Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Esto tiene que cambiar

HOY SE DEFINIRÁ SI EL RUMBO DE Colombia será el mismo de los últimos ocho años, o si hay esperanza de que al menos el siguiente cuatrienio lo vivamos sin los sobresaltos que genera un gobierno perseguidor y deshonesto, como el que termina en medio de escándalos y expedientes.

El uribismo, con Juan Manuel Santos a la cabeza, reclama haber recuperado el país de las garras de las Farc. Claro que la insurgencia sintió el peso de la reacción institucional, pero de allí a sostener que es verosímil la promesa de que algún día será aniquilada, hay mucho trecho. El gran daño que las Farc ha hecho también se traduce en que los incautos hayan creído en el tono mesiánico de un gobernante gris que volvió legítimo lo ilegítimo y verdadero lo falso.

Si alguna crítica hay para hacer a los candidatos presidenciales, es la de que ninguno ha cuestionado la relación costo beneficio entre los gastos militares y los resultados de la seguridad democrática. Los silenció el pánico de que se piense que quien cuestiona los resultados, es porque es guerrillero. Todos pregonan que se logró el milagro de modernizar la milicia, pero nadie pide cuentas del estado de la guerra, menos Juan Manuel, quien anda como lorito mojado ufanándose de la política del “buen gobierno”, que dice haber ejecutado en tres ministerios, con maquillado brillo, porque desde siempre ha tenido rendido a sus pies el periódico de su familia, alabándolo o excusando sus imborrables faltas, como le viene ocurriendo ahora de candidato.

Siento pena ajena cuando Juan Manuel afirma que deben continuar las investigaciones por las “chuzadas” y seguimientos que ocurrieron mientras él era ministro de la Defensa, sólo para demostrar que Uribe nada tuvo que ver con esa orgía delincuencial. Y ese sentimiento se vuelve angustia, cuando Uribe defiende al ex director de la UIAF, Mario Aranguren, con el cuento inmoral de que lo que hizo al investigar sin orden judicial las cuentas de magistrados y opositores, se hizo al amparo de la ley.

Así sí se entiende por qué Santos propone que el Fiscal sea nombrado por el Presidente, obviamente para poder nombrar a uno que llegue, como ese sinvergüenza del procurador Ordóñez, a absolverlos a todos y a perseguir demócratas de la mano del “Héroe de Invercolsa”, Fernando Londoño, como a Piedad Córdoba, hoy en las garras perversas de este personajillo siniestro.

El país está hastiado de mentiras y coartadas. Como las de Juan Manuel, quien inicialmente negó los “falsos positivos”, pero ahora sostiene que los denunció y acabó; o la de que luchará contra la corrupción, probablemente nombrando Zar Anticorrupción al gerente de su campaña, Roberto Prieto, llamado a juicio por fraude a resolución judicial. Y el país también está fatigado del presidente cuyos hijos salen convertidos en multimillonarios empresarios de la “Casa de Nari”, cuando llegaron a ella apenas concluyendo su adolescencia; y, además, de que acuse al Washington Post, el periódico que tumbó a Nixon, de estar infiltrado de delincuentes, sólo porque publica lo que no le agrada.

Me resisto a creer que este domingo será otro día de elecciones para perpetuar en el poder los mismos vicios. Por eso y por mucho más, hay que derrotar la continuidad que representa Juan Manuel Santos, el niño consentido y terrible del establecimiento.

Por mi parte, votaré por Rafael Pardo, así le duela al columnista de decadente tono grecocaldense, que en estas páginas sostuvo la idiotez de que quienes anunciamos el voto somos unos pendejos. Y votaré rojo, porque esta sociedad tiene derecho a respirar de nuevo aires libres, pulcros y tolerantes.

Adenda. De modo que además de J.J. Rendón, la campaña de Santos tiene contratado sin visa de trabajo a Ravi Singh, el ‘gurú’ que manejó la estrategia de internet de Barack Obama. ¡Más picardías!

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