Cuarta edición de los premios

Los educadores para la paz premiados por Colombia 2020

Un docente de Córdoba, un colegio público de Arauca y uno privado de Bogotá que le apuestan a la reconciliación fueron galardonados con el premio Constructores de País. Aquí sus historias.

(De izq. a der.) Juan Carlos Gaona, del Colegio Mayor; Emperatriz Montes, rectora de la Concentración de Desarrollo Rural, de Saravena, Arauca, y Javier Ladeuth Soto, docente del colegio Julio C. Miranda, de San Antero, Córdoba. / Cristian Garavito

La de 2019 es la cuarta edición de este galardón, entregado por Colombia 2020 en asocio con la Embajada de la Unión Europea en Colombia, el PNUD y Acnur. El reconocimiento resaltó las mejores prácticas aplicadas a la construcción de paz desde el sector educativo en Colombia. El premio está integrado por tres categorías: Instituciones educativas públicas, Instituciones educativas privadas y Docentes constructores de país. Cuenta con la dirección técnica de la Pontificia Universidad Javeriana.

El profesor que quedó en el primer lugar ganará una beca para hacer un diplomado sobre paz. Por su parte, los colegios ganaron talleres acerca de comunicación asertiva para la solución de conflictos y educación para la paz, en donde podrán participar máximo treinta personas.

(Vea aquí la transmisión del Premio Colombia2020)

Conozca aquí sus historias

 

Un profe en busca de las raíces de San Antero

Javier Enrique Ladeuth Soto, un cordobés de 43 de años, fue el docente galardonado con el premio Colombia 2020, por su programa “Catarapá: Un recorrido histórico y ecológico por San Antero”, que hace tres años rescata las raíces de este municipio “para que los estudiantes, a través de la investigación, afiancen sus conocimientos históricos de su región”, asegura Javier.

El nombre de la iniciativa ya nos devuelve en el tiempo. Catarapá fue el cacique zenú que, de acuerdo con las cartas de Indias de 1514 enviadas a España, repelió la entrada de los españoles con flechas envenenadas y se opuso a la colonización. Solo cuando los españoles lo capturaron y asesinaron pudieron entrar a la bahía de Cispatá. 

El proyecto promueve salidas pedagógicas de reconocimiento del territorio mientras repasa la historia local y nacional, así como fomenta el turismo ecológico y cultural en San Antero, Córdoba. Por ejemplo, en las salidas con los estudiantes de grado 10° y 11°, de la Institución Educativa Julio C. Miranda, identifican el lugar por donde inició su ruta por Colombia el científico alemán Alexander von Humboldt y van a la desembocadura del río Sinú, tan importante para el desarrollo de Colombia en el siglo XX. 
“Esto les ayuda a los estudiantes a identificar su territorio y les permite sustentar una nueva fuente de ingresos al poder brindar más adelante un recorrido de turismo histórico en la región, que está un poco desconectado con este corredor turístico del país: la bahía de Cispatá en el golfo de Morrosquillo”, aseguró Javier.

Una idea que ha fortalecido la formación de los estudiantes en humanidades e historia, y ha promovido la construcción colectiva de métodos investigativos. En ese camino, los estudiantes han usado las aplicaciones en sus celulares y cámaras para registrar ambientes de aprendizaje virtual y plataformas para la construcción y circulación de textos, aprovechando redes sociales como Facebook, Instagram y WhatsApp.

Sobre el premio Colombia 2020 a esta labor docente, Javier sostuvo: “Es muy satisfactorio este reconocimiento, porque le da valor real a la importancia de las raíces históricas en la formación de los muchachos. Este premio no es mío, es de los jóvenes que han creído en él. Formar en el pasado ayuda a los jóvenes a fortalecer su identidad y conocer su territorio; más en esta región, donde están expuestos a grupos armados”.

 

“Haciendo caminos”, Colegio Mayor Primeros Maestros

Fieles a la idea de que la reconciliación y la paz se construyen cerrando las brechas de inequidad se creó el programa “Haciendo caminos”, iniciativa del Colegio Mayor Primeros Maestros, apoyada por la empresa Teaching and Tutoring (T&T) y la Fundación Funpes, cuyo objetivo es formar a jóvenes que cometieron delitos y hoy están en el Sistema de Responsabilidad Penal Adolescente de Bogotá.

Para saldar sus cuentas con la justicia, la mayoría de estos adolescentes deben terminar su bachillerato. Pero las entidades distritales se dieron cuenta de que el sistema de educación tradicional no se adecuaba a sus vivencias, problemas económicos y deficiencias académicas. 

