La voz de las mujeres víctimas de Caldas

En su adolescencia, Ludirlena Pérez Carvajal fue víctima de violencia sexual. Hace diez años fundó una organización que atiende a víctimas como ella y a los hijos que les hicieron a la fuerza.

Ludirlena Pérez con la primera dama, María Juliana Ruiz, y las nominadas al premio. / Cafam

El video que anunciaba a la próxima Mujer Cafam, reconocimiento que se entregó en el Teatro Cafam de Bogotá, proyectaba la cara de mujeres tristes, en blanco y negro, mientras una voz dramática contaba que las víctimas de violencia sexual estaban marcadas por huellas indelebles, sin posibilidad de recuperar “la flor que les habían arrebatado”, que estaban dañadas para siempre, o así se sentían.

Ludirlena Pérez Carvajal lloraba a ojos del público. Sabía que la historia que retumbaba en las paredes del teatro era la suya.

No había necesidad para tanto dramatismo. Haber sido abusada sexualmente dos veces, torturada, humillada y desplazada es suficiente. Su apuesta es, precisamente, que las mujeres víctimas de violencia sexual son mucho más que víctimas. Ella es su propio ejemplo de resiliencia.

Aunque toda su vida como activista ha estado en Caldas, Ludirlena es llanera, oriunda de Granada (Meta), de donde salió desplazada hacia La Dorada.

En 2001, cuando tenía 16 años, fue abusada sexualmente por guerrilleros del frente 23 de las Farc, y en diciembre de 2004 fue violentada de nuevo por cuatro hombres armados del bloque Centauros de las Autodefensas Unidas de Colombia. La empalaron, la torturaron y la dieron por muerta.

Después de eso, intentó suicidarse cada vez que tenía la oportunidad. Jamás le contó a nadie lo que le había sucedido. Incluso estuvo un año en el Hospital Departamental de Villavicencio, porque cada vez que podía se agredía.

“Solo los antidepresivos me controlaban. Pero un día escuché a una mujer también víctima de violencia sexual hablar sobre su experiencia, y mi vida tuvo un éxtasis. Rompí el silencio, a pesar de las estigmatizaciones”, recuerda.

Cuando al fin habló, le preguntaron cómo iba vestida, por qué estaba fuera de casa tan tarde, le dijeron que seguro la habían violado por buscona, que quién sabe qué había hecho para ganarse ese mal.

“Esas palabras me las dijo la persona que me tenía que proteger. Las llevo en mi corazón, pero no con rencor, sino recordando lo dañinos que pueden ser los juicios hacia las mujeres”, recuerda.

En 2009, ella y dos mujeres víctimas de violencia sexual fundaron la Asociación de Mujeres Víctimas del Conflicto Gestionando Paz, que no solo se ocupa de atender a las mujeres víctimas, sino a los hijos que les hicieron a la fuerza y que ellas eligieron criar.

“Ver que una mujer continúa sus estudios, y le dice al dolor: ‘Te quedas lejos, porque yo voy a avanzar’, y comienza a querer a sus hijos, me hace grande”, dice Ludirlena.

Diez años después ya no son tres sino 32 mujeres las que hacen parte de Gestionando Paz y que prestan acompañamiento jurídico y psicológico a las mujeres víctimas de violencia sexual y a sus hijos.

Juana*, una de las mujeres que vinieron a Bogotá a apoyar a Ludirlena, rompe a llorar apenas habla de su hija de 30 años, producto de una golpiza y posterior violación perpetrada por su expareja.

Su hija no sabe que Juana vivió casi tres décadas con un nudo en la garganta, hasta que conoció a Ludirlena.

“¿Será que yo le transmití algún odio a la niña? Ludirlena me ha ayudado a entender que no y que ayudando a otras mujeres una se fortalece. En Gestionando Paz me he educado como líder social del Magdalena Medio y ahora estoy estudiando psicología. Me sueño con ayudar a mujeres con la misma experiencia mía, seguir compartiendo historias”, cuenta.

Gestionando Paz ha impactado a unas 5.000 mujeres, no solo en Caldas. “Lo que Ludirlena pretende es garantizar el derecho de esas mujeres que son o han sido víctimas. Su proyección es que en Colombia realmente se aplique la normatividad internacional con respecto a la violencia sexual y violencia de género”, explica Margarita Maya, de la Caja de Compensación Familiar de Caldas.

“Ludirlena nos llama y nos dice: ‘Movámonos que hay mujeres en peligro en tal lado’. Y activa una ruta para atenderlas jurídica, médica y psicológicamente. La sociedad suele culparnos por lo que nos pasó, pero hay que apersonarse de eso y seguir adelante”, concluye Juana.

Ludirlena tiene fama de estar en todas partes. Hace parte de la Red Nacional de Mujeres, fue representante del Comité de Justicia Transicional y participó en los trabajos de la Corporación Programa Desarrollo para la Paz en Magdalena Centro, además de estar a la cabeza de su fundación.

Desde los inicios de Gestionando Paz existen dos programas que enfrentan a viva voz el tabú de tener hijos producto de una violación, bien sea dentro de la pareja o en el marco del conflicto armado.

“Mi cuerpo es mi territorio” cuenta las historias de las mujeres víctimas de la guerra y las invita a apropiarse de nuevo de su corporalidad, a reclamar el espacio que merecen ocupar en el mundo.

“¡NO! también es una respuesta” se concentra en los jóvenes para educarlos frente a la violencia sexual. Muchos son los hijos productos de hechos de violencia.

El 2 de agosto de 2018, Gestionando Paz presentó 68 casos de violencia sexual en Caldas ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). También llevan casos de violencia sexual, feminicidios y ataques con ácido ante la justicia ordinaria.

El 25 de noviembre, Día de la No Violencia contra las Mujeres, es como un cumpleaños. Casi siempre se las ve en las calles de Pereira o La Dorada contando lo que les pasó, con carteles en alto.

Cuando recibió el premio a la Mujer Cafam 2019, que se entrega desde hace 31 años, Ludirlena dijo: “La mujer es gestora de paz y merece caminar por la calle sin temor a ser violentada (...). Hoy me siento orgullosa. Me siento feliz de romper el silencio, Con mi voz voy a incidir para que otras mujeres también lo hagan”.

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Helena Calle / @helenanodepatio

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La voz de las mujeres víctimas de Caldas

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