En Ituango, los jóvenes le apuestan al campo y se blindan contra la violencia

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Con sus proyectos productivos, los pobladores más jóvenes del municipio antioqueño tienen una alternativa de vida que los aleja de los grupos armados en la región.

El 1° de diciembre, la Federación Nacional de Cafeteros entregó una noticia imprevisible en medio de la pandemia: la cosecha de café, al cierre del año, alcanzó el valor más alto en los últimos veinte años: $8,7 billones.

Pese a los temores que generaba la emergencia sanitaria para los miles de jornaleros que se internaron en los cafetales a recoger la cosecha de fin de año, la jornada fue un éxito. Eso, en municipios como Ituango (Antioquia), que dependen en gran medida del café, significa que durante estos meses habrá dinero circulando en las veredas cafeteras y los jornaleros llegarán felices a sus fincas.

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Pero Ramiro Elías Calle, un campesino de la zona, advierte los peligros para los recolectores: “Para los jornaleros es rentable en la medida en que por dos o tres meses hay plata, pero el resto del año ya no habrá una entrada fija”. Por eso, desde hace ya varios meses, optó por plantarse con un proyecto propio que le permita tener cierta independencia de los vaivenes de la cosecha cafetera. En su caso, el cultivo de tomate bajo invernadero.

En 2019, Ramiro se vinculó a un proyecto que se adelantaba en su municipio de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y Comfenalco Antioquia, en el que se buscaba fortalecer las capacidades de alrededor de 160 jóvenes de Ituango en materia de liderazgo y otros sustentos de vida que les permitieran tener otros ingresos. Él se juntó con otros ocho jóvenes y, entre las ideas de negocio que barajaron, eligieron el del tomate porque ese cultivo puede mostrar resultados en menos de seis meses. Con asesoría de los gestores del proyecto, formularon la iniciativa y quedó entre las cinco seleccionadas para recibir el capital semilla que les permita materializar la idea de negocio.

Junto a este proyecto, también seleccionaron un negocio de comida rápida, un taller de confecciones, una empresa de logística de eventos y una granja avícola. A esta última pertenece María Alejandra Úsuga, joven campesina de 25 años. Fue ella quien hizo que el proyecto incluyera a los habitantes de las veredas de Ituango, pues en principio estaba pensado solo para ejecutarse en el casco urbano.

María Alejandra es la coordinadora de la Mesa de Víctimas del municipio y vocera de la plataforma juvenil. Durante 2019 participó en los espacios de formación que ofreció el proyecto sobre emprendimiento y liderazgo, y ahí decidió lanzarse de candidata al Concejo municipal. En enero de 2020 se convirtió en la concejala más joven de Ituango, donde ocupa una silla alternativa, muy distante de los partidos tradicionales.

Mientras ha mantenido su trabajo como concejal no ha descuidado la granja avícola que levantó con otros siete pobladores de la vereda La Honda. En su caso, se decidieron por esa alternativa de negocio, pues su vereda tiene alta demanda de huevos y los traen de otras regiones de Antioquia.

Sin embargo, tanto el cultivo de tomate liderado por Ramiro como la granja avícola liderada por María Alejandra se han ido quedando solos. En el caso del primero, de los nueve que empezaron hoy el proyecto lo sostienen dos. “Muchos dijeron que ya venía la cosecha de café y se fueron para los cafetales”, cuenta Ramiro. En el caso de la granja avícola, de los ocho jóvenes iniciales quedan cuatro.

Varios tuvieron que abandonar el proyecto, pues el cerco de los grupos armados que operan en el territorio avanzaba sobre ellos y sufrieron presiones para entrar a engrosar las filas de esos grupos. No es un temor infundado, ya que en la zona hay varias estructuras armadas, entre ellas la disidencia del antiguo frente 18 de las extintas Farc y grupos herederos del paramilitarismo como las Autodefensas Gaitanistas.

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Un caso que evidenció la delicada situación de seguridad que afronta el municipio fue el desplazamiento, a mediados de este año, de los más de cien excombatientes que se reincorporaban en el espacio territorial de la vereda Santa Lucía de este municipio. El espacio completo tuvo que ser trasladado a Mutatá, en la región del Urabá.

Por eso, estas iniciativas productivas, además de convertirse en una alternativa real para generar ingresos, tienen otro elemento de fondo: “Adicionalmente, estamos generando entornos protectores para esos jóvenes que tienen riesgo de reclutamiento por parte de los grupos armados de la región”, explica Edward Orduz, coordinador del convenio entre Comfenalco Antioquia y ACNUR.

Ramiro ya tiene sembradas en el invernadero alrededor de 600 plántulas de tomate, que están a punto de empezar producción y a futuro tiene proyectado llegar a mil plántulas. La comercialización la tiene asegurada en el casco urbano y además se han adelantado conversaciones con Hidroituango para lograr que ese consorcio le compre la producción.

La granja avícola también está a punto de empezar a producir y también están asegurados los compradores de los huevos. Estos jóvenes que integran proyectos dicen que su apuesta es por el campo que los vio crecer y, por ahora, no tienen interés en abandonarlo.

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