Fue así como el Colegio Mayor Primeros Maestros diseñó un programa especial, con ejes temáticos que abordan problemas reales que viven los estudiantes, para desarrollar sus competencias en lectura, escritura y matemática. 
Pero lo más importante para esta institución educativa es que su proyecto tiene énfasis en competencias ciudadanas, en donde los temas de conflicto, violencia, paz y reconciliación son protagonistas.

El programa se realiza de manera semipresencial, en la que los alumnos acceden a contenidos y actividades desde una plataforma virtual y asisten a sesiones de consultorías personalizadas y presenciales para complementar el proceso de aprendizaje. El acompañamiento es integral, pues la motivación también es parte fundamental de esta educación personalizada: “Nosotros creemos en las oportunidades, ¿y qué mejor opción que la educación? A nosotros siempre nos dicen que les estamos dando una segunda oportunidad, pero en realidad es la primera. Sus condiciones vulnerables no les dieron otras opciones. Y los mecanismos de defensa que han utilizado se resumen en agresividad. Apostarle a ellos es eliminar futuros generadores de violencia. Por eso lo primero era motivarlos y hacerles entender que son capaces y retomar las cualidades que ellos tienen para desarrollar otro tipo de competencias” , dice María Fernanda Gaona Stein, rectora del colegio. 
 

Un colegio que les da una oportunidad a los marginados en Arauca

Emperatriz Montes, rectora de la institución educativa Concentración de Desarrollo Rural (CDR) José Antonio Galán, del municipio de Saravena (Arauca), sabe que sus estudiantes son los marginados. Los que han dejado por fuera. De los 1.100 estudiantes que tiene este colegio público: 432 son víctimas del conflicto armado, 203 son migrantes venezolanos, 123 son hijos o familiares de excombatientes de las Farc y 72 tienen un familiar desaparecido. Lo sabe ella y lo sabe la comunidad educativa. En Saravena las siglas CDR han pasado a significar, despectivamente, “cerdos desarrollados rápidamente”. 


El detallado diagnóstico que tiene este colegio sobre sus estudiantes lo arrojó un censo que levantaron para tratar de comprender el bajo desempeño académico de sus muchachos. “Ahí empezamos a comprender el porqué. Un estudiante nuestro que llega a la casa y en la noche no sabe si va a comer porque dependen del rebusque del día a día, o donde es maltratado, o donde vive solo y hace su esfuerzo para poder llegar al colegio, ¿un estudiante de estos está en condiciones de aprender? ¿Un estudiante con estas características va a llegar a sentarse en un aula de clase a pensar en los casos de factorización? No. Ahí nos tocó repensar la escuela”, asegura la rectora Montes. 

Se trazaron su utopía. Ser un colegio referente en procesos pedagógicos y en formación agropecuaria. Además de preguntarse quiénes eran sus estudiantes, se preguntaron por el potencial que tenían como institución. Cogieron unos viejos lotes de tierra que el colegio no utilizaba y una maquinaria destartalada. Un puñado de profesores comprometidos y centenares de estudiantes aferrados a su escuela para emprender un proyecto de vida completaron las herramientas y se volcaron a trabajar la tierra. 

(Conozca más sobre los ganadores de la edición 2018 aquí)

Empezaron con lo que tenían: dos tractores y maquinaria agrícola, 600 árboles de cítricos, tres hectáreas cultivadas de cacao, zonas verdes, un sendero ecológico, galpones, porquerizas y bosque. Pero la apuesta de este colegio es colectiva. Se involucró a las familias y el sueño ahora es que esas tierras produzcan comida e involucrar a los estudiantes en ese proceso de volverlas productivas, “pero sobre todo crear comunidad educativa y que vean a sus padres trabajando en ello”.

Los resultados han sido contundentes. “Antes había que ir a buscar a los estudiantes porque no llegaban, vivíamos con una matrícula alcanzada. Hoy tenemos alrededor de 300 solicitudes para un cupo en el colegio en 2020”. Ello, además, porque en esa zona fronteriza no se ha detenido la migración venezolana hacia Colombia. Asimismo, la deserción disminuyó. En noviembre de 2018 la deserción escolar en esta institución rondaba el 10 %. Este año, apenas supera el 1 %. “Y eso que apenas estamos comenzando”, concluye Montes. 

(Lea: Los obstáculos que enfrentan los docentes rurales en Colombia)

893271

2019-11-28T07:23:02-05:00

article

2019-11-28T07:23:02-05:00

nherrera_250619

colombia2020

Colombia0/ @EEColombia2020

País

Los educadores para la paz premiados por Colombia 2020

55

9583

9638