El Orejón: un laboratorio de paz a merced de las disidencias

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Esta vereda de Briceño fue la primera en ser declarada libre de minas antipersonales, tras la firma del Acuerdo de Paz. También fue piloto del programa de sustitución de coca. A tres años de la dejación de armas de las Farc, el Estado se olvidó de ella y ahora las disidencias la controlan.

Todavía recuerdan los habitantes de El Orejón, en Briceño (Antioquia) y a ocho horas de Medellín, cuando jugaban partidos de fútbol los combatientes de las Farc, funcionarios del Gobierno y militares. Desde ese año 2015, en plena negociación del acuerdo de La Habana (Cuba) ya les habían llegado las promesas de paz. De hecho, esta vereda había sido elegida para ser el piloto de desminado humanitario y de la sustitución voluntaria de cultivos de uso ilícito.

Sus habitantes veían la constante llegada de helicópteros con funcionarios del Estado y entidades extranjeras que venían con proyectos de inversión social. Una escuela, un puente, aulas digitales, un centro de salud y vías mejoradas fueron algunos de los cambios más importantes que vieron. Pero sin duda el piloto de desminado humanitario era lo que más iba a impactar en el municipio al que conocían como el “más minado del país”. En esa zona se reportaron al menos 3.000 minas antipersonales.

Una comisión de las Farc, la dirección contra minas del Gobierno y la ONG Ayuda Popular Noruega se encargaron del desminado humanitario. En diciembre de 2016, el Gobierno anunció que se habían despejado 19.849 metros cuadrados y destruido 46 artefactos explosivos y que ya era una zona libre de sospecha de minas.

No obstante, el pasado viernes, 19 de junio, un informe de la Misión de Apoyo al Proceso de Paz de la OEA (Mapp-OEA) alertó sobre la persistencia en el uso de minas antipersonales y artefactos explosivos en vías terciarias de Briceño. “Se identifican con mayor afectación las vías de acceso al sector de la vereda El Orejón de este municipio”. También hizo la misma advertencia para el municipio de Ituango, a 45 minutos de esta vereda, en la que aseguran que la instalación de minas la está haciendo “el grupo disidente que hace presencia en la zona, especialmente, en las veredas que se encuentran dentro del Parque Nacional Natural Nudo de Paramillo”.

De acuerdo con habitantes de El Orejón, de quienes no daremos nombres por razones de seguridad, son las disidencias de los frentes 18 y 36 de las Farc las que tienen el control de la zona y específicamente de esta vereda. También circulan por partes de Toledo, San Andrés de Cuerquía, Tarazá y Valdivia.

“Cuando se fueron las Farc y el Gobierno, después de que se hicieron las negociaciones, aquí en El Orejón quedamos a merced porque ni Ejército ni Policía tienen control de estos territorios”, dice un campesino. Otra persona señala que las disidencias los han convocado a reuniones en las que les prohibieron circular después de las 6:00 p.m. y que mandan constantemente panfletos a través de Whatsapp, lo cual genera miedo en la comunidad. A eso le suman la presencia de nuevas personas que no son de la región y que se movilizan en motos o carros a pesar de que la vía que comunica con Briceño está sellada debido a la pandemia por el coronavirus.

“El domingo, al otro lado del río Cauca por donde está Ituango, escuchamos el sonido de explosiones. No sabemos exactamente qué ocurrió, pero lo delicado es que hace ocho días salió un comunicado donde citaban para una operación mil hombres al parecer de las autodefensas. No sabemos bien todavía quiénes son estas personas”, agregó este habitante.

Entre la comunidad ya hay comentarios de que son las Autodefensas Gaitanistas de Colombia. Este reducto paramilitar tiene fuerte presencia en municipios del Bajo Cauca antioqueño, como Tarazá, Caucasia y El Bagre. Los combates con el frente 18 por las rutas del narcotráfico causaron, entre otros hechos, el desplazamiento masivo de 312 familias de veredas de Ituango en febrero de este año.

Alex Diamond es investigador de la Universidad de Texas en Austin y lleva más de dos años trabajando y viviendo con las comunidades de Briceño. Su investigación doctoral es sobre la experiencia de esta comunidad en el proceso de paz y la relación de este con el desarrollo económico del campo colombiano y los megaproyectos.

Desde su análisis, el interés de las disidencias en esta zona es por su cercanía con Hidroituango, ya que se financian con extorsiones a este tipo de obras y la minería ilegal. Además, por esa zona donde están Ituango y Briceño hay rutas de narcotráfico que comunican con el Urabá antioqueño y el Pacífico.

Sin embargo, menciona Diamond, el interés de estos grupos por zonas como El Orejón no está mediado principalmente por la coca, ya que desde el piloto de sustitución de los cultivos no hay mayores índices de resiembra en esta vereda.

Con respecto a la alerta de la Mapp-OEA, asegura que “no es nuevo el hecho de que, los caminos, en la parte alta que conecta con otras veredas, por muchos años han estado minados. No desminaron totalmente El Orejón. Fue declarado libre de minas porque era una manera de mostrar éxito en el proceso de paz”.

Los habitantes de la vereda que hablaron con este medio sostienen que parte de las zonas desminadas en 2016 eran terrenos comprados por EPM porque hacían parte de la zona de influencia de Hidroituango. Y que los lugares donde todavía hay minas están señalizados, pero no ha vuelto ningún organismo a desminarlo. Son caminos que los pobladores llaman “las partidas de Orejón” y que conducen a Pueblo Bello y Cestillal.

“Dicen que sí están instalando nuevamente minas, yo no las he visto porque no salgo por la pandemia, pero los mismos de la comunidad nos dicen que por ciertos lugares no nos metamos”, explica uno de ellos. “Hay minas enterradas por la parte de La Calera, otra vereda cercana, pero no sabemos directamente dónde ni quién las sembró, pero eso es de ahora, últimamente”, agrega el otro.

El Orejón fue un laboratorio de paz donde todavía hoy siguen esperando que el Gobierno cumpla su palabra, sin necesidad de reflectores ni cámaras. Los campesinos de las once veredas donde se implementó el piloto de sustitución erradicaron la coca, y aunque recibieron los primeros pagos por $1’800.000, nada saben de qué pasó con los proyectos productivos que iban a sustituir este cultivo.

Las pocas opciones de desarrollo económico en el campo han causado un desplazamiento mayor que los que provocó la violencia, en palabras de Diamond. Los habitantes han ido abandonando El Orejón, buscando vías para sostenerse. La economía se cayó del todo, afirma, y ahora más en la pandemia. Este sábado se cumplen tres años de la dejación de armas de las Farc y al menos en esta vereda esperan que la conmemoración sirva para sacarlos del abandono y el olvido.

“Como decimos los paisas, defiéndase cada quien como pueda. Unos buscan un día de trabajo, otros esperan que les llegue el pago de Familias en Acción, otros bregando a sembrar lo que pueden, otros pidiendo fiado hasta cuando puedan pagar”, señala una de las pobladoras. “Al principio (en 2016) fue todo muy bonito, todos compartiendo y hasta tomándonos una cerveza. Ahorita hay abandono, tristeza y soledad”.

 

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