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De qué viven las mujeres que han sustituido la coca en Putumayo

Dos mujeres campesinas y una excombatiente de las Farc contaron en un encuentro de Colombia2020 qué han hecho para quitarle tierra a los cultivos de coca en una región a donde llegó la paz con esperanza, pero, donde la implementación del Acuerdo de Paz sigue siendo una promesa.

De izquierd a derecha: Alba Milena Mambuscay, excombatiente de las Farc; Ana Lucía Ruales de Asoprocaf y Flor Zenaida Pantoja Cadena de ASMURAL./Gustavo Torrijos.

El departamento del Putumayo fue el escenario seleccionado para debatir sobre las mujeres y los cultivos de uso ilícito en Colombia. Un tema casi vedado, pues la violencia que han sufrido ellas alrededor de la siembra y cultivo de coca es un tema del que no se habla en la región, pues por un lado es el sostén económico de los campesinos y, por otro, el combustible que alimenta la violencia que persiste. A pesar de ello, en medio de amenazas, asesinatos y desapariciones, las mujeres han esquivado las balas y han arrancado las matas de coca para aspirar a una nueva forma de vivir dignamente.

La cita fue en Mocoa, la capital, donde estas tres mujeres (Ana Lucía Ruales, representante de la Asociación de productores de cacao de la vereda La Florida (Asoprocaf); Flor Zenaida Pantoja Cadena, de la Asociación de Muejres Rurales (Asmural); y la excombatiente Alba Milena Mambuscay, representante de la Cooperativa Multiactiva Comunitaria del Común de Farc), se encontraron con representantes del Ministerio de Agricultura y otros funcionarios públicos, así como con sus demás colegas de la región, escenario en que debatieron cómo transforman el territorio lejos de la coca, como se llamó el primer evento de Colombia2020 este año, específicamente, en el sur del país.

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Ana Lucía Ruales

 
 

Es la representante de la Asociación de productores de cacao de la vereda La Florida (Asoprocaf), ubicada en el municipio de Orito (Putumayo). La constituyeron en 2003, a raíz de la arremetida del gobierno contra las matas de coca, especialmente, a través de la aspersión aérea que les estaba causando afectaciones en el ambiente y la salud. Fueron cuatro familias las de la iniciativa de reemplazar el cultivo de uso ilícito por cacao, pero, un día, llegó una delegación de Naciones Unidas para desarrollar una iniciativa agraria. La condición: que la vereda estuviera libre de coca. Semanas más tarde, convocaron a una minga con la que iniciaron la sustitución de los cultivos que les daba la comida, pero que amenazaba sus vidas desde el lado legal e ilegal. Tienen dificultades, como la mayoría de los campesinos de Colombia (en la comercialización justa de sus productos y la tecnificación de sus tierras), pero no quieren volver al pasado. Según Ana Lucía, las mujeres de dicha asociación no cuentan con tierra suficiente para sembrar el cacao y dice que necesitan apoyo del Gobierno para terminar la investigación que busca detectar una variedad que se adapte a la zona y que sirva para la producción de chocolatería fina.

Hoy, asegura, quieren convertir la vereda en un destino turístico del agro, pues sueñan con que personas de todo el mundo lleguen allá para enseñarles desde el inicio de la siembra del cacao hasta que puedan disfrutar una tasa de chocolate. “También nos llamó la atención el tema del relevo generacional y por eso decidimos vincular a los jóvenes para que continúen este proyecto, como un proyecto de vida, y por eso se han capacitado como técnicos en producción y cosecha del cacao.

Flor Zenaida Pantoja Cadena

 
 

Pantoja Cadena es el cerebro de la Asociacion de mujeres rurales transformadoras de vida de la vereda Nuevo Vergel (Asmural), ubicada en el municipio de San Miguel (Putumayo), la cual fue impulsada por la red de mujeres tejedoras de vida del Putumayo de la que también hacen parte las mujeres de esta vereda. Actualmente hay 39 de ellas dentro del Programa Nacional de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (Pnis), no obstante, desde 2018, cuando firmaron los acuerdos con el gobierno, aún no les cumplen con lo pactado por arrancar las matas de coca. Ellas y sus hijos padecieron de hambre por un tiempo, pero rápidamente se asociaron alrededor de lo que sabían hacer en las pequeñas parcelas: porcicultura, ganadería, avicultura y la siembra de huertas para la comida. “De ahí surgió la asociación, que empezó a transformar los productos de nuestra vereda y que sueña con hacerlo con los de toda la región hasta lograr exportarlos”, dice Pantoja.

Son 45 mujeres de la organización, pero en el proyecto de ganadería solo quedaron 11, pues sus maridos no permitieron a muchas de ellas llegar a desempeñar una labor que en aún es vista como si fuera exclusivamente para los hombres. De todas maneras, hizo una advertencia ante el incumplimiento del gobierno a miles de familias con las que firmó acuerdos en esa región en otras del resto del país tras los acuerdos de paz: están volvieron a sembrar y eso es como un imán para que el conflicto vuelva a reciclarse en este municipio.

Alba Milena Mambuscay

 
 

“Después de la firma del acuerdo de paz en el 2016, los excombatientes nos guiamos y confiamos en lo que estaba escrito. No obstante, nos dimos cuenta de que la realidad era otra”, dice Alba Milena Mambuscay, excombatiente y representante de la cooperativa multiactiva comunitaria del Común de Farc. Constituyó una asociación de 35 mujeres, pero se fueron retirando por la desmoralización que les generó el incumplimiento de los Acuerdos de La Habana, cuenta la exguerrillera. Hoy, las mujeres que se quedaron en el espacio de reincorporación administran un restaurante, una panadería, y tienen unos proyectos de confección de ropa. “Yo, por ejemplo, me fui para Puerto Guzmán para intentar asegurar la vida después de la reincorporación, municipio donde ayudó a constituir una cooperativa mixta que tiene 118 integrantes, entre ellos, 24 mujeres. Hago parte del consejo administrativo y estoy en la difícil tarea de que todas mis excompañeras se vinculen para trabajar como colectivo que fue lo que siempre hicimos durante la guerra”.

Frente al homicidio de muchos de sus excompañeros de guerra, Mambuscay dijo que los exguerrilleros del Putumayo la mayoría están vivos, pero que muchos viven con intranquilidad. “Es difícil. Nosotros como firmantes del acuerdo de paz conocemos las problemáticas de las mujeres y hombres de la zona rural de todas partes del país, porque estuve en muchos lugares durante la guerra. Hoy, vivimos un poco retirados de donde están los cultivos de coca, pero hemos eschado que muchos de los campesinos, entre ellos, excompañeros se están organizando para impedir que les arranquen la coca porque eso es lo que les da la comida".

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Redacción Colombia 2020

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De qué viven las mujeres que han sustituido la coca en Putumayo

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