Por: Sergio Otálora Montenegro

Petro a tres bandas

Vuelve y juega el viejo truco de la exacerbación de las diferencias en el Polo. Julito y sus muchachos de la W Radio, expertos en el tema, ya hablan de “canibalismo”, ven a  Petro como otra víctima que podría ser sacrificada por los verdugos de la ortodoxia, los mismos que condenaron a Lucho a los infiernos.

Los medios están en lo suyo: con la mano ensalzan las virtudes del excandidato presidencial del partido amarillo, afirman una y otra vez que en Colombia es necesario fortalecer la existencia de una izquierda democrática, pero con el codo buscan generar una imagen de profunda división entre buenos y malos, entre dinosaurios y modernos; apuntalan la sensación de que esta organización “minúscula” está en sus últimos estertores.

Su tarea, en cierta forma, es legítima, no tienen por qué defender lo que, bajo su percepción, atentaría a la larga contra sus intereses económicos y políticos. El problema aquí es del Polo: cómo hacer para que sus diferencias tácticas, y a veces estratégicas, no terminen casi siempre en un cisma devastador.

El último capítulo del debate interno, ha corrido de nuevo por cuenta del indomable Petro, quien le envió una carta al presidente electo con la propuesta de acordar algunos temas, (agua, ley de víctimas, distribución de tierras) sin empeñar la independencia del partido, y de paso mejorar las relaciones entre gobierno y oposición (léase desterrar las prácticas del DAS o los falsos positivos). El Comité Ejecutivo del Polo desautorizó de inmediato al excandidato,  la presidenta del partido, Clara López, afirmó que su compañero de fórmula en la pasada justa electoral, no había consultado con el Comité su propuesta política, que pone a prueba la honestidad de la llamada  “unidad nacional” .

El planteamiento de Petro es, por lo menos, lanzado. Lo asumo como un esfuerzo sensato de sintonizar a su partido con una forma de hacer oposición que no descarte la posibilidad de llegar a acuerdos programáticos con el gobierno para sacar leyes en el Congreso en beneficio de las mayorías. Eso va mucho más allá del ordeño del presupuesto o de la intención perversa de coronar un ministerio.

¿Buscaría por su parte Santos cooptar a la izquierda, o por lo menos a uno de sus dirigentes más connotados, para quitarle dientes o dividirla aún más? Esa ha sido vieja costumbre. Petro, con su planteamiento, muestra su talento para hacer política en serio y pone en práctica su experiencia de senador, en la medida en que el juego parlamentario es la constante construcción de alianzas coyunturales o de gran aliento para apoyar u oponerse a las iniciativas legislativas.

Es evidente que la manera cómo el candidato del Polo se desempeño en el pasado debate electoral,  generó grandes simpatías y movilizó a un porcentaje importante de ese casi millón y medio de votos depositados por los amarillos. Pero también es cierto que detrás de Petro hubo una organización nacional, con sus redes sociales (no virtuales) y sus líderes que trabajaron de manera denodada por el candidato.

Su fuerza en las urnas,  hace que se sienta con la legitimidad y el poder de crear hechos políticos, incluso sin consultar a sus camaradas, quienes aún parecen estar anclados en el guión de hierro de una izquierda autista.  Se equivocan los miembros del Comité Ejecutivo del Polo si consideran que esta es una salida en falso de su antiguo senador estrella. Todo lo contrario: mientras los verdes siguen analizando por qué se les secó la ola, Petro ya está proponiendo un diálogo nacional en torno de tres temas decisivos para el país.

 

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