La música llanera canta la verdad de la guerra

Cachi Ortegón, compositor e investigador de esta región, ha encontrado que los campesinos y los combatientes han compuesto cantos donde relatan el conflicto armado, la relación con la tierra y con los animales. Propone que la Comisión de la Verdad revise la música llanera como documento histórico.

Carlos César Ortegón ha investigado la cultura llanera, especialmente la música. / Gustavo Torrijos - El Espectador.

En los años más duros del conflicto armado en los Llanos orientales no se podía hablar de lo que pasaba. Pero se podía cantar. La gente le compuso canciones a su tierra y al abandono de su tierra; a su familia y a sus muertos; a su pueblo y a las noticias fatídicas que ocurrían ahí. Del otro lado, los actores armados también entonaban música llanera. Los paramilitares, para enviarles mensajes a las Farc, les componían canciones. Y viceversa. La historia del Llano no quedó escrita, sino cantada.

Carlos César “Cachi” Ortegón es un compositor casanareño que se ha dedicado a investigar sobre la cultura de esta región, especialmente sobre su música. De hecho, estuvo trabajando en el equipo que logró que la Unesco declarara los cantos de vaquería, o de trabajo, como patrimonio inmaterial de la humanidad. Sus investigaciones lo han llevado a pensar que la música llanera también tiene parte de la verdad del conflicto que azotó a la Orinoquía.

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Esta historia cantada, dice, ha sido posible porque la alfabetización de la población rural de algunos municipios muy afectados por la guerra era baja. Según una encuesta del Sisbén de 2003, el analfabetismo en el municipio El Castillo (Meta) era de 22%. Este fue el año de mayor victimización en este lugar. Así, las historias quedaban para la memoria de cada uno. 

La música es un vehículo fundamental de comunicación en nuestra tierraCachi Ortegón.

Sin embargo, como una resistencia al silencio, la gente empezó a cantar lo que era impronunciable. “Nosotros los llaneros siempre hemos utilizado la música como un mecanismo de expresión, como una forma de contar nuestra historia. Muy fuerte fue en la violencia interpartidista la presencia de lo cantado, la noticia cantada popular. En la guerra en la que aún estamos la población civil ha utilizado los cantos como un mecanismo de contar lo que estaba pasando”.

Pero también lo han hecho los actores armados. “El Eln, las Farc, los paramilitares, todos hicieron grabaciones en algún momento y muchos de sus soldados o combatientes han sido cantadores y compositores. Yo diría que dejaron un testimonio cantado, que es difícil recuperarlo, pero sería interesante. Hay varias grabaciones disponibles y otras estarán aún en la memoria de la gente o en el cuaderno escondido de quien los escribió”, explica Ortegón.

Este compositor, que escribe canciones desde que tenía 18 años, ha evidenciado la importancia de la tierra, que alberga reses, caballos, chigüiros, venados, primates y dantas, en las melodías llaneras. Esto, a su vez, se liga al conflicto a causa del desplazamiento forzado, que en Meta y Casanare ha dejado más de 270.000 víctimas. La música es una forma de apegarse al territorio, una forma de defenderlo y quererlo.

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“Ofrezca lo que me ofrezca, porque la pena me mata, yo no le vendo mi fundo”, se escucha en la voz del Cholo Valderrama. Esta canción, “Yo no le vendo mi fundo”, fue escrita por Ortegón para hablar de la presión del gran capital para cambiar el uso de la tierra. “Gente con mucha disposición de dinero viene a comprar tierra para otros proyectos. Yo manifestaba que eso no lo hago solo yo, sino tomando la vocería de mucha gente que decía que no les vendía el fundo así tuvieran mucho dinero”.

Es decir, la consciencia del territorio, tanto físico como afectivo, está en la música. Por eso está cantada la transformación de los espacios, el despojo y las tierras malvendidas a causa del miedo a quedarse que dejan hechos nefastos como las masacres, que se cometieron masivamente. Según el Observatorio de Memoria Histórica, solo en el Meta se cometieron 154.

Por todo lo anterior, Cachi Ortegón le propone a la Comisión de la Verdad, que debe recoger los testimonios de víctimas, victimarios y en general de quienes tuvieron algún papel en la guerra, que revise la música llanera como un documento histórico que contiene una parte de la verdad de la región. “A un corrido de la guerrilla le contestaba otro de los paras. O a uno que narraba un suceso de una forma, le contestaba otro de alguien que no estaba de acuerdo con cómo se había contado”, dice.

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Además, es reconocer que hay una opción distinta de dejar testimonio, incluso como una manifestación colectiva. “También es interesante que cada quien puede agregarle o quitarle, porque eso ya se ha dado en la historia de la música llanera. Yo creo que esta es una forma que vale la pena. Nuestra memoria fundamental ha sido hasta hace muy poco tiempo la música”.

Los recuerdos de la guerra que arrasó los Llanos Orientales están cantados y debe volver a cantarse. Esa es la propuesta que este compositor le hizo a un público en Villavicencio, en medio del encuentro Hablemos de Verdad, organizado por Colombia2020. Que la gente vuelva a cantar, porque “el canto sana, el canto cura y el canto cuenta”. Son los versos como recurso de memoria.