Mujeres víctimas del conflicto inauguraron su restaurante en Bogotá

De lunes a viernes, Atavico abre sus puertas para que los habitantes de la capital puedan disfrutar de platos típicos de todas las regiones del país, como carne desmechada, sancocho de pescado, bandeja paisa, ajiaco, sobre barriga asada, entre otros.

El restaurante estará ubicado en la localidad de Teusaquillo, en la transversal 29 #37-28, barrio La Soledad. Cortesía

Armar la maleta, llenarla de ropa y de miedos. Tomar un bus con las pocas monedas que alcanzaron a reunir y huir. Correr para alejarse de la muerte. Llegar a una ciudad enorme, por momentos hostil, y buscar la manera de sobrevivir. Sobrevivir a sus precios, al hambre, al frío. Sentirse solas. No sentirse de ahí, pero tampoco de allá. Y luego sacar fuerzas para sacudirse e inventarse la manera de seguir. Porque la vida sigue, como la guerra.

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Con la necesidad de sacudirse y también con las ganas de emprender y de buscar su espacio en la capital, 30 mujeres que forman parte de la Asociación de Mujeres Campesinas, Negras e Indígenas de Colombia (ANMUCIC) se unieron para darle vida a Atavico, un restaurante creado por víctimas del conflicto armado, quienes, tras sobrevivir a la violencia, decidieron organizarse para tener una vida digna, a través de la sabiduría gastronómica que hay en sus regiones. O, como prefieren decir ellas, un proyecto de reparación exitoso.

Al menos 30 integrantes de ANMUCIC se capacitaron en gastronomía, servicio al cliente y administración de microempresas.

 “Atavico significa comidas ancestrales. Queremos traer los alimentos típicos de las regiones, como el maíz, la panela, la yuca, el plátano, y jugar con lo que sabemos”, cuenta María del Tránsito Nieves, una de las integrantes de ANMUCIC. Por eso, de lunes a viernes, los visitantes podrán encontrar en Atávico todo tipo de platos: desde sancocho de pescado y arroz a la marinera hasta sancocho trifásico, bandeja paisa, ajiaco, cocido boyacense, sobre barriga al horno, carne desmechada caribeña, entre otros.

Aunque suene a prejuicio, están convencidas de que ellas tienen dos ventajas que las ayudará a sobresalir entre los centenares de restaurantes que alberga Bogotá. La primera es que sus platos los preparan sus cocineras desde muy pequeñas. Saben trucos que han pasado, como secretos, entre generaciones. Y segundo, que ha sido un espacio construido con dignidad y, por supuesto, con el amor que la guerra no les arrebató.

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“Queremos mostrarles nuestros intereses de hacer parte de esta sociedad. Como víctimas queremos ser observadas por nuestra alegría y no sólo por nuestras tristezas. Y demostrar que somos capaces y que el flagelo de la guerra no nos ha doblegado, sino que nos ha fortalecido. También queremos demorar que somos mujeres capaces, que nada nos queda grande, que tenemos metas y sueños”, dice Nieves.

Reconocen que los anhelos no se construyen solos, ni de la noche a la mañana. María Eugenia Páez, otra integrante del colectivo, asegura que llevan tres años diseñando un espacio y una identidad; perfeccionando sus técnicas de cocina y sus maneras de atender a los clientes; aprendiendo de cómo se administra una microempresa; cultivando una creatividad que estaba escondida por el miedo. Lo hicieron entre ellas, pero también con otras organizaciones, como el Ministerio de Trabajo, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, la Secretaría de Desarrollo Económico de Bogotá y la Alta Consejería para las Víctimas.

El restaurante Atavico está ubicado en el barrio La Soledad. Abre sus puertas de lunes a viernes. 

Hoy estas entidades destacan la labor de estas mujeres, que hoy se lanzan al emprendimiento con un amplio proceso de aprendizaje. “Es un motivo de orgullo haber implementado el Plan Integral de Reparación Colectiva para ANMUCIC en Bogotá. Hemos contribuido a la puesta en marcha de proyectos productivos y la generación de ingresos para recuperar y fortalecer la capacidad productiva de esta organización, integrada por mujeres que identificaron oportunidades de unión y progreso a nivel individual y colectivo”, afirmó Gustavo Quintero, alto consejero para las Víctimas del Distrito.

El restaurante, ubicado en la localidad de Teusaquillo (transversal 29 #37-28, barrio La Soledad), también brindará el servicio de eventos sociales y cada día ofrecerá un menú diferente. Por ejemplo, para el lunes habrá comida andina y cundiboyacense; para los martes ofrecerán platos de la región Caribe y para los miércoles decidieron consentir a los antioqueños. Ellas serán las encargadas de elaborar los productos y también de brindar el servicio.

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Todas están a la expectativa, pero confiadas de lo que ha hecho hasta ahora, no sólo en el restaurante, sino en una lucha que arrancó desde la década de los ochenta, época en la que nace ANMUCIC con el objetivo de reivindicar los derechos de las mujeres campesinas víctimas de la guerra en Colombia.

ANMUCIC es una organización emblemática para el país. Comenzó como una organización que debía garantizar la participación de las mujeres en el sector rural. Fue con Política de Mujer Rural de 1984, cuando por iniciativa del Ministerio de Agricultura se creó, pues hasta ese momento lo rural estaba representado por la ANUC (Asociación Nacional de Usuarios Campesinos) y sólo el 3 % eran mujeres.

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Desde entonces han mostradola importancia de las campesinas, sus tradiciones ancestrales, su defensa del territorio y la necesidad de darle cabida a la paz que, a pesar de no haber llegado del todo a sus regiones, siguen anhelando en la distancia. La guerra sigue, pero la vida también. Y ellas están lejos de darse por vencidas.