Profesores del Pacífico y los Llanos le apuestan a cátedra de paz y estudios afro en el Meta

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Los educadores crearon un currículo que fusiona ambas cátedras que busca cambiar la educación del departamento. Consideran que son herramientas de construcción de paz en los colegios que pocos implementan.

Yonnit Caicedo terminó en el 2004 una licenciatura en la Tecnológica del Chocó y debutó como profesor a tres cordilleras y 500 kilómetros en la sierra de la Macarena. “Hice una rumba de una semana con el nombramiento y me fui con los ojos cerrados. Allá conocí a la guerrilla”, dice. Le tocó la guerra al pie del salón: colegas asesinados, sembradíos de coca, él y los estudiantes guareciéndose bajo los escritorios durante uno de los bombardeos. Al cabo de una década de enseñar en zona de guerra, se fue para Granada, a un par de horas de Villavicencio, y se dio cuenta de que los estudiantes sabían poco sobre el conflicto, casi nada sobre el Pacífico. “Cuando llegué al [Colegio] Brisas de Iriqué (...), ellos me dijeron: ‘profe, nos interesa, por qué no empezamos a hablar o investigar qué es la paz’”. Empezó a crear rutas por la paz y otras actividades para hablar sobre el conflicto armado y contarles a los estudiantes sobre las comunidades afrodescendientes del Pacífico.

Caicedo no es un pionero, sino parte de una generación de educadores del Chocó que han llegado al Meta en busca de trabajo. Celene Córdoba cuenta que de la Universidad Tecnológica Diego Luis Córdoba salían muchos licenciados. Varios encontraron trabajo en la región del Ariari, ella en Puerto Concordia, antigua Zona de Distensión. “Como dicen en el argot popular, nos tocó comer monte. (...) Fue una experiencia peligrosa pero bonita”. Córdoba, Caicedo y otros educadores del departamento han tomado la iniciativa de crear en su aulas espacios para hablar del conflicto y la diversidad étnica. Ahora, están haciendo un esfuerzo para convertir todas esas iniciativas aisladas en un proyecto educativo departamental.

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Desde el 2019, 30 docentes se juntaron para crear un currículo para los colegios públicos del departamento que toma elementos de la Cátedra de Paz y la Cátedra de Estudios Afrocolombianos. El resultado es Ceapaz, una cartilla que, esperan, guiará a los profesores de los 134 colegios públicos del departamento en el esfuerzo de crear un proyecto educativo que realmente responda a las necesidades étnicas e históricas del Meta.

Hace años la ley ordena lo que estos educadores están buscando para sus salones de clase. Primero fue la ley 70 del 93 que, fuera de establecer los derechos territoriales de las comunidades negras, es una promesa educativa. La marginalización de los afrodescendientes tiene un reflejo directo en su ausencia en el currículo de los colegios. “Cuando un niño sale de quinto, sabe de la independencia por los criollos. Sabe que hubo un mundo prehispánico (...), pero no les cuentan una sola coma de cómo llegaron los africanos a América”, explica Maria Isabél Mena, magíster en investigación social y estudiosa de los procesos educativos de las comunidades afrodescendientes. La Cátedra de Estudios Afrocolombianos (CEA) se estableció en el 98 para suplir esa ausencia, pero, según Mena, le quedó grande al Estado: “No conozco el primer el primer informe del Ministerio de Educación Nacional que diga que la cátedra está progresando”.

La Cátedra de Paz es más reciente, pero desde que se estableció en 2014 empezó el recorrido fallido de la CEA. En entrevista con la Revista Semana, Cristina Navarro, directora de Pedagogía de la Comisión de la Verdad, dijo que la Cátedra de Paz está “desvirtuada o dormida” en los colegios. Se pierde con eso la oportunidad de promover la construcción de paz en los colegios con contenido sobre competencias ciudadanas, entre ellas el reconocimiento de la diversidad étnica.

