El lanzamiento será del 27 al 31 de octubre

“Victoria”, el significado de ser un reincorporado en el ETCR Pondores

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El director de cine Houmehr Etminani y un grupo de reincorporados de las Farc de La Guajira crearon un documental de ficción sobre la vida después de la guerra. La obra se estrenará en el Festival Internacional de Cine Documental, en Argentina.

Tras huir de Irán a los trece años, por la guerra que su país tenía con Irak en la década de los 80, tras vivir 25 años en Barcelona, el director Houmehr Etminani llegó a Barranquilla para hacer lo que tiene impregnado en su esencia: relatar episodios de conflicto y paz a través del cine.

En uno de sus semilleros de investigación como docente en la Universidad del Atlántico, conoció la historia de Yesli Hernández (Mayuza), una estudiante que dejó su vida en Barranquilla para comenzar de nuevo en el Espacio Territorial de capacitación y Reincorporación (ETCR) Pondores, en Fonseca (La Guajira). Mayuza fue una líder estudiantil que no solo creía en la paz, sino que veía en la conformación del partido FARC una posibilidad de contribuir a generar los cambios que necesita el país.

Allí Yesli conoció el amor con Gaspar, excombatiente de las extintas Farc, llamado así en los años de guerra, con quien lleva más de dos años de romance. Sus relatos enamoradizos y su constante narración de cómo la gente vive allí, forjando una comunidad, acatando las transiciones hacia la paz y luchando para ver materializada la implementación del Acuerdo de Paz, convencieron a Etminani para contar a su estilo, con una obra ficción-documental, la historia de este ETCR. La llamó Victoria.

“En la película, Mayuza simboliza a una excombatiente y la película gira en torno a ella. A través de sus ojos, queremos mostrar las dificultades que puede tener un reincorporado para volver a la vida civil, a casi cuatro años de la firma del Acuerdo de Paz. Ella representa a las personas en Pondores que, a pesar de cumplir con lo pactado en La Habana, al día de hoy no tienen vivienda y los proyectos que el Estado les ha prometido para trabajar en la legalidad se han aplazado mes a mes”, afirma Etminani.

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El director, quien asegura que no le gusta hacer películas con los estándares convencionales del cine clásico, en los que según él todo está explicado y las historias se cuentan solas, propone que Victoria es un espacio en el que el espectador debe deducir lo que vaya pasando, para así sacar sus interpretaciones y conclusiones. “Yo no informo, sino sugiero. Quiero un cine vivencial en el que la gente construya la película en su cabeza y en su corazón para que la puedan reflexionar de una manera más profunda, para que asimilen que los procesos que abarca una reincorporación se tienen que interiorizar seriamente”, agrega el iraní.

A su vez, Etminani piensa que películas del corte de Victoria le hacen bien a América Latina, teniendo en cuenta que para “saldar deudas históricas por falta de relatos propios, se necesitan miradas precisas y locales”.

Por tal motivo, le agradece a los excombatientes que participaron en la actuación de su película, pues con su disposición y ganas de aprender “le dieron una óptica conmovedora y sincera al largometraje”, comenta.

La primera ventana que tendrá el largometraje será el Festival Internacional de Cine Documental en Buenos Aires (Argentina), del 27 al 31 de octubre. Etminani y Mayuza explicaron que la razón de no haberla lanzado primero en Colombia fue porque “aplicamos a diferentes eventos locales, como el Festival de Documentales de Bogotá, pero en unos casos no obtuvimos respuesta y en otros la película no fue seleccionada. Estamos contentos de que este proyecto de paz en Pondores será visto fuera de nuestras fronteras; sin embargo, queremos hacer un estreno paralelo en Colombia”.

“Hasta la victoria siempre”

La frase con la que Ernesto Che Guevara se despidió de Cuba siempre rondó por la cabeza de Etminani. Desde los bombardeos en la guerra pérsica, que vivió durante su infancia, o como testigo de la transición hacia la paz en Colombia, por momentos truncada por otras violencias, el director ha creído firmemente en que tarde o temprano los logros y victorias son los que prevalecerán en un escenario que vivió la crudeza de un conflicto armado.

Sin embargo, el nombre de la película no se le puede atribuir a una frase ajena al contexto colombiano. Todo surgió a partir de una casualidad, que fue una muestra más del éxito que se puede lograr en una etapa de reincorporación.

Mayuza cuenta que el nombre de la película fue fruto del amor entre ella y Gaspar: “Las grabaciones de la película venían bien. Nos movíamos por varias partes del Caribe, por los pueblos cercanos al ETCR, por zonas montañosas y hasta ahí todo en orden; pero el año pasado le llegué a Houmehr con la bomba de que estaba embarazada. Al comienzo pensábamos que eso iba a interrumpir la película... él no me quería ni ver, pero conforme pasaron los días todo se adaptó para que el desenlace del largometraje fuera encaminado en mostrar lo que significaba mi hija: la nueva vida y el logro más grande después de vivir la guerra. Por eso, tanto a la niña como a la película le pusimos el nombre de Victoria”.

Todo iba tomando más sentido a los ojos del director. A pesar de que la idea inicial se encasillaba en visibilizar cómo se vivían las transiciones a la vida civil en un ETCR al norte del país, el nacimiento de Victoria le dio sentido a todo el ambiente que atraviesa la comunidad en Pondores. “Si tener un hijo de por sí ya es una meta para la vida, imaginen lo que significa para una persona que estuvo en el monte por tantos años y que en su reincorporación como civil conoció el valor de la vida más allá de las armas. Victoria, más que ser una niña que le dio vida a una película, es la imagen viva del triunfo de muchas personas de Pondores que estuvieron más de 35 años como guerrilleros y ahora tienen un nuevo panorama”, dice Etminani.

