Todos los días son iguales

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Por: Ximena Correal Cabezas

¡Cuánto cuesta conectarse en tiempos de pandemia! Todos los días son iguales. El COVID-19 ha tenido impactos en todo el mundo, las formas de enfrentar esta pandemia han sido distintas según los países, sus gobiernos, economías y sistemas de salud. La incertidumbre, el miedo, la impotencia, son algunas de las emociones que se exacerban en este periodo.

En este contexto hay un tema que cobra importancia y es el mantenerse “conectados” y el de “reinventarse”. Pero, ¿quiénes pueden realmente conectarse?, ¿cuánto tiempo y para qué conectarse?, ¿en qué momento la delgada línea entre la vida privada y la pública se funde?

La necesidad de replantear estrategias en el trabajo, de encontrarse en la virtualidad es el común de cada día, pareciese que se da por hecho que la conexión es la norma, que todo el mundo puede hacerlo y no es así. Asumir que el uso y la apropiación de las tecnologías de comunicación e información (TICs) es una realidad en un país como Colombia da cuenta del “privilegio” que constituye conectarse a través de internet, incluso de un teléfono.

Según el DANE (2019), el acceso a telefonía fija en Colombia es menor o igual al 20%, mientras que a celular es mayor al 80%. El acceso a celulares inteligentes si bien supera el 50% en casi todos los departamentos, Amazonas (61,7%), Sucre (63,6%), Nariño (64%), Cauca (65,7%) y Putumayo (48,8%) tienen los porcentajes de acceso más bajos.

Con respecto a la conexión, tan solo Bogotá y Valle superan la conexión con internet fijo en los hogares en un 50%. Los departamentos con menor acceso a la conexión en sus diferentes modalidades son principalmente Amazonas, Arauca, Chocó, Córdoba, Guanía, La Guajira, Guaviare, Putumayo, Vaupés y Vichada.

Estas cifras dan cuenta de una realidad que se está pasando por alto, es evidente el aislamiento obligado a la conexión de zonas con población indígena, afro y campesina. En medio de jornadas laborales con compañeras exguerrilleras es común por ejemplo que no puedan conectarse porque apagan la planta de energía (Pondores, La Guajira); porque llueve (La Uribe, Meta); porque la señal no da para mantenerse conectadas por mucho tiempo (Carrizal, Antioquia); o que no podamos si quiera pensar en algo virtual porque no tienen computador o no hay señal (Miranda, Cauca). También pasa que como en muchas comunidades del país no pueden seguir estudiando porque la pandemia no lo permite (este es un caso en el corregimiento de El Estrecho, municipio del Bordo, Patía en el Cauca donde un grupo de mujeres quieren realizar un técnico con el SENA en Atención Integral a la Primera Infancia, pero por la falta de acceso a equipos y a internet no pueden). Entonces ¿quiénes pueden realmente conectarse y a qué costo?

Además de esto, el uso de las TIC tiene sesgos de género, origen étnico, clase social y edad, “las mujeres enfrentan más barreras para acceder a la tecnología y para aprovecharla, pero si se trata de mujeres mayores o de mujeres de estratos socioeconómicos bajos, la brecha digital de género aumenta dramáticamente” (Paz, 2013). Y aquellas que pueden conectarse enfrentan riesgos, tales como ser contactadas por pedófilos, ser discriminadas en razón de su orientación sexual, ser víctimas de amenazas por su labor de lideresas o sufrir diferentes formas de violencia de género.

En el informe de Sisma Mujer (abril, 2020) se destaca que durante el aislamiento obligatorio entre el 25 de marzo y el 11 de abril, las llamadas a la línea 155 aumentaron 129,5% y el mayor tipo de violencia reportado fue la violencia intrafamiliar (75,8%). Igualmente, la Fiscalía señaló que, durante esta cuarentana, 19 mujeres han sido víctimas de feminicidio y de las denuncias de violencia intrafamiliar que ha recibido hay un alto porcentaje de delitos sexuales.

Esto es preocupante sumado al último anuncio del DANE frente al aumento de las cifras de desempleo en abril, como consecuencia de los efectos de la pandemia en la economía nacional, “La población desocupada en el país fue 4,1 millones de personas en abril de 2020, 1,6 millones más con respecto al mismo mes de 2019” (Portafolio, mayo 29 de 2020).

Entonces, la pandemia pone en evidencia muchas crisis que la superan, la crisis económica, la del sistema de salud, la de la educación. Así como, da cuenta de que el aislamiento, la desinfección y una vida libre de violencias no son una realidad para todo el mundo.

Este momento de la historia también refleja lo finitos que somos, un sistema que colapsa y que no es viable si se sigue alimentando de la explotación de la gente. Al final, ¿cuánto cuesta conectarse? A mí me cuesta 72.000 pesos y 12 horas de vida frente a un computador.

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