Nilson Ibagón, doctor en ciencias de la educación y profesor de la Universidad del Valle, asegura que ambas cátedras son, en esencia, herramientas para una educación que responda a las necesidades del país. “Los currículos eurocentrados han facilitado la negación de otras formas de ver, ser y estar en el mundo”, señala. Para él, las cátedras pueden contribuir a que esas otras formas de vida tengan un espacio en el proyecto educativo nacional. “Esa configuración del ‘nosotros’ me parece que es lo clave en las dos cátedras, ese reconocimiento de que hay formas de pensar distintas”, agrega Ibagón.

Los profesores del Meta se enfrentan a diario a los vacíos del currículo. Los colegios públicos del departamento tienen un estudiantado de 5143 jóvenes afro, indígenas y rom en clases con pocas herramientas para abordar la diversidad étnica y la resolución de conflictos. “El rescate de la dignidad humana es fundamental, porque los muchachos discriminan. Y esa manera de discriminar a veces no es porque ellos quieran, es algo que han aprendido y hay que desaprender” afirma Celene Córdoba y añade que ese desaprender está conectado a la reflexión en torno a la memoria de los estudiantes, sus familias, sus regiones. “De pronto usted no es un prócer de la paz pero usted tiene familia. (...) Usted tiene historia y hace historia, y de usted depende qué historia deja”.

Con el apoyo de la Secretaría de Educación del Meta y el programa Propaz, de la Agencia Alemana para de Cooperación Internacional (GIZ), un grupo de 17 profesores encontraron la posibilidad de fusionar la cátedra de paz y la de estudios afro. Alfredo Sánchez, uno de los maestros, explica que entre ambas identificaron suficientes intersecciones para plantear una malla que las aborda, con los estudios afro como punto de entrada para abordar otras culturas y etnias.

La malla va de preescolar a once y, señala, a partir de lineamientos del Ministerio de Educación. Además cuenta con los ejes en los que deben trabajar los maestros, las competencias de cada uno, las áreas o clases en las que se pueden desarrollar e ideas de actividades o discusiones para hacerlo. A grandes rasgos: el preescolar es para aprender a identificar las propias emociones y familiarizarse con las de sus compañeros; entre primero y tercero, ese conocimiento se expande hacia las diferencias y similitudes físicas y culturales con un enfoque en derechos humanos; en cuarto y quinto, los estudiantes construyen y relatan las historias de sus familias y sus regiones, escuchan las de sus compañeros. En sexto y séptimo, empiezan a pensar en las consecuencias de la discriminación y el acoso escolar. La diversidad étnica es una pieza fundamental, con un eje dedicado a las culturas afrodescendientes; en octavo y noveno, exploran esa diversidad en clave de las reivindicaciones de los pueblos indígenas y afro, y en décimo y once afianzan una visión crítica sobre el modelo político y económico del país y su conflicto armado.

En lugar de pensar en una asignatura, los profesores le apostaron a la transversalidad, de manera que la cartilla servirá para que los profesores de varias áreas, especialmente, ciencias sociales, español, ética y democracia, incluyan actividades sobre construcción de paz y apreciación de la diversidad. Nilson Ibagón advierte que, en pedagogía, la transversalidad tiene el potencial de expandir el campo de los contenidos a varias materias, pero puede terminar siendo una desventaja, porque el seguimiento es más difícil y la responsabilidad se diluye entre varios profesores y clases. Los creadores de Ceapaz esperan resolver este reto en la implementación.

Van a empezar 14 de los colegios con 18 de los docentes que trabajan que construyeron la cartilla. Durante este primer año, los profesores van a registrar sus actividades. Estas primeras experiencias, más una caja de herramientas en línea con recursos como contenidos sobre paz e interculturalidad, además de ideas para actividades didácticas, textos y videoconferencias, serán las herramientas para que los profesores de otros colegios empiecen a usar la cartilla en sus clases.

“Aquí va a haber resistencia, porque es algo que los profes no estaban manejando, no lo estaban haciendo (...)”, señala Celene Córdoba. Hay que empezar por hacer un proceso de sensibilización muy bueno, porque llegar a hablar de una cátedra, así no más, no tiene sentido. Tiene uno que hacer cosas para enamorar a la gente". Esperan que 57 colegios estén usando la malla curricular hacia el 2022 y los 134 colegios públicos del departamento hacia el 2023. La Secretaría de Educación del Meta está preparando una serie de formatos para hacerle seguimiento a la implementación y determinar si la apuesta de la transversalidad está dando resultados.