¿Cómo es la vida en Pondores?

En 2017, llegaron a Fonseca 248 exguerrilleros del antiguo Bloque Martín Caballero, del Frente 59 de las Farc, para asentarse en el ETCR Pondores, según un informe de verificación de la ONU.

Jeiner Alfonso Arrieta, Henry en sus años de guerra, se encargó por más de 18 años (de forma empírica) de las actividades médicas y sanitarias en el Martín Caballero. Ahora, asentado y con ilusión en Pondores, es el coordinador de salud en el espacio territorial, donde también aprovechó para validar el bachillerato y unirse al equipo de tesorería de la comunidad.

Las condiciones de seguridad y los temas relacionados con la asignación de tierras son, según él, motivos de incertidumbre en el proceso de la implementación del Acuerdo de Paz. “Tenemos buenas relaciones con la fuerza pública, pero eso igual no es garantía de nada. Tanto aquí como en las diferentes zonas del país sabemos que ser excombatiente es el valor agregado para ser objetivo militar de muchas organizaciones. Aquí confluyen muchos actores armados diferentes a los cuerpos del Estado; entonces se vive con el temor de que si nos pasa algo muchos hechos victimizantes pasan desapercibidos”, relata Arrieta.

Según el partido de la FARC, en este espacio territorial los esfuerzos se encaminan a realizar un proyecto de vivienda. Este, además de ser un eje transversal en la narrativa de Victoria, es un objetivo colectivo que los reincorporados allí se trazaron desde el primer día. “Los $8 millones que nos fueron entregados a cada uno, según lo correspondiente al Acuerdo, lo unimos para nuestras Ciudadelas de Paz. Con ellas, además de construir nuestras casas, queremos desarrollar cuatro líneas productivas: una fábrica de ladrillos, trabajar en ebanistería y también en ornamentación”, asevera Arrieta.

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Según Mayuza, quien ha sido un testigo directo del desarrollo del ETCR y acompañante de los procesos FARC desde su Décima Conferencia y el congreso constitutivo que los confirmó como partido político, a pesar de ser difíciles de ejecutar, estas ideas no se evaporan, porque por parte de toda la comunidad, entre civiles y reincorporados, “existe una reunificación familiar que hace que las dinámicas de trabajo sean más ágiles, sin olvidar la inversión internacional de la Unión Europea, que se hace presente y es valiosa”.

Esta visión la comparte Arrieta, en tanto que los excombatientes en el ETCR Pondores no están del todo solos y los ingresos externos, principalmente, son los que motivan a seguir adelante. “Tenemos el respaldo de la comunidad internacional con su fondo multidonante. Es una gran ayuda”. agrega. Aunque no es tan frecuente como quisiera, menciona que también hay apoyo de la Agencia para la Reincorporación y Normalización (ARN) para ser cofinanciadora de proyectos. Ahora le piden al Estado que no ignore su deseo de adquirir las tierras para poder construir la ciudadela. Han pasado tres años y aún no obtienen respuesta.

Sin embargo, el Gobierno nacional advierte que ya tiene diseñada una ruta de trabajo orientada a la adquisición de predios para la reincorporación y tiene estudios de intervención para intentar resolver a corto plazo los problemas de acueducto y conectividad en Pondores. De acuerdo con la ARN, desde febrero de este año se habló con los propietarios del predio para que realizaran los trámites jurídicos necesarios para definir la viabilidad de su compra. En agosto, recibieron el levantamiento topográfico realizado por el SENA, en el que se aconsejó tener en cuenta el descuento del área de protección que tiene el terreno por su cercanía al arroyo Mato. La acotación ya se tuvo en cuenta y, según el Gobierno, y prontamente la solicitud se radicará ante la Oficina de Planeación de Fonseca.

A la fecha, según información compartida entre habitantes y la Unidad para las Víctimas, en el ETCR Pondores viven 168 familias, de las cuales 135 personas son menores de edad, cuarenta pertenecen a grupos étnicos, seis son adultos mayores y catorce están en condiciones de discapacidad. Juntos, además de compartir un espacio para vivir, son partícipes de iniciativas locales, como el de una granja integral con gallinas ponedoras, un taller de confecciones y un sinfín de sueños por emprender.

Gran parte de estas personas fueron partícipes directos o indirectos de la realización de la obra. Según Etminani, a pesar de que ninguno de ellos tiene conocimientos de la dinámica cinematográfica, “su colaboración, trato exquisito y el hecho de compartir sus impresiones sobre el proceso de reincorporación es lo más fascinante y lo que le da vida a la película”.

Además, destaca que a pesar de ser una película independiente con muy pocos recursos y apenas una cámara y un juego de micrófonos como herramientas de trabajo, fue la voluntad de los reincorporados que actuaron en ella lo que “le dio magia al relato”, asegura el cineasta.

Para el director Etminani Victoria es una posibilidad de hacer renacer esperanzas y mostrar al cine como una opción para aquellos que dejaron atrás las armas y quieren una vida tranquila. Y agrega: “Ya aplicamos a un fondo del Ministerio de Cultura para que en el ETCR se hagan cursos de formación en los que se capacite a los reincorporados para que hagan sus películas. Esperaremos respuestas”.

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