con Venezuela. Esto derivó en una parálisis de las actividades en esos municipios, particularmente el cierre de negocios, de instituciones educativas, y los transportadores formales han evitado salir.

* Investigadores de la Fundación Paz y Reconciliación.

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2019-06-11T21:00:00-05:00

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Naryi Vargas - Ariel Ávila / Fundación Paz y Reconciliación

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La guerra en la frontera entre Colombia y Venezuela

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