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Marta Rodríguez: La Sinfónica de Los Andes y el amor eficaz de Camilo Torres

La cineasta habla sobre su último documental, que muestra la manera en la que la guerra ha afectado a los niños y niñas indígenas nasa del Cauca. Dice que es necesario sacarlos del olvido, pues los medios no registran sus muertes. También cuestiona la posibilidad de una paz con el Eln.

Marta Rodríguez ha pasado la mitad de su vida trabajando en el Cauca. / Fotos: Cortesía Marta Rodríguez.

La música puede ser otra forma de memoria, un lenguaje ancestral de ritmos que marcan el compás de las pérdidas, pero también de la posible esperanza. La Sinfonía de Los Andes, última obra documental de Marta Rodríguez, justamente demuestra cómo los instrumentos y el proceso de formación en la música de jóvenes del pueblo indígena nasa han podido narrar los horrores de la guerra, una que se ha llevado a muchos niños y niñas a causa de las minas antipersonal y los explosivos. La sinfonía es el mensaje que se siembra sobre el territorio, como el ombligo de los recién nacidos nasa, para insistir en el cuidado de la vida y la identidad. En entrevista para Colombia 2020, Marta Rodríguez comenta su cercanía con la comunidad nasa, sus visiones sobre la guerra, la dificultad para la reconciliación, el legado de Camilo Torres -quien fue su maestro- y los impedimentos para una paz con el ELN.

La cineasta lleva trabajando en el Cauca casi cuarenta años. Allí realizó los documentales Nuestra voz de tierra, memoria y futuro en 1971, año de creación del Consejo Regional Indígena del Cauca, Amapola, la flor maldita en 1998 y este año estrena La Sinfonía de los Andes una serie de relatos sobre unos niños nasa que perdieron su vida por el conflicto armado en Colombia. Los paisajes que plantea son también rostros, amigos, familiares, espacios, que sin esas presencias que antes los llenaban de vida quedaron para seguir honrando la memoria de sus muertos.

Rodríguez, al referirse a su última película, La Sinfonía de los Andes, se desdibuja de los estigmas que atraviesan a los nasa señalando que estos son una comunidad pacífica y que es mucho lo que se puede aprender de ellos para entablar un escenario de paz: “Lo que quieren es recuperar sus tierras, su historia, su cultura. Tienen una gran riqueza cultural, no son comunidades violentas. Pero es que el Cauca lo llamaban la Sierra maestra: allá llegaron M-19, PRT, Quintín Lame, elenos, todos los grupos guerrilleros llegaron al Cauca. Y el sexto Frente Jacobo Arenas, que el más guerrero y más violento, tenía talleres hechizos en que hacía armas: minas, cilindros de gas que son mortales, tatucos. Y el último documental, La Sinfónica de los Andes, es sobre los niños que mueren por el uso de esas armas”.

 
 

Su propósito con el documental es hacer un homenaje a estos niños, niñas y jóvenes, pues el registro mediático de sus impactos por el conflicto armado se limita regularmente al reclutamiento. Marta implica el imperativo de “sacarlos del olvido, porque la prensa no registra que murió un niño indígena”. Y el documental surge, precisamente, de la propia experiencia de estos jóvenes: “Ellos venían con canciones y fotografía de los niños que habían muerto, que eran sus compañeros, sus amiguitos. Y fue bellísimo, porque ellos hacen canciones a los que recluta la guerrilla, o a los que desaparecieron, o los que se fueron; o también porque los asesinaron. Y ahí estaban las niñas y ese fue el origen de la película”.

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De Marta Rodríguez se hace particular su crítica también frente a las realidades que le se son cercanas. De los nasa, por ejemplo, comenta que se les fue la mano en los últimos paros realizados en la autopista panamericana: “Mucha gente tiene que comercializar sus víveres y se arruinaron. Cuando cogen a piedra las oficinas del CRIC son gente desesperada, entonces sí, ellos bloquean las carreteras que es una forma de protesta. Pero se le fue la mano un poquito, porque se crearon rabias y odios y ya hay mucho rechazo por el indígena. [...] Pero las mingas han sido su arma de protesta, entonces ¿qué hacemos?”

La dificultad para la reconciliación

El horror de la muerte no lo encaran solo los jóvenes que hacen parte de la Sinfónica. También se muestra el desconsuelo de las familias que sienten un vacío absoluto y un impedimento para perdonar: “Cuando yo entrevisto una mujer cuya hija de 11 años murió por esquirlas porque un guerrillero lanzó un tatuco, porque los combates eran encima de los resguardos, se metían en las casas y se enfrentaban [...] Esta mujer que pierde a su hijita dice: ‘yo no quiero ver, cuando tengo que mirar me tapo la cara. Yo no quiero ver guerrillero ni quiero ver nada que sea militar, nada. Yo no puedo acusar, pero yo no quiero ver a esa gente porque nadie me va a devolver mi hija’”.

“El otro caso, el de un matrimonio. Sebastián, de cinco años, y su mamá están esperando a Cristian. Por una granada perdió a ambos. Se despierta, se reconcilia y logra tener otro hijito. Y ella dice: ‘pues el perdón es que yo pueda entender este horror que nos pasó’. Ella quedó muy maltrecha”. De lo que surge la pregunta: “Perdonar, ¿cómo?”.

