Excombatientes y alcaldía de Barrancas (Guajira) desarrollarán proyectos productivos

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Cultivos de batata, yuca, ahuyama y el proyecto más grande de piscicultura del país hecho por exguerrilleros son las apuestas que iniciarán este 2021, gracias a un convenio de 10 años con el municipio. Se espera que con esta alianza se beneficien 187 firmantes del Acuerdo de Paz.

Cuando le preguntan a Wilfran Martínez, un excombatiente de las Farc de 36 años, por su proceso de reincorporación a la vida civil y el respaldo que ha recibido para la ejecución de sus proyectos productivos, contesta tranquilo: “Mire, con el apoyo que nos han dado ya podemos realizar nuestras metas y sueños”. Cuatro semanas atrás Compazcol, una cooperativa de exguerrilleros a la que él pertenece y es representante legal, firmó un convenio con el gobierno municipal de Barrancas (Guajira) para usar 50 hectáreas de un predio y adelantar ahí sus iniciativas de emprendimiento.

La alianza consiste en permitir que 187 excombatientes del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) Amaury Rodríguez, ubicado en la vereda Pondores, del municipio aledaño de Fonseca (que se encuentra a tan solo 20 minutos de Barrancas) puedan usar a manera de préstamo 50 de las 150 hectáreas que componen a El Carretalito, una granja experimental de propiedad de la alcaldía de este municipio.

Wilfram asegura que con este tipo de apoyos consiguen que sus proyectos “realmente impacten en nuestra reincorporación y cada vez que alguien, como el municipio de Barrancas, muestra su disposición para ayudarnos y nos propone este préstamo para trabajar con la tierra nos fortalece”.

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No es la primera vez que Compazcol trabaja en convenio con la alcaldía de Barrancas, en realidad lo han hecho desde la administración local anterior, con un acuerdo para usar 100 hectáreas del mismo predio y del que salieron grandes producciones agrícolas, como la siembra de 5.5 hectáreas de batata.

Sin embargo, para Nelson Figueroa, director del Fondo de Desarrollo Empresarial de Barrancas (Fondeba), entidad que administra el predio, se debía reformular dicho acuerdo para garantizar su continuidad en el tiempo. En esta ocasión se redujo el número de hectáreas para asegurar un trabajo concentrado y fuerte de los proyectos productivos. “Encontramos varias falencias que impedían que este proceso siguiera adelante, entonces lo que hicimos fue reestructurar el acuerdo entre todos, darle forma y de esa manera se logró el beneficio de ambas partes”, agrega el funcionario.

Con este nuevo convenio el uso de la tierra tendrá ahora dos propósitos: el primero es poder destinar 40 hectáreas a la ejecución de proyectos agropecuarios como el cultivo de batata, yuca y ahuyama, además de crear espacios para proyectos caprinos y ganaderos, y el segundo es poder ejecutar el proyecto de piscicultura más grande de la región Caribe a manos de exguerrilleros. Por eso, Compazcol cedió diez hectáreas al Consejo de Administración de Economías Sociales del Común (Ecomún), la cooperativa nacional que agrupa todas las formas asociativas económicas de los excombatientes, quien coordinará este ambicioso proyecto con el apoyo y acompañamiento de la Unión Europea.

Las expectativas son altas pues, según Mónica Salazar, coordinadora del proyecto de piscicultura, “uno de los temas más importante (en el proceso de reincorporación) es el tema de la tierra y el proyecto de piscicultura lleva desde abril de 2019 buscando espacio y conseguirla ha sido muy difícil. Esta alianza hace real algo que se venía necesitando desde hace mucho tiempo”.

Sobre este punto, Ubaldo Zúñiga, presidente de Ecomún, explica que con esta iniciativa se estiman producir entre 50 y 60 toneladas de tilapias mensuales, cuya producción y venta se beneficiarían cerca de 900 excombatientes presentes en toda la zona norte colombiana.

“Y no solamente ellos se benefician, también lo hacen los miembros de comunidades alrededor de este predio. Nuestra apuesta no es solamente la reincorporación económica y social de los hombres y mujeres que estuvimos en armas, sino también trabajar con las comunidades que están alrededor y que también tienen muchas necesidades” resalta Zúñiga.

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La idea es que los campesinos de la zona se puedan vincular a las ventas de productos que se generen en este predio. “Ellos (los excombatientes) van a tener unos socios comerciales que les van a comprar la producción. El objetivo es que el campesino que no tiene ese socio comercial y que se le dificulta buscarlo, se vea también beneficiado y así se vincule a esa venta”, explica Nelson Figueroa. Es decir, que si hay una entrega de 150 toneladas de ahuyama y la cooperativa produjo 100, los campesinos puedan unirse a esa venta y aportar las 50 toneladas faltantes. Con esto “no solo estamos queriendo dar un pedazo de tierra, sino que buscamos brindar las mejores condiciones para todos”, dice Figueroa.

Tras la firma del convenio, tanto Compazcol como Ecomún se encuentran realizando estudios sobre el terreno para el diseño de las instalaciones tanto agropecuarias como de piscicultura (para este último punto, de creación de espejos de agua y puntos de transformación) y estiman que iniciarán operaciones a finales de enero.

Los ánimos están concentrados en poder iniciar los proyectos productivos, sin embargo, todos coinciden en que el trabajo no solo debe quedar aquí y Mónica lo resume: “Ojalá esa voluntad política existiera en todos lados en Colombia. El apoyo con tierras es un gran aporte para la construcción de paz. Hay cosas que se quedan en el papel, pero las acciones concretas como estas son este tipo de cosas que todos necesitamos en favor de la paz”.

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