Por: Mario Morales

Las mil caras de Juan Manuel

DEBIÓ SER DURO PARA SANTOS  DEScubrir que los colombianos en su mayoría no lo quieren como presidente.

Me refiero a él, a Juan Manuel, al candidato de carne y hueso. Por eso tuvo que dar ese reversazo monumental y adaptarse a lo que un sector del país necesita que él sea.

Es su condena: traicionarse para reinventarse. Su figura, en sí misma, no “vende”, como se dice en marketing político. Le toca seguir en el juego de roles, de rostros adaptables, que no son el suyo, incluso contradictorios, como única forma de parar su desplome en las encuestas, aunque por ello mismo, sin opción de crecer.

Por eso tuvo que resignar el santismo y volver al uribismo. Un día, él o su campaña se disfrazan de Uribe e impostan su voz y su estrategia: la ambivalencia, la ambigüedad y el engaño.

Otro día es “rendonista” para reivindicar que el fin justifica los medios (incluidos los de comunicación).

Otro, es marxista, en la línea de Groucho, en tanto que tiene “sus principios” pero que si no marcan en encuestas, tiene otros. ¿Coquetearía con la línea de Karl, si eso le significara salir del estancamiento?

Otro, aceptaría a Arias y, con él a los del PIN, y a los que manden voticos antes de ir a la cárcel porque, como diría otra vez Groucho, la política no hace extraños compañeros de cama.

Otro, aparece como “apaciguado” frente a Chávez para maquillar el terror que causa en ambos países verlos en el mismo tinglado.

Otro, es tecno-optimista y bombardea ingenuamente la red, ignorando que las redes sociales sirven para oír y organizar, no para mandar como en un medio convencional.

Otro, es juvenil y se confiesa marihuanero, como si no entendiera, no obstante chiflidos y abucheos, que el voto en su contra es el voto pensante e inteligente.

Otro es daltónico y salta del naranja a toda la gama del arco iris, dejando ver su discapacidad simbólica.

Esa muestra de trapecismo, contorsionismo, mil caras y disfraces, sólo busca ocultar su gran debilidad: que no pudo ser él mismo, que es un alfil, un rol, un comodín en el póquer de los sectores interesados en que el país siga enterrado en el pasado, o que creen, como él, que retroceder siempre es una opción.

www.mariomorales.info

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