 
 

Para Marta es necesario un trabajo de pedagogía y acompañamiento, en las diferentes regiones, que dé cuenta y explique qué implica ser un sujeto político y de derechos. “Habría que hacer una campaña de información más de cerca para que ellos (los nasa) supieran que tienen derechos. Hicimos otras películas en el Urabá con gente afro que los paramilitares les quitaron la tierra, les mataron el marido, los desplazaron, y allá los metieron en un coliseo en Turbo cuatro años. Soraya dice: ‘no sabía que tenía derechos, que podía reclamar esa tierra, no sabía’. Son campesinos aislados en el Atrato que no tienen la educación ni los medios. Yo creo que sería muy importante un trabajo de educación, de información, de acompañamiento”.

La persistencia de todas las modalidades de violencia en el territorio Nasa es una de sus mayores preocupaciones: “es muy duro ver que el Cauca sigue siendo una zona de conflicto, porque cuando hicimos el documental en el 2017 se había recién firmado la paz. Y realmente la gente estaba contenta, pensando en volver a los territorios, como sintiendo. Y logramos estar dos meses y circulamos por todo el norte del Cauca, que hoy es un hervidero. Sin embargo, la Sinfónica como proyecto comunitario se plantea para sobrellevar el pasado y el presente: “cuando hay un crimen como la familia de estos dos niños que mueren, ellos quedaron muy golpeados, la música los une, les da fortaleza y ahí están”.

 
 

Sus propósitos con la música y la conexión con su cultura los lleva a hacer frente a los tantos efectos indeseados de la violencia, como el abandono del territorio: “Por aquí ha llegado mucha gente nasa que ha tenido que desplazarse. Aunque el nasa, cuando nace el niño, el cordón umbilical lo entierran. Él no se puede ir porque su cordón umbilical está amarrado a la tierra. Y ellos poco se van, realmente si uno mira, abandonar la tierra muy pocos. Sí han salido, hay un cabildo aquí en Bogotá, pero generalmente los jóvenes uno encuentra que ellos en la música han encontrado una forma de expresar, como de decir: no nos vamos con la guerrilla, que les ofrece armas, plata, todas esas mentiras. Y han visto que muchos van y al poco terminan perdiendo la vida. Muchos les ha demostrado que eso no es salida porque los compañeros que se van aparecen muertos. Ellos tienen esperanza que con su lucha puedan cambiar las cosas.”

El legado de Camilo Torres y la incansable paz con ELN

Marta no deja de lado la experiencia que supuso recibir clases de Camilo Torres, cuando estudió sociología a finales de los cincuenta en la Universidad Nacional: “Camilo fue mi guía prácticamente en todo, y me lleva a Tunjuelito y allá encuentro a la comunidad de alfareros. Y ahí nace mi primera película en el 59 [...] El amor eficaz ha sido el lema, yo hago cine por este cura que me enseñó el amor eficaz”. A lo que agrega un riguroso uso de la antropología, con los estudios etnológicos de Levi-Strauss y la escuela francesa, y de la Investigación Acción Participativa de Orlando Fals Borda.

Esto lo dice ver reflejado tanto en las realidades que retrata, como en el vínculo que establece con ellas. Para Marta la labor de su cine no termina con el documental: “Toda la vida. Con los Chircales seguimos amigos toda la vida, logramos cuando la película le fue bien, se ganó no sé cuántos premios, la consideraban un clásico entonces las televisiones europeas nos produjeron la película. Mucho la televisión alemana. La familia compró un lote, hizo una casita, ahora tienen su casa, no están en el barro. Siempre seguimos. Yo llevo en el Cauca casi 40 años, cuando hicimos Nuestra voz fue en el 71 que se creó el CRIC. Luego hicimos Siete amapolas. En el Cauca ha pasado la mitad de mi vida, les tengo mucho aprecio”.

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Con Camilo Torres tuvo también sus desacuerdos, pero quizá su mayor dolor es el uso que el ELN ha hecho de su imagen y más aún del anterior paro armado realizado en la fecha de su muerte: “No le hacen ningún honor. Es utilizar su nombre ¿quemaron cuántos carros? ¿Volaron cuántos oleoductos? ¿Cuánta gente han secuestrado y asesinado? ¿Eso es amor eficaz como decía Camilo? El lema de Camilo era el amor eficaz. Que cometió el gran error de creer la vía era la lucha armada, porque él decía ‘la burguesía jamás va a entregar el poder, si no es por las buenas, es por las malas’ y creyó falsamente en que irse para allá le abría el camino”.

Y es así, que la posibilidad de paz con esta guerrilla la ve lastimosamente lejos: “Son gente muy radical, ya están viejos. ¿Cuántos diálogos ha habido con ellos? [...] Empezar unos diálogos que tomarían años y no paran secuestros, no paran volar oleoductos. Ahora están con paro armado, cuanta gente perjudican desplazándola, amedrentándola. ¿Eso es lo que Camilo les enseñó? Lo que hicieron fue aprovechar el muerto más valioso para ellos: el cura Camilo Torres. [...] Si hay un mago que pueda dialogar con esos señores anquilosados que se meta en eso, pero el presidente no tiene ninguna intención, no quiere. Ahí está esa pesadilla”.

*Zea es Antropóloga de la Universidad de Antioquia y Ortega es investigador Centro de Investigación y Educación Popular CINEP/PPP

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María Clara Zea y Henry Ortega*

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Marta Rodríguez: La Sinfónica de Los Andes y el amor eficaz de Camilo Torres

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