Las memorias que guardó Jesús María Pérez

El líder campesino, que murió el pasado martes, preservó durante más de 50 años los archivos de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, en Sucre. Por esa labor tuvo que burlar la persecución, que acabó con la vida de varios dirigentes, y causó que algunos militantes le quemaran sus bibliotecas.

Jesús María Pérez, fundador de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos. / Alejandra García.

Jesús María Pérez luchó contra el cáncer hasta el pasado martes. A pesar de que hace un mes su estado de salud era delicado, las luchas que dio con la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos nunca se borraron de su memoria. El líder campesino custodió la historia de esa organización hasta el último día.

Jesús María conoció de boca de sus padres la historia de Palmitos, vereda del municipio Los Palmitos (Sucre), donde siempre vivió. Sus antepasados llegaron a ese sector provenientes de Corozal hacia 1858 y empezaron a desarrollar labores del campo. “Esto eran bosques secundarios. Mis papás vinieron aquí y desmontañaron esto”, contaba Chucho sentado en una silla de madera en el patio, con piso de tierra, de su casa. Pérez nació el 30 de agosto de 1934.

Jesús María no pudo ir al colegio, pues cuando era niño no existían las escuelas rurales. Como consta en uno de los documentos que le entregó al Centro Nacional de Memoria Histórica, el único lapso en el que estuvo escolarizado transcurrió entre el 9 de febrero y el 26 de julio de 1947. Esa formación y las lecciones que, con poca paciencia, le dio su hermano Adelmo lo acercaron a la lectura y la escritura.

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Desde pequeño se acercó a la política. Lo hizo de la mano de su padre, que era un líder gaitanista de su vereda. Contaba que Palmitos era un sector totalmente liberal, por lo cual no hubo confrontaciones tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, pero el interés por la política se incrementó. Fue en el movimiento campesino donde reforzó sus habilidades lectoras.

El presidente Carlos Lleras Restrepo levantó las banderas de la reforma agraria. “No se puede tener tierra abandonada esperando que se valorice como fruto del trabajo ajeno”, dijo el mandatario. Para eso el Gobierno creó la ANUC en 1967. Se escogieron los departamentos de Sucre y Valle del Cauca para echar a andar esa organización. El Gobierno buscaba acercar a los campesinos a servicios del Estado como créditos, redistribución de la tierra y el fortalecimiento de las organizaciones. Pérez se vinculó a la organización el 19 de octubre de 1969, al ser elegido vicepresidente del Comité de Usuarios de su vereda.

“Cuando a nosotros nos hablaban de la ANUC eso era algo como sagrado, porque era la organización de los campesinos”, recordaba Pérez. En 1971 se reunieron delegados de varias regiones en Villa del Rosario (Norte de Santander). De ese encuentro salió la plataforma ideológica del movimiento campesino. “Reforma agraria integral y democrática que entregue (la tierra) rápidamente y de forma gratuita a quienes la trabajan o quieren trabajarla”, reza el documento.

Con orgullo también contaba que Sucre fue el departamento donde más negociaciones hicieron los labriegos con los terratenientes para lograr la redistribución de la tierra. Según el CNMH, en los años 70 y principios de los 80 las recuperaciones de tierra en ese departamento se centraron en Morroa, Colosó, Corozal y Los Palmitos. En este último municipio el foco fue la vereda Palmitos. “Esta era una zona de latifundios, imperaba un latifundio atrasado y era propicio para un programa de reforma agraria”, enfatizaba Pérez.

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Los obstáculos llegaron al poco tiempo de creada la organización. Misael Pastrana Borrero llegó a la Presidencia tras una controvertida jornada electoral en la que se enfrentaba contra Gustavo Rojas Pinilla. En contraste con las políticas de reforma agraria que impulsó el gobierno de Lleras, Pastrana firmó el Pacto de Chicoral el 9 de enero de 1972. Ese documento fue un acuerdo de los partidos políticos tradicionales con hacendados y terratenientes, que veían cómo el movimiento campesino empezaba a redistribuir la tierra. El Gobierno expulsó a la ANUC del Ministerio de Agricultura y empezó la violencia.

Jesús María perdió un primo y un sobrino en el marco de la violencia contra la organización. “Los acusaban de ser subversivos”, decía. José Rivera, uno de los fundadores de la ANUC, cuenta que “los terratenientes se pusieron de acuerdo en una cruzada nacional para acabar al movimiento como fuera. Organizaron bandas y la consigna era ir a asesinar a los dirigentes y darles bala a los campesinos”. Fue tal el grado de violencia contra la organización en ese entonces que la Unidad para las Víctimas adelanta un proceso de reparación colectiva.

La persecución fue más allá de las personas. Los archivos de los dirigentes también cayeron. Rivera se exilió en Europa y dejó sus documentos, entre los que guardaba archivos de la ANUC, a un amigo. Esa persona, tras ver cómo perseguían la documentación de la organización, decidió quemar toda la biblioteca.

Jesús María empezó a escribir sobre la situación del movimiento campesino y guardaba sus manuscritos. Entendió el valor histórico de los archivos, por lo cual decidió preservarlos. Para burlar la persecución, cambiaba periódicamente los documentos de casa en Palmitos.

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En el 2013, Pérez le entregó al CNMH 2.093 folios con información sobre el movimiento. Entre los documentos hay cartas que Jesús María le envió a personalidades nacionales como el exdirector de El Espectador, Guillermo Cano, y el dirigente del Nuevo Liberalismo, Luis Carlos Galán, defendiendo a uno de sus compañeros de ser víctima de un montaje judicial (ver recuadro). Esa institución le rindió un homenaje a Jesús María el pasado 22 de septiembre, a la reunión acudieron compañeros de lucha en la ANUC y personas de la vereda Palmitos.

Días antes conversamos en el estudio de su casa. Miraba con altivez las fotos en las cuales los campesinos de la región estaban tomando capacitaciones impartidas por profesores que llegaron hasta esa región del Caribe como producto del trabajo de la ANUC. Caminaba lentamente, adolorido. Cuando le llevaron la cena dijo, consciente de su estado de salud, “vamos a ver qué tanto podemos comer”. Su esposa y una de sus hijas lo acompañaban en su lucha contra el alimento.

Jesús María murió con la esperanza de que algunos de sus 26 nietos y 27 bisnietos se encarguen del archivo y terminen de restaurarlo. También soñaba que la organización volviera a ser lo que fue antes de los años de la violencia. “Sin organización no hay alternativas, los campesinos estamos en medio del desbarajuste porque no estamos organizados”, dijo.

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