Farc y comunidad se graduaron de la mano en el Cauca

En una ceremonia que se llevó a cabo en Caldono fueron certificadas 119 personas en labores de aguacate hass, tomate de árbol, piscicultura y elaboración de artesanías. Los excombatientes esperan los recursos para los proyectos productivos, mientras la comunidad agradece las oportunidades que les ha traído la firma del Acuerdo de Paz.

La Policía y las autoridades indígenas acompañaron a los estudiantes durante la ceremonia. / Fotos: Cristian Garavito.

Floralba Chocué caminó alrededor de una hora desde su comunidad, Pueblo Nuevo, para llegar hasta el Espacio Territorial de Capacitación ubicado en la vereda Santa Rosa de Caldono (Cauca). Con sus 51 años, esta indígena nasa hizo ese recorrido durante tres meses, todos los viernes en la mañana, para estar a las 8 p.m. en un aula que compartía con varias excombatientes de las Farc que dejaron sus armas en esa zona. Chocué cursó estudios de elaboración de artesanías con productos de la región impartidos por el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), en el marco de una alianza con la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (Arn).

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Hablamos en medio de su grado, el pasado 14 de diciembre. Con su diploma en la mano y el rostro lleno de orgullo contó que como las clases eran los viernes, sábados y domingos, se quedaba en el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación dos noches y al terminar la última clase regresaba a su comunidad. “Nos atendieron muy bien”, recordó Chocué sobre el contacto que tuvo con los excombatientes.

De pequeña su mamá le enseñó a tejer en fique. Pero no sabía qué significaban los diseños que plasmaba en las artesanías. En las capacitaciones, ella aprendió la simbología. Resaltó el proceso educativo como un beneficio del Acuerdo de Paz que el Estado y las Farc suscribieron en el 2016. “Agradezco a los excombatientes porque antes no teníamos esa oportunidad de aprender, de capacitarnos”, señaló con su español titubeante, debido a que los indígenas de esa zona hablan en lengua nasa yuwe.

En la ceremonia de graduación fueron certificadas 119 personas. Los procesos educativos se desarrollaron tanto en el ETCR como en el resguardo Nasa Pioyá, ubicado en Silvia (Cauca). Los estudiantes se capacitaron en aguacate hass, tomate de árbol, piscicultura y elaboración de artesanías. Los grupos estaban conformados tanto con personas de las comunidades como por exguerrilleros que pertenecieron a la Columna Móvil Jacobo Arenas, creada en 1993, que operó entre 8 y 12 municipios.

Los excombatientes hacen esfuerzos por su reincorporación económica. Eso lo reconoció Chocué: “Ellos ahora se están capacitando y quieren aprender para construir y seguir adelante”. Tras la dejación de las armas crearon la Cooperativa Multiactiva del Común Esperanza del Pueblo, integrada por 400 exguerrilleros. Tienen seis líneas productivas: piscicultura, porcicultura, aguacate hass, apicultura, artesanías y educación.

Ferney Elago, miembro de la Cooperativa, quien empuñó las armas entre 2006 y 2014, se capacitó en la producción de aguacate hass durante tres meses. La meta de los 240 excombatientes que quieren vivir del aguacate es tener 500 hectáreas sembradas para el 2022. “Le apuntamos a ser uno de los primeros productores a nivel nacional”, enfatizó. También quieren exportar, por ejemplo, a los Países Bajos. Al preguntarle a Elago cómo se ve en cinco años respondió: “Siendo un gran exportador”.

Para ese proyecto los exguerrilleros cuentan con el apoyo de una comunidad indígena de la zona. Jean Carlo Moreno, representante legal de la Cooperativa, aseguró que por medio de una “alianza estratégica” lograron que el resguardo de Tumburao, ubicado en Silvia, les diera un comodato sobre 500 hectáreas para la producción de aguacate hass durante 25 años.

Los proyectos productivos que van más adelantados, según Moreno, son los de tomate de árbol y el de artesanías. Para marzo de 2019 esperan sacar las primeras cargas de la fruta. En un salón del ETCR tienen instalado un taller en el cual las mujeres trabajan con fique. Moreno se queja de la “falta de voluntad política” del Estado para hacer los desembolsos con el fin de implementar el proyecto de aguacate y el de piscicultura.

Una madre felicita a sus dos hijas por el grado.

Ruidos externos y regionales

Antes de empezar la ceremonia llegó una patrulla de la Policía. Iba con unos diez uniformados en el platón que portaban armas largas y cascos blindados. A la entrada del ETCR se quitaron los cascos, dejaron los fusiles en el vehículo y entraron a pie. Fueron bien recibidos.

La cordialidad se extendió durante toda la jornada. Incluso, en un puesto de venta de artesanías de un excombatiente, los uniformados bromearon con el vendedor. Había pocillos, hechos con guadua, con los logos de la guerrilla de las Farc y otros con los del partido de la extinta guerrilla. Uno de los policías los miró, pero desvió su atención hacia uno con el escudo del América de Cali: “¿No tiene uno con el escudo de Millonarios?”, preguntó jocosamente. “El proceso de paz nos conviene a todos”, dijo un agente que accedió a hablar bajo la condición de no revelar su nombre.

A pesar de esa cordialidad, en la región hay factores de riesgo para la reincorporación. El 3 de marzo murieron dos policías en la vía que comunica a Caldono con Siberia por un atentado con explosivos. También el norte del Cauca ha sido escenario de recientes asesinatos de líderes sociales. “No nos sentimos seguros”, recalcó Elago.

La desconfianza también tiene otros motivos. En su intervención durante la ceremonia, Elago se refirió a la brutal agresión en contra del estudiante de la Universidad del Cauca, Esteban Mosquera, a causa de la cual perdió su ojo izquierdo. Envió un saludo de apoyo al movimiento estudiantil y se refirió al Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) como un “escuadrón de tortura”.

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Otro hecho reciente que generó preocupación sucedió en el Congreso. Álvaro Hernán Prada, representante del Centro Democrático, encendió las alarmas de las personas en proceso de reincorporación con una proposición en la ley de orden público. El inciso le permitía al Gobierno solicitar la reactivación de las órdenes de captura contra quienes dejaron las armas. “Están quebrantando el acuerdo desde el Congreso y sacando leyes que lo bloquean”, opinó Elago. La Cámara negó la proposición del parlamentario uribista.

A pesar de esos ruidos, la comunidad y los integrantes del partido FARC quieren construir la paz en uno de los departamentos más afectados por el conflicto. “En algún momento (las comunidades) nos vieron como una limitante, pero hoy también le apuestan a la paz diciendo que ellos también la quieren y que trabajemos en conjunto”, aseguró Elago. Por su parte, Chocué hizo una propuesta para consolidar el proceso en la región: “Ojalá el otro año lleguen más capacitaciones para seguir aprendiendo”. El joven agente de Policía con quien conversamos concluyó: “Los más bobos somos los que nos estamos matando”.