Por: Ramiro Bejarano Guzmán

El oropel

EL DISCURSO DE LA UNIDAD NACIOnal por supuesto que convoca y siempre resulta mejor que las agresiones permanentes del cartel de Medellín, que por ocho años nos gobernó a sangre y fuego.

En el ambiente hay alivio con sólo pensar que están por terminarse los días de un presidente con talante de capataz, que ejerció el poder para arrasar y no para convencer, para hacerse temer en vez de respetar.

Pero ojo, la euforia de un presidente que, como Santos, en quince días logró todas las adhesiones posibles, al extremo de que ya la oposición desapareció antes de que se inicie su gobierno, hay que mirarla con prudencia, no con el oportunismo vergonzoso con el que muchos abandonaron sus ideales y hasta sus postulados éticos.

Santos invitó a subirse al bus de la victoria a todos los que quieran encaramarse en su gobierno, pero ha sido claro en advertirles que no habrá puestos, sino “acuerdo programático”. Y allí es donde creo que los protagonistas del barullo de la Unidad Nacional hablan lenguajes diferentes, pues mientras los voltearepas quieren puestos, ministerios, embajadas y contratos, el nuevo gobierno parecería acariciar el proyecto de tenerlos a todos de su lado, para confirmar la premonitoria titulación del diario de Planeta, según la cual el triunfo de Juan Manuel fue “aplastante”.

¿Cuál es el “acuerdo programático” conciliado por el gobierno con los diferentes grupos políticos que ya renunciaron a la oposición? Nadie lo sabe. El ensayo de una Unidad Nacional sin tener como prioridad la revisión de un modelo económico que nos ha dejado 30 millones de pobres, además concentrada la tierra en pocas manos, y millones de desplazados, amén de una corrupción gigantesca y otros males igualmente graves, puede resultar siendo la antesala de una tragedia irreversible.

 Por eso es de esperar que quienes ya decidieron no hacer oposición a Santos tengan claro que afuera de los salones donde los jefes de las colectividades se reúnen con el nuevo gobierno, hay millones de colombianos a la expectativa de que sus legítimas aspiraciones de vivir en una sociedad menos injusta se hagan realidad, porque no entenderían que todo concluya en otra “Manguala Nacional”.

Hay que esperar a ver cuáles van a ser todas las señales y gestos del nuevo cuatrienio. Por lo pronto, el gobierno entrante está en los gozosos, concediendo audiencias a las largas colas de oportunistas o anunciando unos nombramientos que han caído bien, como tenía que ser, pues además de que en la nueva nómina hay personas decentes y competentes (Juan Mesa, María Ángela Holguín, Germán Cardona), los nuevos funcionarios van a sustituir esa plantilla deshonesta de abusadores y perseguidores, que convirtió la sede presidencial en la temida “Casa de Nari”, por donde deambularon mafiosos y paramilitares.

Y a todas estas, Angelino parece creer que lo eligieron Virrey en la sombra. No lo digo solamente por sus caricaturescas visitas protocolarias y de empalme a Uribe, Pacho Santos, la ONU. En efecto, habla mal del vicepresidente electo su contradictorio anuncio de que será el vocero de los derechos humanos, al mismo tiempo que deplora la condena al coronel Plazas Vega por los desaparecidos del Palacio de Justicia, además, sin hacer la menor mención a María Stella Jara, la valerosa jueza, hoy exiliada, porque la seguridad democrática no pudo garantizar su protección. Así sí se entiende que el locuaz ex gobernador del Valle ahora pretenda crear una ONG del Gobierno, que al paso que va, apenas será la “Organización Nacional de Garzón”.

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Adenda. La grabación que reveló Caracol de una conversación del parlamentario Germán Olano y Miguel Nule, en la que abiertamente hablan del pago de comisiones delictuosas, no puede quedarse en otro escándalo. La ciudadanía reclama decisiones inmediatas y ejemplares.

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