Por: Cecilia Orozco Tascón

Poco edificante

AL MARGEN DE “LA BELLEZA AL NAtural”, que según SoHo tiene como una de sus armas la bióloga Sandra Bessudo, su nombramiento como ministra de Medio Ambiente no deja tranquilos a los especialistas de la ciencia más importante del planeta; ni tampoco a los analistas nacionales, legos en estas materias, pero expertos en otras que tienen que ver con la política y los recursos públicos.

Y no los deja tranquilos por varias razones. Una, porque si bien Bessudo se ha esforzado desde su Fundación Malpelo por conservar el ecosistema de esa isla y obtuvo para ésta declaratoria como patrimonio de la humanidad por parte de la Unesco, su experiencia es limitada y, por loable que sea, dista del nivel de la de los investigadores reconocidos en ese campo. En Colombia, varios podrían dictarle horas de cátedra a la nueva funcionaria. Menciono algunos: el profesor de profesores Julio Carrizosa, quien lleva cuatro décadas advirtiendo sobre la destrucción de la naturaleza; los ex ministros Manuel Rodríguez y Juan Maier, de quien, incluso, se rumoró que podía estar, otra vez, al frente de esa entidad por haber acompañado al presidente Santos. Gonzalo Andrade, director del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional; o Gerardo Ardila, antropólogo y fundador del Programa de Ecología Histórica de ese mismo centro.

Una segunda razón para que exista preocupación por esta recién llegada al gabinete se da por una terrible ‘casualidad’: el padre de la señora Bessudo, un exitoso relacionista público, es el propietario de Aviatur, la agencia de viajes que se convirtió con el paso de los años y de los grandes negocios con el Estado en una corporación que acapara el turismo tradicional en venta de planes y pasajes a clientes, entre los cuales ha habido ministerios, despachos oficiales autónomos, órganos de control, alcaldías, gobernaciones, etc.; y el “ecoturismo” de los parques nacionales mediante contratos de concesión que le ha entregado el Gobierno y que, en la práctica, terminaron privatizando esos privilegiados escenarios, adonde ahora únicamente acceden los pudientes. Jean Claude Bessudo domina hoy el Tayrona, el Amacayacú, Gorgona, entre otros.

En su primera declaración como ministra designada, Sandra Bessudo le pidió al Mandatario entrante que “nombre otro ministro” para que se encargue de los parques. Mal comienza quien tiene que pedir reemplazo antes del 7 de agosto. Por lo demás, no es suficiente. Su sola presencia marcará una tendencia en este país de lambones. Entre tanto, ¿qué pasará con las adjudicaciones de compra de pasajes oficiales? A los ecólogos les dio migraña con la otra parte de la intervención de Bessudo. Conceptuó, a priori y sin mediar la prudencia que le indicaría su cargo, que “el país necesita” la actividad minera para sobrevivir. ¿Cómo y en qué condiciones? Como ordene Palacio, supongo.

Tercera razón para preocuparse: la ministra tiene relación sentimental —se dice que está recién casada— con el ex senador Luis Humberto Gómez Gallo, clientelista de vieja data, preso en La Picota por orden de la Corte Suprema que lo investiga por presunta parapolítica. La vida privada de cualquiera es de su fuero íntimo. Salvo que afecte sus funciones oficiales. Pregunta válida: ¿quién irá a manejar la nómina de Medio Ambiente? ¿La novicia o el abad del monasterio? No parece muy aconsejable para la imagen de la administración que una representante del Presidente tenga como plan de fin de semana ir de visita a la cárcel. A no ser que Santos se haya dado la pela porque inició el pago de sus deudas.

 

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