Lo que cuentan las artesanías que se venden en Bogotá de una mujer desplazada

Gabriela González, una mujer indígena desplazada de Timbiquí en el 2001, encontró en las cestas de chocolatillo y paja de tetera los lazos que había cortado con su tierra. Después de 17 años, sus manualidades están en las principales ferias artesanales del país.

Gabriela fue desplazada del resguardo San Francisco de Guangüí, en la zona rural de Timbiquí (Cauca). Pertenece al pueblo indígena Eperara Siapidara. / Cortesía Artesanías de Colombia

A sus 54 años, a Gabriela no le trasnocha pensar en las 12 horas que le va a tomar elaborar una cesta de 30 centímetros de alto y 19 centímetros de base, hecha de paja de tetera, materia prima insignia del Pacífico. Es una labor que ancestralmente realiza el resguardo San Francisco de Guangüí, en la zona rural de Timbiquí (Cauca). Es la tradición de su pueblo indígena Eperara Siapidara.

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En ese resguardo, su resguardo, aprendió a hacer cestas, petacas con tapas, tejidos y sombreros de paja y chocolatillo desde niña. Desde 1990 ayudaba en la economía de su hogar con la venta de estos productos en ferias artesanales locales, mediante el apoyo de Artesanías de Colombia. Los vendía en Popayán, con la ayuda de uno de sus hijos, y en el Parque Nacional Natural Gorgona, gracias a otro de sus hijos, que trabajaba allí.

Sin embargo, esa tradición y forma de sustento se detuvo en 2001, cuando ella, su hermana y sus familias fueron desplazadas por las Farc de su resguardo en Timbiquí. Llegó a Guapi (Cauca), y allí viven ahora en medio de una comunidad afro que los ha acogido con amabilidad. Desde entonces se dedican a la agricultura como forma de supervivencia.

Gabriela desde muy niña aprendió a "domar" las fibras del árbol de tetere. 

Su familia siempre ha sido artesana. Su esposo es carpintero, dedicado a tallar madera, y sus hijos hacen manillas de chaquiras.  Hasta este año pudieron retomar la comercialización de sus artesanías ya que Gabriela se encontró de nuevo con Artesanías de Colombia.

Como parte de su programa Atención a Población Desplazada, Víctima y Vulnerable (APD), que surgió hace 12 años, Artesanías de Colombia ha trabajado en mejorar las condiciones socioeconómicas de comunidades afrocolombianas e indígenas con vocación artesanal.

Desde hace cuatro años han hecho un viaje por la tradición del Pacífico. En el Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño, más de 750 personas participaron en este programa en el 2018 por medio de la cestería, la sombrerería, la orfebrería, la madera y la lutería (la fabricación de instrumentos musicales de cuerda).

Los productos estuvieron este año en Expoartesanías y serán llevados a las ferias Expoartesano en Medellín y el Petronio, en Cali, en 2019. Todas las ventas son para las comunidades. Además, cuentan con el respaldo a nivel nacional de Artesanías de Colombia para el transporte hacia las ferias y para exaltar la cadena de valor que tienen sus artesanías por su historia y sus saberes ancestrales.

Una de las cestas presenten en Expoartesanías. Están hechas de paja de tetera, chocolatillo o iraca.

“Tenemos un equipo interdisciplinario: hay diseñadores enfocados en mejorar el producto artesanal con los artesanos; una trabajadora social que toca el tema de las afectaciones por el desplazamiento y el fortalecimiento de las capacidades propias y colectivas; antropólogas, quienes abordan la historia de las comunidades, el territorio y las materias primas. Y el componente de comercialización, donde no solamente buscamos que participen en las ferias, sino que estamos instalando centros de acopio”, aseguró Sara Ferrari, antropóloga del programa APD.

Actualmente, hay dos centros de acopio. Uno en Buenaventura, inaugurado este año, y otro en Quibdó, que surgió en 2016. Allí llegan las artesanías de todas las comunidades que hacen parte del programa para ser llevadas al resto del país. También funcionan como almacén de materias primas para que las organizaciones puedan conseguirlas durante todo el año, cuando escaseen en sus territorios por condiciones climáticas o de siembra. Estos centros son administrados en su totalidad por las asociaciones. Y el próximo año se prevé abrir otro espacio en Tumaco.

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Gabriela pertenece ahora al grupo de artesanos El Triunfo, en Guapi, junto con otras ocho mujeres que hacen cestería. Sus artesanías también estuvieron en Expoartesanías 2018. Allí, esta mujer vendió sus cestas entre los $40.000 y los $70.000.

“Antes nosotros no calculábamos los precios, vendíamos las cestas a lo que nos quisieran pagar. En Bogotá me sorprendió que la gente valorara nuestros trabajos y pagara esos precios”, señaló Gabriela.

Volvió a la tradición de su pueblo y su tierra con las artesanías a pesar de estar lejos. Y reinventó su vida en Guapi como artesana y también como docente. Trabaja con su esposo enseñando lengua indígena a niños entre los 12 y 13 años en la Normal Superior La Inmaculada, en Guapi. 

 

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