Nuevo jerarca de la iglesia católica en Colombia: un peregrino por la paz

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Monseñor Luis José Rueda Aparicio, quien fue designado por el papa Francisco como el nuevo representante de la iglesia Católica en el país, lleva años caminando los territorios más convulsos por la guerra colombiana. Es un férreo contradictor del narcotráfico y ha denunciado los crímenes contra líderes sociales. Llega a Bogotá con un mensaje claro: la paz completa.

El próximo 11 de junio será la posesión canónica del nuevo arzobispo de Bogotá, Luis José Rueda Aparicio, el obispo que viene de una región con las heridas abiertas por la guerra: el Cauca. Rueda permaneció durante dos años en este departamento, tiempo en el cual recorrió las tierras de los campesinos del Macizo Colombiano, los negros del norte del Cauca y el Pacífico y los indígenas refugiados en las montañas de las cordilleras central y occidental. Caminó esos territorios junto a ellos y vio de cerca el dolor que produce la violencia. "En los últimos dos años en esta tierra se sentia la esperanza de la paz", dice, pero cuando se creía que el fin de la guerra había llegado por el acuerdo entre las Farc y el Estado, empezaron a fortalecerse las mafias del narcotráfico y la muerte.

Aún está en Popayán, la capital caucana, alistando sus pertenencias para llegar a Bogotá a ejercer el principal cargo de la iglesia Católica en el país. Cuenta que la designación del papa Francisco lo tomó por sorpresa: "es humanamente incomprensible". "El sentimiento que uno tiene al interior de las comunidades, es que requieren de la iglesia, requieren de los sacerdotes, de los párrocos, de un proceso evangelizador que acerque a los momentos históricos que se viven; que no sea una evangelización lejana, sino, metida totalmente en la realidad y en la historia de los pueblos, de los indígenas, de los afro, de los campesinos, de los estudiantes", comenta.

El obispo Rueda Aparicio, estuvo con el papa Francisco durante su visita a Colombia en septiembre de 2017. El clérigo quedó impactado frente al impulso que le dio al catolisismo el mayor jerarca de dicha institución. Igualmente, el impulso que, en su recorrido por el país, le dio al proceso de paz cuando se reunió con las víctimas en Villavicencio. "Para mí fue muy conmovedor su encuentro con las víctimas. Ese día el papa empezó diciendo -he venido, incluso, a llorar con ustedes. Nos hace falta que todos lloremos, que todos suframos este dolor, que no seamos indiferentes, que no digamos que eso le pasa por estar metidos en algo, por ser pecadores-. Ese mensaje del papa fue muy bonito, porque él no vino como un maestro que impone, sino a sembrar la semilla de la vida y la esperanza".

En Cauca, monseñor Rueda, estuvo a cargo de dirigir a 150 sacerdotes, con las 45 comunidades religiosas parmeninas y con un grupo superior a los 10 mil laicos. A todos los pueblos que visitó, siempre llevó el mensaje de la paz y la reconciliación, como una forma de devolverles la esperanza a tantos corazones destrozados: "El departamento del Cauca tiene muchas heridas de guerra, de violencia, de narcotráfico, de injusticia que hacen que la vida esté constantemente amenazada. Si nosotros nos preocupamos por la situación del COVID-19, por lo que produce en el mundo, también debemos hacerlo por la situación que viven nuestros pueblos. Actualmente, hay cientos de familias desplazadas en la zona del río Micay, en el municipio de El Tambo; mejor dicho, en todo el Pacífico colombiano desde el Golfo de Urabá hasta los límites con Ecuador".

(También lea: “La tranquilidad que trajo la paz cada vez es más débil en el Pacífico”: arzobispo de Popayán)

Al nuevo arzobispo de Bogotá le intriga una problemática de fondo que asesina todos los días en Colombia: el narcotráfico. Dice que es una pandamia contra la que no han podido los gobernantes que claman por la vida y que, la sociedad tampoco se había percatado con tal conciencia de la fragilidad global que tiene la humanidad. "Pienso que ante una pandemia que estamos sufriendo, que nos hace entrar en nuestra conciencia, hay una oportunidad para decir que también se necesita una acción global puede acabar con la pandemia del narcotráfico. Poco haría Colombia en poner todos sus esfuerzos en contra del narcotráfico si los grandes compradores del producto final no se ponen en esa opción global para salir de esta pandemia de la mafia. Pero también, hay que enviarles el mensaje a los que producen los insumos que llegan a los laboratorios de nuestros departamentos", enfatiza el nuevo jerarca.

Ahora, también tendrá el reto de abonar un terreno favorable para que el Gobierno y la guerrilla del ELN puedan dialogar y negocien la paz. "Veo con preocupación que no se dan los pasos de parte y parte. Pienso que deberíamos desarmar las perspectivas de los dos lados, desactivar los corazones de toda violencia, de todo resentimiento, ser capaces de mirarnos espiritualmente. Pero creo que hay que luchar también para que un flagelo enorme como lo es el narcotráfico, la corrupción, la minería ilegal, no continúen trayendo armas a este país, que más bien todo ese dinero que se pone al servicio de la muerte se transforme en una economía para la vida. En herramientas de trabajo, en escuelas, hospitales, carreteras; en mejor vida para todos".

A finales del año pasado, en medio de una peregrinación por la vida, junto con uno de los clérigos que más ha impulsado una salida negociada con el ELN, monseñor Darío Monsalve (obispo de Cali), llegó hasta Toribío (norte del Cauca). "Aún resuena el grito estrepitoso de la masacre al pueblo indígena ante una sociedad indiferente", dijo desde esas montañas de la cordillera central. Contra todo pronóstico y pese a los riesgos y amenazas, los obispos peregrinaron con unas 120 personas al sitio donde fueron asesinados Cristina Bautista, gobernadora indígena nasa y cuatro guardias ancestrales más el pasado 4 de noviembre, así lo registró la Conferencia Episcopal desde Bogotá. La acción fue denominada ‘Tres minutos por la vida’. En Internet hay fotos del obispo Rueda, con su atuendo de religioso, viendo la camioneta incinerada por los indígenas y desde la cual dispararon los violentos. 

Monseñor Luis José Rueda Aparicio inició su formación en el Seminario Conciliar San Carlos de la Diócesis de Socorro y San Gil, donde estudió Filosofía. Posteriormente, realizó sus estudios teológicos en el Seminario Arquidiocesano de Bucaramanga. Hoy, tras la tarea que le asignó el papa Francisco, tiene claro el momento histórico que vive la iglesia católica, la cual también tiene que reconocer sus pecados y pedir perdón, finaliza: "El papa nos ha dado unas líneas orientadoras muy sabias, tomando todo el trabajo y el proceso de Juan Pablo II y Benedicto XVI en torno a la pederastia. Primero, reconocernos con humildad, hacer examen de conciencia. Nosotros, digo los sacerdotes, debemos reconocer la herida tan grande que produce la pederastia en la iglesia y en la humanidad. Debemos pedir perdón de todo corazón. Un perdón que lleva a que quienes hayan asumido esta actitud y estos delitos, tengan la capacidad de reconocer su condición, de someterse a la norma eclesiástica, canónica y a la ley civil para asumir la responsabilidad y de esta manera ir sanando y dando un mensaje, no solamente a la iglesia, sino también, a las demás instituciones del país para que podamos erradicar este doloroso acostamiento que hace sufrir".

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