Para Nilson Ibagón, hay oportunidades en la articulación de las CEA y el fomento de culturas de paz en los colegios. Una de las más importantes, es la comprensión del conflicto armado desde sus causas profundas, entre ellas la diáspora africana. “El conflicto armado se entiende desde los grupos -guerrilla, paramilitares- pero muy poco desde las víctimas y desde una lectura histórica”, dice. “Si no hay un resarcimiento histórico, por ejemplo, con comunidades negras, todo intento de hablar de paz se va debilitando”.

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Por su parte, Maria Isabel Mena, las Cátedras de Paz no se pueden pensar sin un protagonismo de las comunidades afrodescendientes, pero las Cátedras de Estudios Afro necesitan su propio espacio en los currículos. “La cátedra tiene mucho por hacer ella solita por hacerle entender a la nación que es parte constitutiva de ella, que colombia no fuese lo que es sin el aporte de la gente africana en situación de esclavitud. Es una misión muy grande que no se puede entrar a confundir con otras temáticas”, dice. “La Cátedra [de Estudios Afrocolombianos] tiene que superar el tema de que áfrica es igual a esclavitud y tiene que remontar el viaje del animal humano con una mirada de larga duración. Tendría que explicar por qué áfrica es la cuna de la humanidad.”

Los profesores creadores de Ceapaz no pretenden saldar la deuda del sistema educativo con las comunidades afro, pero están convencidos de que su currículo puede fomentar espacios de celebración de la diversidad hasta ahora ausentes en las aulas del Meta. Celene Córdoba cree que los maestros de cada departamento tendrán que encontrar las iniciativas que se ajusten a sus historias y poblaciones. Espera, como sus colegas, que Ceapaz sea para los profesores del Meta la manera de dar clases que le hagan justicia a la constitución. “Colombia, ese nombrecito que pusieron en la constitución, los tipos se tiraron un cabezazo: biodiverso, pluriétnico y multicultural, incluyendo a todos”, dice. “Si todos somos así, entonces tengamos un conocimiento holístico de todo el país”.

*Periodista y profesor de cátedra del Centro de Estudios de Periodismo de la Universidad de los Andes. Consultor de GIZ para el mapeo de iniciativas de construcción de Memoria y de Memria.org para la Beca Viva Voz, un proyecto con la Comisión de la Verdad para el fomento de proyectos narrativos en audio sobre la construcción de paz.

Una serie sobre esfuerzos de organizaciones

Aunque la construcción de memoria histórica suena a posconflicto, muchas organizaciones de la sociedad civil la están pensando como herramienta de construcción de paz en medio de la violencia. Hay, además, usos y concepciones de la memoria histórica al servicio de diferentes necesidades de la sociedad civil. Las seis historias de este especial son perfiles de organizaciones que están usando la memoria histórica a sus maneras: la memoria para la búsqueda de desaparecidos en el bajo Atrato, para la convivencia en el Catatumbo, para la construcción del proyecto de vida de un pueblo indígena del Putumayo, para la rearmonización de excombatientes nasa en el norte del Cauca, para la educación inclusiva en el Meta, y para el fortalecimiento del trabajo de base de las mujeres en el bajo Cauca.

Estos perfiles fueron el resultado de un mapeo de iniciativas de memoria de Propaz, programa de la Agencia Alemana para la Cooperación Internacional (GIZ). Los territorios elegidos son aquellos en los que GIZ trabaja con la sociedad civil y los que la Comisión de la Verdad priorizó para sus para la No Repetición de la Comisión de la Verdad. Entre las seis regiones, reúnen más de un tercio de los municipios PDET.

Las iniciativas de sus comunidades destacadas en estos perfiles son muestras de la enorme resiliencia de la sociedad civil y sus esfuerzos por construir paz en algunos de los territorios más afectados por el conflicto armado. Pueden señalar caminos para otras organizaciones e iniciativas en la construcción de políticas de paz, en la defensa de los derechos humanos y la creación de espacios pedagógicos para comprender los efectos de la violencia.

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